Una de las quejas más frecuentes de los propietarios sobre su perro es la llamada “monta”. Habéis organizado una cena familiar, pero en cuanto os acomodáis todos en el sofá, Fido se aferra con todas sus fuerzas a la pierna de la abuela y empieza a mover rítmicamente la pelvis, como si quisiera simular el acto sexual. En estos casos, la vergüenza está asegurada, porque todos relacionamos inevitablemente esta conducta con una manifestación de claras intenciones sexuales. En realidad, no siempre es así.
El significado de la monta
Pensemos bien. La monta “inapropiada” tiene como objeto sobre todo nuestras piernas, los cojines, las mantas e incluso perros del mismo sexo o hasta de otra especie. ¿Quién no ha visto alguna vez a una perra montando a un perro macho? En internet incluso circulan imágenes divertidas de perros abrazados a gatos y otros animales.
Explicarlo todo como una cuestión sexual sería demasiado simplista. Estamos “programados” fisiológicamente para reproducirnos, así que imaginemos si un perro no es capaz de entender perfectamente con quién puede aparearse y con quién no.
Pero entonces, ¿cuáles son las razones de la monta?
Una de las razones más frecuentes, sobre todo en cachorros y hembras, es la excitación, entendida no en sentido sexual, sino como una auténtica descarga de adrenalina. Volvéis a casa después de una jornada de trabajo y empezáis a jugar con vuestro perro. Su felicidad es indescriptible y el nivel de activación física y mental está por las nubes. Precisamente por eso, algunos perros pueden empezar a “montar” la pierna de su propietario. En esta situación concreta, no hace más que intentar reducir los niveles de adrenalina, utilizándonos como una válvula de escape para la energía excesiva acumulada durante el juego.
La misma reacción puede aparecer en un perro demasiado ansioso o estresado, que montaría objetos o personas para aliviar la tensión y el estrés acumulados. Es el caso típico de los lugares concurridos, la llegada de nuevos animales o niños o, en general, todas las situaciones que pueden estresar al perro.
En algunos casos, el perro podría “montar” la pierna de su propietario para recibir su atención. Si cada vez que lo hace le decimos que pare, lo apartamos físicamente o nos reímos, el perro podría interpretar todos estos gestos como una atención que por fin le concedemos. Si además reaccionamos empujándolo o con un contacto físico más intenso, incluso podría creer que lo hacemos para iniciar un juego divertido.
Según otras teorías, algunos perros podrían realizar la llamada “monta jerárquica”. En la práctica, el perro montaría a otro que considera inferior desde el punto de vista jerárquico, precisamente para imponer su dominancia. Según esta teoría, por tanto, el perro montaría la pierna del propietario que no ha sabido asumir el papel de líder de la manada. Esto no significa que debamos empezar a castigarlo y gritarle para parecer más autoritarios ante nuestro perro; al contrario. Lo que debemos hacer es intentar ser para el perro una figura a la que seguir, respetar y escuchar. Una guía y no un maestro malo al que temer.
Recordemos que dominancia no es sinónimo de agresividad, como muchos propietarios perciben erróneamente. Más bien, un perro que tiende a montar a todas las personas y animales que encuentra podría ser realmente muy inseguro.
Qué hacer
Lo que debemos hacer, ante todo, es observar atentamente a nuestro perro. Intentemos entender cuáles son las situaciones que más estimulan la monta, qué compañeros inadecuados prefiere y, sobre todo, cómo reaccionamos nosotros cada vez que lo hace. De este modo podremos comprender, en primer lugar, cuál de las razones que hemos enumerado podría ser la causa de la monta de nuestro perro.
Las soluciones varían según el origen de la conducta “anómala”.
Lo único que podemos hacer cada vez que nuestro perro monta a personas, objetos u otros animales es interrumpirlo, sin regañarlo ni castigarlo por ningún motivo. El perro no entendería la razón de nuestra ira y podría sentirse confuso o asustado.
En cambio, cada vez que lo sorprendamos haciéndolo, emitamos un sonido agudo dando una palmada para distraerlo.
Si intenta montar nuestra pierna durante el juego o cuando está demasiado excitado, ignorémoslo e intentemos apartarnos sin mirarlo ni tocarlo. Podría interpretar cualquiera de nuestros gestos como una atención, reforzando su actitud.
Solo cuando haya dejado de hacerlo podremos premiarlo, por ejemplo, dándole uno de sus juguetes favoritos.

