La displasia de cadera en el perro: qué es y cuáles son los tratamientos

La displasia de cadera en el perro: qué es y cuáles son los tratamientos

La displasia de cadera es uno de los problemas de los que más se oye hablar en relación con los perros. Se trata de un trastorno articular bastante frecuente, que puede llegar a ser gravemente incapacitante para el perro. Veamos juntos en qué consiste exactamente, cómo se diagnostica y cuáles son los tratamientos para la displasia de cadera.

Qué es la displasia de cadera

La displasia de cadera es un trastorno articular típico de los perros de tamaño mediano, grande y gigante. Para comprender mejor en qué consiste, primero hay que entender cuáles son las estructuras que componen la cadera.

Digamos que la cadera es la articulación que se forma entre la pata trasera y la pelvis. En los animales tiene las mismas características que en el ser humano. El fémur es el hueso largo que encontramos en la parte superior de la pierna, es decir, el del muslo y los glúteos.

La parte inicial del fémur tiene una estructura más amplia, compuesta por dos porciones redondeadas, parecidas al clásico hueso de los piratas, por poner un ejemplo. Una de estas dos partes esféricas está en contacto con la pelvis, un único hueso grande, formado sin embargo por la fusión de tres partes: ilion, isquion y pubis.anca normale e con displasia

La cabeza del fémur se adapta a una concavidad especial, llamada acetábulo, formada simultáneamente por pequeñas partes de los tres huesos de la pelvis.

La cavidad del acetábulo está recubierta de cartílago, una estructura menos resistente y menos compacta que el hueso, cuya función es hacerla más acogedora para la cabeza del fémur.

El fémur y el acetábulo consiguen mantenerse cerca gracias a la presencia de varios ligamentos, unas bandas especialmente elásticas que conectan los huesos y permiten su movimiento, y también gracias a una cápsula que recubre toda la articulación.

La articulación de la cadera, también llamada coxofemoral, se forma durante el periodo de crecimiento del animal, modificándose progresivamente para garantizar el contacto adecuado entre los huesos que crecen gradualmente.

Si durante el crecimiento del perro la cabeza del fémur y la pelvis no consiguen mantenerse en la posición correcta y con el contacto adecuado, pueden aparecer los primeros síntomas de la displasia de cadera, que empeora a medida que el animal crece.

Debido al contacto incorrecto entre los dos huesos, las estructuras que forman la articulación empiezan a deteriorarse. Inicialmente se desgasta el cartílago que recubre el acetábulo, y después también empiezan a dañarse los huesos y los ligamentos, provocando una artrosis dolorosa.

Las causas

La displasia de cadera puede deberse a una serie de factores que actúan simultáneamente y predisponen al perro al problema. Entre estos factores se encuentran:

  • Causas hereditarias: se ha demostrado que la displasia de cadera puede transmitirse por vía hereditaria, de los padres a la descendencia. El riesgo es aún mayor si ambos progenitores poseen los genes que determinan la aparición del problema;

  • Causas ambientales: la displasia es más frecuente en perros que desde pequeños se someten a carreras frenéticas y saltos arriesgados. Las articulaciones del perro joven aún son poco robustas, por lo que basta una exigencia excesiva y continua para aumentar el riesgo de que se produzcan problemas como la displasia de cadera;

  • Causas alimentarias: los perros deben comer la cantidad adecuada según su edad, raza y tamaño. Alimentar en exceso al propio perro, sobre todo si aún es cachorro, lo predispone a una fragilidad articular. Al mismo tiempo, un exceso de calcio, por ejemplo si se dan huesos al perro desde pequeño, puede estimular al esqueleto a compactarse prematuramente, por lo que las articulaciones no conseguirán encajar perfectamente;

  • Raza: las razas más afectadas por la displasia de cadera son las de tamaño mediano, grande y gigante. En particular, el Pastor Alemán, el Bóxer, el Golden Retriever, el Rottweiler, el Bulldog inglés y el Terranova.

Los síntomas

La displasia de cadera aparece a partir de los primeros meses de vida del perro, por término medio entre los 5-10 meses de edad. Sin embargo, no son raros los perros que muestran los primeros síntomas de forma más temprana o en la edad adulta.

El propietario, durante la visita al veterinario, se queja de que el perro se niega a bajar las escaleras o a subir al coche, y parece cansado ya después de pocos metros de paseo. cane seduto con displasia anca

Además, la señal clásica de la displasia de cadera es la marcha «de conejo». Quien haya visto caminar a un conejo sabrá seguramente que mueve ambas patas traseras al mismo tiempo. El perro con displasia de cadera corre de la misma manera, sin alternar el movimiento de las dos patas traseras, sino manteniéndolas juntas.

Entre los demás síntomas se encuentran:

  • No consigue sentarse «correctamente», sino que coloca las patas traseras hacia un lado;

  • Tiende a apoyarse en la pared si tiene que permanecer sentado;

  • No consigue saltar apoyando las patas en su dueño, sino que pierde el equilibrio;

  • El perro se detiene después de pocos pasos;

  • El perro no consigue correr;

  • El perro cojea cuando corre o incluso cuando camina.

El diagnóstico

En caso de displasia de cadera es fundamental el diagnóstico precoz. Solo actuando sobre el problema en sus primeras fases se puede lograr detener su evolución desde el principio o, al menos, retrasar su empeoramiento.

El veterinario realiza maniobras sobre la articulación y también evalúa al animal quieto, durante la marcha y durante la carrera.

Posteriormente procede a realizar una radiografía de la articulación, para obtener una visión clara del fémur y la pelvis, así como de la forma en que se unen. Serán necesarias varias proyecciones, es decir, varias «tomas» con la articulación en diferentes posiciones, por lo que no se asusten si su veterinario prefiere recurrir a la anestesia. El animal con displasia seguramente sentirá dolor, por lo que es mejor evitarle este sufrimiento mientras está despierto y prevenir también posibles mordeduras.

Los grados de displasia

Después de un diagnóstico preciso, el veterinario podrá establecer a qué grado corresponde la situación del perro. La clasificación de la displasia contempla:

  • Grado A: la articulación es normal y perfectamente congruente, por lo que no hay ningún signo de displasia de cadera;

  • Grado B: la articulación es casi normal y ligeramente incongruente;

  • Grado C: existe una displasia leve de cadera. La articulación es incongruente y puede haber primeros signos de inflamación;

  • Grado D: la displasia es moderada y la incongruencia entre la cabeza del fémur y el acetábulo es evidente. El acetábulo puede aparecer ligeramente aplanado y siempre hay signos de inflamación;

  • Grado E: la displasia es grave. El acetábulo está aplanado y la cabeza del fémur deformada.

Los tratamientos

La displasia de cadera puede tratarse mediante un enfoque conservador o quirúrgico.

cane displasia nuota

La vía conservadora es la que se prefiere utilizar en los casos leves de displasia, para detener su evolución. Por tanto, el veterinario recomienda una serie de tratamientos, como:

  • Cambiar la alimentación por una más equilibrada;

  • Administrar suplementos para la salud de las articulaciones, por ejemplo a base de sulfato de condroitina y glucosamina;

  • Administrar antiinflamatorios para reducir la inflamación y el dolor;

  • Someter al perro a sesiones de fisioterapia controlada, preferiblemente con la ayuda de personal cualificado;

  • Hacer que el perro nade, pero solo cuando no se encuentre en la fase aguda de la inflamación.

En cuanto al tratamiento quirúrgico, este se recomienda en los casos más graves y avanzados. Entre las distintas técnicas previstas se encuentran:

  • Triple osteotomía pélvica (TPO): se recomienda en las primeras fases, cuando el problema todavía afecta al cartílago articular y no al hueso. Se realiza «cortando» los tres huesos que componen la pelvis, para separar la cavidad acetabular. A continuación, esta se rota y se fija con una placa, para adaptarla mejor a la cabeza del fémur. Una forma más reciente y práctica de TPO es la DPO, doble osteotomía pélvica, que consiste en «cortar» el ilion y el pubis, dejando intacto el isquion;

  • Sinfisiodesis púbica juvenil: se realiza en cachorros muy jóvenes, como máximo antes de los 5 meses de edad. La sínfisis púbica es una especie de unión entre las dos mitades del pubis. Se forma una vez que ha terminado el crecimiento del animal. En perros con displasia de cadera, puede ser útil unir precozmente las dos mitades, para colocar el acetábulo hacia delante y hacia abajo, de modo que pueda conectarse fácilmente con la cabeza del fémur;

  • Dartruplastía (DAR): esta técnica consiste en la remodelación de los bordes del acetábulo, tomando fragmentos de hueso de otras partes de la pelvis. Sirve para ampliar la superficie del acetábulo, de modo que haya más espacio para la cabeza del fémur;cane intervento displasia anca

  • Ostectomía de la cabeza del fémur: mediante esta intervención se extirpa la cabeza del fémur y se espera a que el cuerpo del animal forme una especie de cápsula que compense la ausencia de la cabeza del fémur. Por lo general, el tiempo necesario para que se forme la cápsula es de aproximadamente 4-6 semanas;

  • Prótesis de cadera: en los casos más graves no es posible realizar otras operaciones, salvo la colocación de una prótesis total de cadera. Esta intervención es la más drástica, pero también la más eficaz cuando el perro no responde a ningún tratamiento alternativo. Los tiempos de recuperación son bastante largos, por lo que el perro necesita aproximadamente 3 meses de reposo.

Como consejo general, podemos afirmar que para prevenir la displasia de cadera hay que evitar someter al cachorro a esfuerzos físicos excesivos y proporcionarle una alimentación adecuada.

Además, un aspecto muy importante es el embarazo. Las perras con displasia de cadera difícilmente podrán soportar el peso del embarazo y del parto, por lo que se recomienda la esterilización precoz.

Por último, si observan alguno de los síntomas de la displasia de cadera, hablen de ello sin vergüenza con su veterinario. La prevención y el tratamiento oportuno son esenciales en caso de displasia de cadera.