La FIV es una de las enfermedades más graves que puede contraer un gato. Estrechamente relacionada, tanto por su clasificación como por sus síntomas, con el VIH humano, la fase terminal de la enfermedad se denomina sida felino o FAIDS.
No existe cura ni vacuna, y los gatos que la contraen permanecen infectados durante toda la vida; sin embargo, con la ayuda de un veterinario, es posible crear una situación que permita a un gato enfermo llevar una vida digna.
Los perros, al igual que el ser humano, no pueden contraer esta enfermedad de ningún modo.
Qué es y cómo se transmite
Para comprender bien el funcionamiento del virus FIV debemos dedicar unos minutos a entender cómo actúa en el organismo.
La mayoría de los virus entra en las células, toma su control y hace que la célula del organismo produzca muchas copias del propio virus, para después morir. El sistema inmunitario (los glóbulos blancos) empieza a combatir los numerosos virus presentes en el organismo, que poco a poco son vencidos hasta la curación.
El virus FIV, que pertenece a la especie Lentivirus, no se comporta así. En su interior hay una cadena de ARN (similar al ADN, para no ser demasiado específicos) que el virus integra en el interior de las células del gato. Es una integración «moderada», de modo que las células producen el virus, pero poco a poco, y continúan también con su actividad normal.
Y las células que producen el virus son precisamente las que deberían combatirlo, es decir, los glóbulos blancos, que dejan de cumplir su función al encontrarse dañados «desde dentro».
El organismo se queda así sin defensas inmunitarias. El virus por sí mismo no es mortal, de hecho casi no provoca nada; el problema es que, al debilitar mucho las defensas inmunitarias, cualquier otro patógeno, al encontrar poca resistencia en el organismo, causará muchos más daños de lo normal.
La transmisión se produce mediante inoculación directa en la sangre, normalmente a través de una mordedura. El virus se encuentra en todas las partes del organismo del gato infectado, también en la saliva: con la mordedura, la saliva entra en contacto con la sangre y el virus pasa al organismo del gato sano.
La transmisión venérea es menos frecuente, pero como los gatos suelen morderse entre sí cuando se aparean, a menudo el resultado es el mismo.
Qué hace
Al explicar el funcionamiento del virus también hemos explicado dónde reside su peligrosidad.
El virus entra en la sangre y al principio es reconocido y combatido, pero como está presente en pequeñas cantidades, la respuesta inmunitaria es muy reducida. De este modo, el virus consigue entrar en los glóbulos blancos, que empezarán a producirlo.
En la primera fase de la enfermedad habrá fiebre derivada de una respuesta inmunitaria «normal». No hay síntomas particulares; es una febrícula que desaparece después de unos días y a menudo ni siquiera el veterinario se da cuenta de la infección por FIV, ya que puede haber muchas causas para esa fiebre.
A partir de este momento, el gato se encontrará bien durante un largo periodo, que puede ir de unos meses a muchos años y, en ciertos casos, durar toda la vida.
Esto será así hasta que contraiga otra enfermedad, que pondrá de manifiesto todos los efectos del deterioro de sus defensas inmunitarias y que, en ciertos casos, también podrá causarle la muerte.

Cómo se trata y cómo se previene
Empecemos diciendo que la enfermedad está muy extendida en Italia. Si tienen un gato, especialmente macho, que sale por su cuenta, la posibilidad de contraer la FIV es muy alta.
En cuanto al tratamiento, como hemos dicho al principio, la enfermedad es incurable. Una vez contraída la infección, la única forma de actuar es ser conscientes de ello: si notan que su gato, no encuentro una definición mejor, está «atontado» (responde lentamente, camina como si estuviera borracho, está siempre cansado), se recomienda una visita veterinaria que confirme o descarte la presencia de la enfermedad.
Si estuviera enfermo, macho o hembra, debe ser castrado lo antes posible para animarlo a quedarse en casa, salir lo menos posible y acudir al veterinario cada vez que tenga fiebre o malestar de cualquier tipo, para tratar la enfermedad que pueda haber contraído. Solo así podremos garantizarle una vida digna y evitar una muerte prematura a nuestro amigo de cuatro patas.
En cuanto a la prevención, para un gato sano debemos actuar sobre todo evitando el contacto con otros gatos, especialmente con los callejeros. La castración hace que el gato macho sea más sedentario y evita las peleas por el apareamiento, situaciones en las que suele producirse la transmisión, mientras que anima a la hembra a evitar el apareamiento.
Por el momento, este es el único método eficaz de prevención, ya que, al igual que ocurre con el VIH humano, actualmente no existe cura ni una vacuna eficaz.

