A menudo, hablando de perros y gatos mayores, pero también de las personas, oímos hablar de problemas renales.
Los riñones son órganos mucho más importantes de lo que se piensa, y su función principal es eliminar las sustancias tóxicas de la sangre y expulsarlas con la orina.
Si los riñones dejan de funcionar, las sustancias tóxicas permanecen en la sangre y empiezan a dañar los órganos, causando lesiones gravísimas que pueden llegar a provocar la muerte. Si en los animales mayores esta situación aparece muy lentamente y de forma gradual, existe una variante aún más peligrosa que aparece de repente: se llama insuficiencia renal aguda.
Las causas
Son muchos los motivos por los que un perro o un gato puede sufrir una insuficiencia renal aguda. Algunos se pueden evitar fácilmente, mientras que otros son más insidiosos. Afortunadamente, esta situación tiene solución, porque, al no existir un problema en los propios riñones, una vez eliminada la causa que los daña, vuelven a funcionar; por tanto, un veterinario puede curar completamente esta situación.
Algunas causas se denominan prerrenales, es decir, dependen de un fenómeno que se produce antes de que la sangre llegue al riñón.
Una de las más frecuentes es una disminución de la presión sanguínea: si la presión es baja, la sangre no llega al riñón, que no la filtra y, por tanto, en la práctica no funciona; puede haber enfermedades hepáticas, por las que el hígado ya no consigue desintoxicar las sustancias tóxicas ingeridas con los alimentos para que el riñón pueda expulsarlas; también la fiebre alta, en ciertos casos, provoca insuficiencia renal.
Estas condiciones, sin embargo, suelen ser fácilmente visibles para el propietario porque los síntomas son especialmente evidentes.
En cambio, hay que prestar más atención a las causas renales, es decir, a la presencia de sustancias que dañan directamente el riñón: algunas son enfermedades infecciosas como la leishmaniosis o la piroplasmosis, pero otras son envenenamientos: el etilenglicol (el anticongelante de los coches) es peligroso, pero también lo son los medicamentos humanos administrados al perro o la ingestión de uvas, que contienen principios activos que dañan el riñón. En general, estas causas dependen de errores de los propietarios, y por eso debemos prestar especial atención.

Por último están las causas posrenales, que suelen depender de la obstrucción de las vías urinarias. Los cálculos, en definitiva. También en este caso, antes de que aparezca la insuficiencia se observan otros síntomas, como que el animal (los gatos están muy expuestos), especialmente los machos, se encuentra muy mal y expulsa la orina gota a gota por el dolor provocado por los cálculos. En este caso hay que actuar lo antes posible para que un veterinario los elimine.
Cómo reconocer la insuficiencia renal aguda
Independientemente de las causas, que hemos explicado sobre todo para que podáis reflexionar y entender cuál podría ser el problema si se produjera, lo verdaderamente importante para un propietario es reconocer los síntomas: la insuficiencia renal mata, si no se trata, por los motivos que hemos explicado al principio, y por eso, si reconocéis esta situación, debéis actuar lo antes posible.
Lo primero que observamos es un estado de malestar general. El animal no se mueve, se niega a comer, duerme o permanece apartado; puede tener fiebre y la nariz está caliente y seca.
Después aparecen episodios de vómitos, porque las sustancias tóxicas que el riñón no elimina permanecen en la sangre y, cuando son abundantes, estimulan el estómago y desencadenan el reflejo del vómito; por eso, en este estado de malestar, el animal puede vomitar más de una vez. Solo jugos gástricos, si lleva un tiempo sin comer nada. En el vómito puede haber rastros de sangre.
Un síntoma muy característico, en cambio, es la anuria, la ausencia completa de orina. Si tenéis al perro en casa, pensad cuánto tiempo lleva sin orinar. Si han pasado muchas horas y lo sacáis pero no orina (si no hay problemas renales, incluso con fiebre alta orina igualmente), podría indicar que la orina no está presente en la vejiga, es decir, que no se produce en absoluto, o que no puede pasar.
Prestad mucha atención a este detalle si han pasado más de siete u ocho horas sin que el perro o el gato (en el arenero) hagan pis.
Si la situación empeora, empiezan los temblores y las convulsiones, pero para entonces cualquier propietario responsable ya habrá llevado a su animal al veterinario, también porque cuando se alcanzan estos síntomas queda muy poco por hacer y el propio veterinario ya no consigue resolver la situación.
Por este motivo, es importante saber reconocer los síntomas para entender que debemos acudir a una consulta o a una clínica cuanto antes.
Conocer las causas nos permite no dar alimentos peligrosos al perro, medicamentos de uso humano ni dejar el anticongelante al alcance del perro (!), pero conocer los síntomas nos permite resolver cuanto antes un problema que, de buena fe, puede no depender de nosotros.
Pero pone en grave peligro la vida de nuestro amigo de cuatro patas.

