La mastitis se define como la inflamación de las mamas. Por razones obvias, afecta únicamente a las hembras y lo hace durante el embarazo y, en las perras, durante la pseudogestación. Es importante darse cuenta de la situación porque las bacterias que causan la inflamación se encuentran perfectamente a gusto en la leche, que las nutre: de este modo pueden multiplicarse y difundirse por el organismo, causando daños mucho más graves, además de representar un problema para los cachorros que no consiguen tomar leche.
Las causas
Las mamas son órganos que trabajan solo en casos concretos. En las gatas lo hacen al final del embarazo, cuando hay gatitos que amamantar; en las perras ocurre lo mismo, pero también durante la llamada «pseudogestación», una situación particular en la que la perra se comporta como si estuviera embarazada (produciendo también leche) aunque físicamente no tenga ningún cachorro en el útero.
La mama funciona un poco como un árbol al revés. Las hojas son los alvéolos mamarios, que toman agua, azúcar y grasa de la sangre para producir leche; las ramas son los conductos galactóforos por los que pasa la leche y el tronco es el pezón, por el que la leche sale al exterior.
Una de las dos causas principales de mastitis son los pequeños traumatismos causados por los mordiscos de los cachorros en los pezones: pequeñas abrasiones y arañazos que pueden infectarse al entrar en contacto con el entorno exterior (pelo, hierba, suelo) y, con el tiempo, infectar también la leche: las bacterias presentes en las heridas, de hecho, ascienden por el pezón y entran en la mama.
La otra situación es aquella en la que la leche permanece en la mama porque la perra no tiene a nadie a quien amamantar. En este caso la mama está hinchada, el pezón tiende a abrirse y las bacterias pueden entrar en la mama e infectarla.
Los síntomas de la mastitis
Para un propietario es bastante sencillo entender si hay mastitis, también porque basta con comprobar durante el breve periodo de lactancia si están los cachorros.
En la perra o la gata observamos que se mueve poco, come poco y, en general, no se encuentra bien: esto se debe a la infección, que le ha provocado fiebre.
Los cachorros hambrientos intentarán coger el pezón, pero la madre sentirá dolor y tenderá a alejarlos, volviéndose en algunos casos incluso agresiva. La última prueba que se puede hacer es tocar las mamas: si las notamos duras, como si en su interior, en lugar de líquido, hubiera piedrecitas, contactemos con un veterinario en cuanto podamos porque hay mastitis y debe tratarse.
La última prueba consiste en apretar ligeramente el pezón para hacer salir unas gotas de leche: si no es del color blanco normal, sino que tiende a verdoso y es densa, será pus, mientras que en algunos casos podría ser rosa, lo que indicaría la presencia de sangre mezclada con la leche.
Una situación así, si persiste, podría provocar una infección aún peor en la madre, además de malnutrición en los pequeños, que se verían afectados durante su delicado crecimiento en este periodo.
Cómo se trata
Normalmente es el veterinario quien actúa mediante un tratamiento antibiótico, en algunos casos compresas para aplicar sobre las mamas y, sobre todo, una alimentación adecuada que impida que se den las condiciones predisponentes para la enfermedad.
No podemos hacer mucho para prevenir esta situación porque normalmente aparece de forma bastante espontánea, salvo seguir las normas habituales de higiene y mantener limpia y desinfectada la casa o, al menos, la zona donde la perra o la gata está amamantando.
Si nos damos cuenta de que desde hace unos días el animal intenta alejar a los hijos que quieren tomar leche y que estos gimen o maúllan constantemente por hambre, sobre todo por su correcto crecimiento, acudamos cuanto antes al veterinario, que sabrá proporcionarnos toda la información necesaria sobre el tratamiento adecuado.

