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El páncreas es un órgano muy importante en el organismo animal. Sus funciones son esencialmente dos: ayudar a la digestión y regular la cantidad de azúcar presente en la sangre.
Ambas funciones pueden presentar problemas y, si no funciona la parte de regulación de los azúcares, tenemos como consecuencia la diabetes, que tratamos en una ficha específica. Si, en cambio, funciona mal la parte relacionada con la digestión, podemos tener dos situaciones: la pancreatitis y la insuficiencia pancreática, las dos enfermedades más comunes del páncreas.
Pancreatitis
La pancreatitis es la inflamación del páncreas. Dicho así puede parecer algo sin importancia, pero no lo es en absoluto; de hecho, es una de las enfermedades más dolorosas que pueden afectar a nuestros perros o gatos.
El páncreas contiene enzimas digestivas, es decir, proteínas que ayudan a digerir los alimentos descomponiéndolos en partes más pequeñas. Dentro del órgano existen “medidas de seguridad” que impiden que estas sustancias dañen al propio páncreas: si este mecanismo falla, se produce una situación en la que el páncreas se autodigiere. Se corroe a sí mismo.
Las causas pueden ser muy variadas. Una de ellas es sin duda la obesidad o, mejor dicho, la alimentación excesiva: dar demasiado alimento al perro estimula al páncreas a producir muchísimo “jugo pancreático”, y la gran cantidad de enzimas requerida puede en ciertos casos eludir las “medidas de seguridad” y comenzar a digerir el propio órgano. Algunas condiciones, como el exceso de ácidos grasos en la sangre o el exceso de calcio, también pueden llevar a la misma situación, al igual que las infecciones intestinales que, si no se tratan lo antes posible, pueden provocar que la microflora intestinal llegue al páncreas y lo infecte.
Se trata de una situación extremadamente dolorosa: imaginen tener un órgano que se autodigiere dentro de ustedes.
El animal presentará vómitos, diarrea con sangre, gemidos continuos en cuanto se mueva y adoptará la típica postura “de esfinge”, para intentar sentir el menor dolor posible.
Debe llevarse inmediatamente al veterinario, quien aplicará un tratamiento de protección del órgano (mediante medicamentos protectores). Por ello, el animal no deberá comer, ni ver ni oler comida durante algunos días (los nutrientes se administrarán por vía intravenosa), para no estimular el páncreas y mantenerlo en reposo tanto como sea posible.
Para prevenir esta afección es importante evitar dar demasiado alimento a nuestro perro o gato con el tiempo y hacer que se mueva para que no engorde demasiado, una condición que predispone a esta enfermedad.
Insuficiencia pancreática
La insuficiencia es una condición totalmente distinta de la anterior. Se trata, en efecto, de una situación insidiosa que provoca el deterioro progresivo y muy lento del estado de salud de nuestro perro (los gatos rara vez se ven afectados).
En algunas razas el páncreas del perro tiende a hacerse más pequeño con el tiempo, mientras que en otras tiende a dejar de funcionar. Las causas no se conocen bien (probablemente sean genéticas), pero debemos darnos cuenta y consultar cuanto antes a un veterinario, porque de lo contrario se originará una situación en la que el perro tendrá mucha hambre pero no absorberá los nutrientes que come, de modo que, en la práctica, será como si no hubiera comido nada.
El páncreas permite digerir (fragmentar en partes tan pequeñas que puedan ser absorbidas por el intestino) los nutrientes ingeridos. Si no funciona, estos no se absorberán.
El síntoma principal de esta situación es la diarrea: es maloliente, de color gris amarillento (parece paté) y siempre muy abundante. Además, aunque el perro coma mucho, adelgaza cada vez más a la luz de lo dicho, encontrándose cada vez más debilitado.

Una vez llevado el perro al veterinario, primero se determinará si la causa del malestar es la insuficiencia; después se propondrá una dieta que el perro deberá seguir durante toda su vida: estará compuesta por alimentos muy digestibles y extractos de enzimas pancreáticas que ayudarán a digerirlos.
Por desgracia, se trata de una enfermedad para la que no existe cura, que afecta principalmente a los animales ancianos y que no podemos prevenir demasiado. La única manera de garantizar una vida digna es seguir las indicaciones del médico y controlar la alimentación del animal durante toda su vida.

