La mastitis en la perra y la gata: cómo prevenirla

La mastitis en la perra y la gata: cómo prevenirla

La mastitis es un problema bastante frecuente en perras y gatas, sobre todo durante la lactancia, en el último periodo del embarazo e incluso durante una pseudogestación, más conocida como embarazo psicológico. Existen numerosos consejos y remedios para prevenir su aparición y aliviar las molestias y el dolor generalmente asociados a este problema.

En primer lugar, conviene aclarar de qué se trata antes de poder entender cómo prevenirla.

Qué es la mastitis

La mastitis es la inflamación de la glándula mamaria. En la mayoría de los casos, el origen de la inflamación es de naturaleza bacteriana.

La glándula mamaria está estructurada de modo que la leche, una vez producida, pueda salir a través de los conductos específicos y del pezón. Esto significa que, aunque se encuentre en profundidad dentro de la mama, la glándula está en cualquier caso en contacto con el entorno exterior.

En este nivel, al igual que en el pelo de la madre o de los cachorros, hay muchos gérmenes y bacterias, que en determinadas circunstancias pueden ascender fácilmente a través del pezón y los conductos hasta alcanzar la glándula mamaria.

Precisamente por ello, entre los factores de riesgo que contribuyen con mayor frecuencia a la aparición de mastitis se encuentran sobre todo:

  • Condiciones higiénicas insuficientes: este aspecto predomina especialmente en los animales callejeros. Las gatas o perras que viven en la calle o en el campo suelen estar en contacto con un entorno cargado de bacterias. Durante el embarazo o la lactancia, los gérmenes pueden contaminar la piel y alcanzar fácilmente la glándula mamaria, donde se establece la infección;

  • Presencia de heridas o lesiones en la piel de la mama: es imposible obligar a los cachorros a quedarse quietos y tranquilos, ya se sabe. Por este motivo, las madres a menudo tienen que soportar arañazos y mordiscos infligidos por sus crías durante la lactancia y el juego. Cuando la piel no está intacta, las bacterias presentes en el entorno pueden depositarse fácilmente en el pezón y crear infecciones;cagna allatta cuccioli mastite

  • Cesárea: las mastitis son más frecuentes en gatas y perras que han sido sometidas a una cesárea. La zona ya está afectada por procesos inflamatorios propios de las heridas quirúrgicas, por lo que aumenta el riesgo de contaminación por las bacterias presentes normalmente en el entorno. Además, durante la lactancia, los cachorros pueden causar lesiones en la herida quirúrgica, intensificando la inflamación, que puede extenderse así a las regiones circundantes;

  • Pérdida de los cachorros: si los cachorros son separados de la madre demasiado pronto o si el parto no ha salido bien, la leche producida por la glándula mamaria se estanca, favoreciendo la contaminación por parte de las bacterias;

  • Destete precoz: los cachorros deben permanecer junto a la madre el tiempo necesario para completar la fase de lactancia. Si los pequeños recibieran alimentos propios del destete antes de la edad prevista, podrían perder interés por la leche materna. Esta podría acumularse en las mamas, donde sería atacada rápidamente por las bacterias;

  • Infecciones sistémicas: si la madre presenta enfermedades adquiridas antes o durante el embarazo, el sistema inmunitario podría no ser capaz de combatir la invasión de la glándula mamaria por parte de los gérmenes;

  • Depresión: si el estado de ánimo de la madre está deprimido, el sistema inmunitario se convierte en su reflejo. De este modo, bacterias y virus pueden atacar el organismo materno sin oposición, aumentando el riesgo de infección.

Los síntomas de la mastitis

En caso de mastitis, las mamas aparecen hinchadas y enrojecidas, mientras que al tacto están endurecidas, calientes y a menudo doloridas. Si la infección progresa, la inflamación localizada de la glándula mamaria se convierte en una verdadera mastitis séptica, con síntomas que afectan a todo el organismo del animal. Entre ellos pueden aparecer sobre todo fiebre, decaimiento, falta de apetito y letargo.

La mastitis provoca un dolor que puede ser muy intenso en la madre, que puede decidir rechazar la lactancia y el cuidado de los pequeños, llegando en algunos casos a atacarlos. Precisamente por ello, el riesgo de que los cachorros no sobrevivan, sobre todo si tienen pocos días de vida, es muy alto.

Cómo prevenirla

Es prácticamente imposible pretender que el abdomen de nuestros animales permanezca perfectamente limpio. Sin embargo, pueden aplicarse algunas medidas para reducir la contaminación por parte de las bacterias. Por ejemplo:

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  • Intentad mantener a la gata o la perra con sus pequeños en un lugar aislado de la casa, preparando una cama acogedora y fácilmente accesible;

  • Mantened siempre en la cama una manta o una sábana limpia, que cambiaréis y lavaréis con frecuencia;

  • Limpiad siempre el arenero de la gata;

  • Comprobad que la piel de las mamas y del abdomen no tenga heridas;

  • Impedid que vuestro animal se lama las mamas. En caso de dolor, la tentación podría ser muy fuerte, por lo que debéis vigilarla siempre;

  • Alimentad a vuestra perra o gata con un alimento específico para favorecer la lactancia;

  • Aplicad compresas de agua caliente sobre las mamas al menos dos veces al día.

El tratamiento más indicado en caso de mastitis consiste en la administración de antibióticos durante un periodo de tiempo bastante prolongado. En caso de dolor, vuestro veterinario podrá recomendaros un antiinflamatorio que no ponga en riesgo la salud de los pequeños.

En cuanto a la lactancia, en los casos más leves no debe suspenderse en absoluto. Por el contrario, debería fomentarse mediante el uso de alimentos y suplementos que estimulen la producción y la salida de la leche.

En los casos más graves, sin embargo, la infección podría haber alcanzado niveles tan elevados que comprometan irreparablemente la higiene de la leche. Si se producen alteraciones importantes en la consistencia o el color de la leche, o incluso aparecen rastros de sangre, podría ser necesario separar a los pequeños de la madre para alimentarlos con leche artificial específica para cachorros y gatitos.