En este artículo hablamos de algunas de las enfermedades más graves que pueden afectar a nuestros perros o gatos: hablamos de los tumores.
Es un tema difícil, del que se habla poco, como si existiera una especie de tabú. Y, sin embargo, hablar de ello, informarse y, sobre todo, hacer comprender a los propietarios lo importante que es controlar a sus animales es la única manera de prevenirlos o, al menos, tratarlos antes de que puedan causar demasiados daños.
ATENCIÓN: En el artículo escribiré de forma directa, sin medias tintas ni rodeos, para hablar de este grave problema. No sigáis leyendo si sois sensibles o teméis este problema para vuestros animales; haced que lo lea otra persona y pedidle que os diga qué he escrito. Perdonadme, pero me parece la mejor manera de tratar este tema. Suavizarlo no sirve de nada.
Qué son los tumores
Al igual que los médicos humanos, los veterinarios todavía no han comprendido bien por qué se forman los tumores. Hay algunas enfermedades directamente relacionadas con su aparición (la FeLV en el gato, la enfermedad de Marek en las aves), pero en la mayoría de los casos su aparición se debe a factores sobre los que, como propietarios, no tenemos ningún control.
La contaminación, el humo de los dueños y las sustancias cancerígenas presentes en los alimentos son pequeños factores que, con el tiempo, pueden provocar la aparición de la llamada neoplasia, el crecimiento nuevo e incontrolado de una célula, que empieza a multiplicarse sin ningún tipo de control por parte del organismo.
Durante su crecimiento, un tumor (generalmente los malignos) puede romperse en varias partes, que pueden llegar a puntos muy alejados del organismo y originar un nuevo tumor llamado metástasis; si, en cambio, después de la extirpación, un tumor (generalmente los benignos) vuelve a aparecer en el mismo lugar de antes, se habla de recidiva.
La diferencia entre benigno y maligno radica en que el segundo crece más rápido y tiende a “comerse” todo lo que encuentra a su paso. El benigno es más tranquilo, aunque se puede pasar de un tipo al otro.
Los tumores pueden aparecer en cualquier parte. Pulmones, bazo, vejiga, mamas, próstata: prácticamente no existe ningún órgano inmune.
Además, solo aparecen en animales que tienen cierta edad. Para que comience una neoplasia, se necesita una serie de estímulos cancerígenos repetidos, que por razones de tiempo no pueden producirse en un cachorro, pero sí en un adulto o un anciano: esta es la edad a la que hay que prestar más atención.
Cómo saber si un animal tiene una neoplasia
Diagnosticar las neoplasias no es sencillo. Como pueden estar en cualquier órgano y no necesariamente producen síntomas (pensemos en un cáncer de pulmón, que debe crecer mucho antes de causar problemas respiratorios), hay que buscarlas “a ciegas”.
Una revisión completa cuando nuestro animal empieza a tener 6-7 años, que se repita una o dos veces al año, es sin duda una excelente regla: no acudamos al veterinario solo cuando el perro o el gato están enfermos. Vayamos también cuando están bien. No demasiado a menudo, pero vayamos, para que continúen estando bien.
En caso de una visita que incluya una ecografía, será el veterinario quien se dé cuenta si hay algo que no va bien. Un pequeño nódulo, que aún no ha crecido, puede extirparse sin demasiados problemas mediante una sencilla intervención quirúrgica, eliminando el problema de raíz. Una masa grande, que quizá haya producido metástasis, en la mayoría de los casos no puede extirparse sin afectar para siempre al órgano en el que se ha desarrollado.
Un consejo muy importante es castrar y esterilizar a los animales si no estamos interesados en la reproducción: al extirpar los ovarios y los testículos eliminaremos las hormonas que hacen crecer las mamas, el útero y la próstata. Y estos órganos, al no desarrollarse, no pueden desarrollar neoplasias en el futuro. Es mejor realizar la intervención cuando el animal aún es pequeño.
En cuanto a los animales ancianos, si no hemos realizado revisiones de control ni la castración, podría ocurrir que viéramos una hinchazón en alguna parte del cuerpo, o que notáramos problemas respiratorios o intestinales. Acudamos al veterinario lo antes posible, por los motivos de los que hablábamos antes. No esperemos a que crezca más.
Un caso particular al que hay que prestar atención es el hemangiosarcoma esplénico: es uno de los tumores más peligrosos, afecta al perro y se manifiesta como una hinchazón en el costado izquierdo del abdomen. Es una neoplasia extraña porque, en la práctica, es una burbuja llena de sangre que puede romperse en cualquier momento. Y si lo hace, provoca una gran hemorragia interna que llevará al perro a la muerte en pocos minutos.

No hagamos saltar al perro; hagamos que permanezca lo más quieto posible. Coloquémoslo nosotros en el coche para llevarlo al veterinario; no dejemos que salte para subir. Pidamos una ecografía cuanto antes, para planificar la intervención de extirpación del bazo, la única que puede resolver la situación.
Si el tumor es benigno, no demasiado grande y, sobre todo, no ha producido metástasis, el veterinario puede intentar resolverlo mediante una intervención quirúrgica que lo extirpará. Si esto no fuera posible, la alternativa es la quimioterapia, por desgracia muy costosa (todo corre a cargo del propietario), larga y no siempre resolutiva. La investigación todavía está muy atrasada con el cáncer en las personas, así que imaginemos en los animales.
Por estos motivos, si realmente os importa vuestro perro, llevadlo, como decíamos antes, a hacerse revisiones de control. Es la única manera de detectar precozmente este tipo de problema y de poner en práctica un tratamiento lo antes posible: no existen curas seguras y nadie es inmune. Se encuentran entre las enfermedades más frecuentes actualmente, tanto en perros como en gatos.

