¿Qué es el hígado? Todos hemos oído hablar de este órgano, pero muchos no tienen idea de cuál es su función dentro del organismo. A pesar de ello, es uno de los órganos más importantes y las enfermedades que lo afectan pueden provocar, en ciertos casos, incluso la muerte. Por eso es importante conocer su función y, sobre todo, protegerlo para preservar la salud de nuestro perro y nuestro gato.
En esta página no hablaremos de todas las enfermedades hepáticas, porque sería imposible; más bien nos ocuparemos de las más comunes.
Las funciones del hígado
El hígado está situado en una posición estratégica dentro del organismo: se encuentra en un punto que permite recoger toda la sangre procedente de los órganos de la digestión, como el intestino, y la procedente del bazo, cuya función es destruir los glóbulos rojos (que transportan oxígeno) demasiado viejos para «trabajar».
Así llegan al hígado todos los nutrientes procedentes de la digestión; algunos permanecen en la sangre, pero la mayoría se almacena para liberarse cuando sea necesario. Nuestros animales no siempre comen sustancias beneficiosas: si ingirieran sustancias peligrosas, que serían absorbidas en el intestino, el hígado las modificaría para hacerlas poco tóxicas y permitir que se eliminen con la orina. Es una especie de «médico» del organismo.
Otra función consiste en «eliminar» los glóbulos rojos muertos en el bazo; los descompone y sus residuos forman la bilis, que se vierte en el intestino, donde tiene la función de disolver las grasas ingeridas. Por último, crea los factores de coagulación, sustancias que permiten que la sangre se vuelva «dura» si un vaso resulta dañado, por ejemplo, en una herida. Que un corte deje de sangrar es, por tanto, «mérito» del hígado.
Las enfermedades hepáticas
En primer lugar, debemos decir que las enfermedades que causan daños al hígado son muchas y de distinta naturaleza. En esta ficha nos ocupamos solo de las enfermedades que causan un daño primario al hígado; dejaremos fuera las enfermedades infecciosas, que tratamos en páginas específicas, y las enfermedades que presentan otros síntomas pero que también provocan un efecto perjudicial en el hígado, ya que a ellas también dedicaremos páginas específicas.
Intoxicaciones
Las sustancias tóxicas o venenosas son numerosísimas para nuestros animales. No todas, pero la mayoría, una vez absorbidas por el intestino, llegan al hígado, que intenta hacerlas poco tóxicas. Sin embargo, si la cantidad ingerida es grande o la sustancia es muy potente, el hígado no consigue neutralizarlas todas y empiezan a circular por el organismo causando daños gravísimos. Un caso emblemático es el de las setas venenosas, que normalmente actúan de esta manera.
Habrá fiebre y abatimiento repentino, en ciertos casos desmayo: depende únicamente de la sustancia tóxica. En cualquier caso, si observamos este tipo de síntomas de repente, debemos acudir al veterinario más cercano.
Fibrosis y cirrosis
El mecanismo de aparición de estas dos patologías es el mismo, porque se habla de fibrosis cuando la situación todavía es reversible, y de cirrosis cuando ya es demasiado tarde para hacer algo.
Generalmente oímos hablar de ellas en relación con los alcohólicos, porque el alcohol es, de hecho, un veneno para nosotros (y también para perros y gatos); da demasiado trabajo al hígado, que debe «desintoxicarlo», y de este modo las células hepáticas (las unidades individuales que lo componen) se vuelven más débiles y pequeñas; el «tejido conjuntivo», una sustancia blanquecina que normalmente es muy escasa y separa una célula de otra, ocupa el espacio dejado libre por las células, hasta llegar a «estrangularlas» y provocar la pérdida inexorable de la funcionalidad hepática (el aspecto del hígado ya no es liso, sino que está lleno de bultos).
Esta situación deriva de sustancias tóxicas ingeridas en pequeñas cantidades de forma continua a lo largo del tiempo, y nos damos cuenta por la pérdida de peso, el abatimiento, los episodios ocasionales de vómitos y la presencia de ictericia: al levantar el labio del perro o del gato, la mucosa, en lugar de ser rosada, es amarillenta y este es uno de los principales signos de alarma para el propietario, ya que depende de la escasa funcionalidad del hígado.
Es una de las principales situaciones en las que se habla de insuficiencia hepática, es decir, cuando el hígado no consigue desempeñar sus funciones normales.
Esteatosis hepática
Poco conocida, es una enfermedad hepática muy frecuente, que se desarrolla lentamente y puede conducir a una situación de insuficiencia hepática.
Como hemos dicho, el hígado almacena los nutrientes procedentes de la digestión, entre ellos las grasas. Si estas grasas son demasiadas, debido a una alimentación incorrecta mantenida durante toda la vida, demasiado abundante y grasa, tienden a acumularse. Tanto que las células quedan literalmente invadidas por la grasa y ya no pueden desempeñar su función normal.
En este caso no hace falta esperar a que aparezcan síntomas; nos damos cuenta de la situación, que afecta más a los gatos que a los perros, porque el animal es visiblemente obeso.
La alimentación debe cambiarse inmediatamente para que el hígado pueda recuperarse.
La peor posibilidad es que el hígado, demasiado graso (se vuelve amarillo en lugar de presentar su color marrón normal), se vuelva tan frágil que, cuando el gato realiza una acción bastante normal, como saltar, pueda romperse por completo, causando una grave hemorragia interna que lo llevará a la muerte en muy poco tiempo, sin que haya nada que hacer.
Prestemos siempre atención a la alimentación, porque equivocarse en algo tan importante puede poner en riesgo la vida de nuestro animal.

