Has decidido ampliar tu familia adoptando un gato, pero no sabes por dónde empezar para darle la acogida que merece? Entonces esta guía es perfecta para ti. Veamos todo lo que hay que saber al adoptar un gato.
Ya sea un gatito recién destetado o un gato adulto, son muchas las cosas que hay que saber cuando se decide llevar a casa a un nuevo amigo de cuatro patas. El entorno en el que vivirá, la convivencia con sus compañeros humanos y las normas que deben establecerse son aspectos que hay que tener en cuenta desde el principio, para proporcionar el equilibrio adecuado al recién llegado.
Prepararse para recibir al gato
En primer lugar, debemos asegurarnos de tener todo lo que necesitará el recién llegado. Entre los objetos que nunca deben faltar, procuremos conseguir:
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Transportín: ya sea de tela suave o de plástico duro, el transportín siempre puede ser necesario para trasladar al gato de forma segura y sin traumas. Será útil si tienes que recoger al recién llegado de un refugio o de su antiguo hogar, pero sobre todo para llevarlo al veterinario o de viaje. A diferencia de los perros, los gatos tienden a escaparse y esconderse cuando se encuentran en un lugar desconocido o concurrido, por lo que siempre es necesario contar con un transportín con cierres de seguridad;
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Arenero: en el mercado existen de todas las formas y colores, pero cualquier recipiente suficientemente bajo, lleno de arena, será igualmente bien recibido por el nuevo gato. Desde pequeños, de hecho, los gatos asimilan el comportamiento de su madre, por lo que empiezan a utilizar automáticamente la tierra del jardín o la arena higiénica que se pone a su disposición, sin poder prescindir de ella. Recuerda comprar también una pala adecuada, para retirar las “necesidades” del gato del arenero;
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Cama: probablemente el recién llegado ni siquiera la mirará, ya que los felinos prefieren elegir por sí mismos los refugios más aislados y seguros. En cualquier caso, siempre puede ser útil una cama caliente y limpia. Elige la que prefieras, desde la clásica cesta de mimbre hasta cojines acolchados y camitas, siempre que tenga una sábana o una manta lavable;
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Comida: si el gato es adulto, tienes total libertad de elección. Para los gatos más pequeños, en cambio, tendrás que comprar alimento específico para gatitos, más digestible y fácil de masticar. El estómago de un gatito es muy delicado, así que evita darle alimentos que no sean adecuados para su dieta, y evita también la leche. Contrariamente a lo que se cree, el gato no puede digerir una leche distinta de la de su madre, por lo que podrías provocarle una diarrea grave;
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Cuencos: tu gato necesitará cuencos para comer y beber, así que elige los que más te gusten, siempre que sean fáciles de lavar y accesibles para el hocico del gato;
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Juguetes: en este aspecto podrás dar rienda suelta a tu imaginación comprando ratoncitos, señuelos para gatos, cuerdas y todo lo que quieras. Recuerda, sin embargo, que los gatos pueden ingerir algunas partes de los juguetes, así que comprueba que has retirado todo lo que pueda llamarles la atención, como colas o cintas finas;
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Kit de aseo: acostumbrar al gato desde pequeño al cepillo y al cortauñas es una excelente recomendación para no tener problemas en el futuro. Déjate aconsejar por tu vendedor de confianza a la hora de elegir.
Ahora que tienes todo, absolutamente todo lo que necesita el nuevo gato, solo queda colocarlo de manera que la casa resulte más acogedora. Sitúa la cama, el arenero y los cuencos en lugares poco concurridos de la casa, a los que pueda acceder sin sentirse observado.
La llegada a casa
Si el nuevo gato te ha sido entregado dentro del transportín, puede ser útil dejarlo a su disposición durante los primeros días. Llévalo a la habitación que hayas preparado para él, abre la puerta y aléjate. Resiste la tentación de meter un brazo para acariciarlo o, peor aún, sacar al gato. ¡Un gato asustado sabe usar bien las uñas!
No lo agobies y déjalo libre para entender qué está pasando, dónde se encuentra y cuáles son tus intenciones. Llena los cuencos de comida y agua, vigila el arenero y no te asustes si parece haberse esfumado. Probablemente solo ha conseguido localizar el rincón más escondido de tu casa.
Si en casa hay otros animales, perros, gatos, hámsteres u otras especies, deberías intentar limitar los encuentros al menos durante el primer periodo. Procura que el recién llegado tenga una habitación solo para él, colocando quizá los cuencos junto a la puerta cerrada. De este modo, los demás animales tendrán cierto “aviso previo” para prepararse psicológicamente para la llegada de un nuevo inquilino. Deja que perciban la presencia mutua a través de la puerta cerrada, sin que se encuentren. Haz que perciban el olor del otro en tus manos o en tu ropa, para que no se dejen llevar por el terror o los celos, sino solo por la curiosidad.
Después podrás organizar encuentros breves, siempre bajo tu supervisión. Evita mimar al recién llegado en presencia de los gatos “veteranos”, para evitar que se ofendan o se pongan celosos.
Si, en cambio, tienes niños pequeños, enséñales a respetar los tiempos y los espacios del nuevo amigo, mostrándoles cómo comportarse. Normalmente el gato ya odia que lo torturen, imagínate cuando todavía no se ha acostumbrado a tu presencia. Una vez que hayáis adquirido confianza, enseña a tu hijo cómo acariciarlo y cómo cogerlo en brazos. Recuérdale siempre que el gato no es un juguete, sino un amigo, por lo que no debe tirarle de la cola o de los bigotes ni molestarlo.
La visita al veterinario
Cuando se adopta un gato nuevo, grande o pequeño, siempre hay que llevarlo al veterinario, a ser posible durante el primer día después de su llegada a casa. Algunos gatos, especialmente los recogidos de la calle, podrían tener enfermedades que deben tratarse. El veterinario podrá realizar una primera revisión general para determinar el estado de salud del gato y después proceder a la desparasitación para eliminar posibles parásitos intestinales y, posteriormente, a las vacunaciones. Poner en contacto a un gato no vacunado con los gatos de casa puede exponer a ambos al riesgo de transmitirse enfermedades. Unos días después de la vacunación, podrás empezar a hacer que se encuentren.
Las normas
A medida que el gato empieza a familiarizarse con la casa y con quienes viven en ella, podría comenzar a mostrar todo su entusiasmo. Deja que se desfogue jugando y corriendo todo lo que quiera, pero recuerda empezar a establecer las primeras normas.
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No arañar ni morder: para eso están sus juguetes. Si empieza a atacar tus manos, bastará con un “¡no!” claro y firme, mientras te alejas;
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No destruir la tapicería: una de las cosas más interesantes de la casa para el gato es el reposabrazos del sofá, que parece perfecto para afilarse las uñas. Bien, compra un rascador y hazle entender que solo puede destrozar ese;
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No subirse a la mesa: muchos gatos indisciplinados podrían saltar a la mesa durante la comida o, peor aún, a los fogones. Además de antihigiénico, es peligroso, así que recuerda decirle que no lo haga. Si no fuera suficiente, consigue un pulverizador sencillo, que encontrarás fácilmente incluso en la sección de jardinería del supermercado. Cuando tu gato haga algo indeseado, rocíale agua sin que se dé cuenta de que has sido tú. Asociará para siempre esa acción con algo desagradable.
Recuerda que los gatitos son muy receptivos, por lo que todo lo que les enseñes de pequeños lo recordarán de adultos.
Ahora que has sentado las bases para una buena convivencia, solo te queda disfrutar de cada minuto que pasarás en compañía de tu nuevo amigo.

