El falso embarazo o pseudociesis, conocido comúnmente como embarazo psicológico, es un fenómeno bastante frecuente en las perras, pero existen muchas creencias populares y falsos mitos sobre este problema. Descubramos de qué se trata realmente.
Hablando con la vecina, puede ocurrir que nos cuente, con cierta diversión, que su perrita, en algunos periodos del año, empieza a robar los peluches de los niños y los esconde en su cama sin permitir que nadie se acerque.
Sin duda, este tipo de relatos son muy frecuentes entre quienes tienen un perro. Algunos reaccionan ante estos comportamientos como si fueran otro acontecimiento divertido del perro, mientras que otros se preocupan y hablan con su veterinario.
En realidad el falso embarazo no es una enfermedad, por lo que, en principio, no debería causar grandes preocupaciones. Sin embargo, también es cierto que puede aparecer con diversos síntomas físicos y psicológicos en el perro, que en ocasiones pueden generar estrés y frustración.
Por tanto, el tratamiento más adecuado para esta condición debe estar determinado por la reacción de la perra. Robar un peluche no es tan grave, pero cuando la perrita llega a morder a cualquiera que se acerque a su cama y muestra los síntomas típicos del embarazo, entonces es necesario intervenir.
Qué es el falso embarazo
El falso embarazo es una condición típica de las perras, aunque tampoco es tan raro en las gatas. El animal comienza a presentar, en todos los aspectos, los síntomas de un embarazo, pese a no haber mantenido ninguna relación sexual.
Así, la perra adopta una serie de comportamientos que normalmente la madre dirige a sus crías. Entre los principales síntomas se encuentran:
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Interés por un peluche o un juguete, que lleva a su cama y cuida como si fuera un cachorro;
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Agresividad hacia cualquiera que se acerque al objeto;
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Aumento del volumen de las mamas, con posible salida de leche;
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Aumento del tamaño del abdomen;
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Inquietud;
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Anorexia o falta de apetito;
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Vómitos frecuentes.
La explicación del falso embarazo, o embarazo psicológico, puede abordarse desde dos perspectivas.
Teoría etológica
La primera es la explicación etológica o conductual. En este caso, al embarazo psicológico se le atribuyen explicaciones basadas en la etología natural de los perros.
En la manada, de hecho, solo la hembra dominante lleva realmente adelante el embarazo, fecundada por el macho dominante. A las demás hembras les corresponde entrar igualmente en celo, pero sin tener la posibilidad de aparearse.
Al entrar en celo “en vano”, las demás hembras de la manada tienen más probabilidades de manifestar falsos embarazos y producir aun así una pequeña cantidad de leche, destinada a la descendencia imaginaria.
Si la hembra dominante no lograra producir suficiente leche para sus cachorros, las otras podrían intervenir actuando como nodrizas.
Teoría fisiológica
La explicación fisiológica, en cambio, es mucho más compleja y requiere una breve introducción.
El perro, al igual que el ser humano y las demás especies, atraviesa un ciclo periódico, en el que se produce toda una serie de variaciones hormonales y orgánicas cuyo objetivo principal debería ser permitir la fecundación y el embarazo.
En la perra, en particular, este ciclo se denomina “estral” y consta de 4 fases:
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Proestro: es la fase en la que comienza a desarrollarse el óvulo que dará origen al feto si es fecundado por el espermatozoide. Se reconoce con bastante facilidad porque es el periodo en el que empieza a aparecer cierto sangrado por la vagina de la perra. La perra está inquieta y rechaza la presencia del macho. Un apareamiento “accidental” en esta fase no puede dar lugar a un embarazo;
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Estro: coincide con la ovulación, es decir, con la liberación del óvulo, que está listo para ser alcanzado por los espermatozoides. La perra acepta el apareamiento;
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Metaestro: si no se ha producido la ovulación, el óvulo degenera hasta transformarse en el cuerpo lúteo inactivo;
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Diestro: es una fase de reposo, en la que la perra elimina el cuerpo lúteo y se prepara para un nuevo ciclo estral.
En general, el “celo” corresponde esencialmente al proestro y se repite dos veces al año, es decir, aproximadamente cada 6 meses.
Estas fases están reguladas por el equilibrio entre las dos principales hormonas sexuales femeninas, los estrógenos y la progesterona, que actúan alternativamente durante el ciclo.
Los estrógenos tienen esencialmente la función de favorecer la fecundación, por lo que su producción predomina durante el proestro y el estro, para alcanzar el pico máximo en el momento de la ovulación.
La progesterona, en cambio, interviene sobre todo en la generación de todas las condiciones que hacen posible el embarazo. Actúa sobre el útero, “modelándolo” para que pueda acoger al futuro feto. Su producción comienza a aumentar durante el metaestro y es mayor en la primera fase del diestro.
Si no se produce la fecundación, se inhibe la producción de progesterona, cuyos niveles caen al final del diestro, en favor de los estrógenos, que darán lugar a un nuevo ciclo.
Otra hormona importante es la prolactina, que, como su nombre indica, estimula la producción de leche, pero también la aparición de conductas maternales. Su producción está relacionada con la de los estrógenos, por lo que aumenta sobre todo al final del diestro, cuando caen los niveles de progesterona.
Precisamente en esta fase, por tanto, puede manifestarse el falso embarazo en las perras no gestantes, con la aparición de conductas maternales y una posible salida de leche por las mamas.
A este respecto, es interesante observar que los embarazos psicológicos pueden aparecer a menudo también en perras esterilizadas, especialmente si la intervención se realiza cuando el animal se encuentra en plena fase de diestro.
La extirpación de los ovarios, de hecho, provoca una reducción inmediata de los niveles de progesterona, estimulando la producción de prolactina.
Cómo se trata
El falso embarazo también puede manifestarse sin síntomas particulares, de forma bastante leve.
Si, en cambio, la intensidad del episodio es considerable, también puede haber consecuencias para el organismo y el equilibrio psicológico del animal.
El primer riesgo es, sin duda, que las glándulas mamarias se inflamen, provocando mastitis.
Además, el embarazo psicológico haría que la perrita se volviera precisamente histérica. Esto significa que se sentiría frustrada y nerviosa, sobre todo una vez que se diera cuenta de que realmente no tiene cachorros.
Para prevenir el falso embarazo, en primer lugar se puede decidir esterilizar al perro. De este modo se interrumpen desde el principio todos los acontecimientos que conducen al ciclo estral.
Como alternativa, se puede optar por una terapia conductual. Aunque parezca difícil o cruel, hay que evitar que el animal se apegue cada vez más al cachorro imaginario, retirando el peluche, el juguete o cualquier cosa que haya elegido para representar su deseo.
Después se puede proceder a distraerla de esa idea fija, sacándola a pasear más a menudo y estimulándola a jugar con nosotros.
Para los menos escépticos, un excelente remedio podría ser recurrir a las Flores de Bach. En particular, los remedios florales más indicados para el falso embarazo son:
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Chicory: ayuda a gestionar de manera equilibrada el instinto maternal;
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White Chestnut: es muy útil en presencia de pensamientos obsesivos relacionados con el deseo de ser madre;
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Red Chestnut: actúa sobre todo ante el temor de que alguien pueda hacer daño a los cachorros imaginarios;
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Water Violet: está indicado para reducir el nerviosismo y la irritabilidad.
Como último recurso, se puede recurrir al tratamiento farmacológico, que contempla la administración de medicamentos que contrarrestan la producción de prolactina. Son remedios que deben considerarse solo en casos extremos, porque pueden causar más contraindicaciones que beneficios.

