Las enfermedades de las glándulas suprarrenales del perro y del gato

Las enfermedades de las glándulas suprarrenales del perro y del gato

Entre los órganos presentes en el organismo de nuestros animales domésticos, las glándulas suprarrenales son unas de las menos conocidas y, sin embargo, de las más importantes: regulan el estrés del animal y la gestión del agua en el organismo.

Mientras funcionan no hay problemas, que aparecen cuando existen defectos en su trabajo, que consiste en producir hormonas. Por este motivo debemos conocerlas, saber qué hacen y, sobre todo, darnos cuenta de cuándo algo no va bien.

Las funciones de las glándulas suprarrenales

Las glándulas suprarrenales reciben este nombre porque están situadas delante del riñón. Son bastante pequeñas, alcanzan aproximadamente un centímetro de longitud en un perro de tamaño mediano y, sin embargo, a pesar de sus dimensiones, son muy importantes para el organismo.

Su función principal es secretar cortisol: se trata de una hormona que tiene la misma función que la cortisona, el medicamento que todos tenemos en casa. Las funciones de esta hormona consisten fundamentalmente en aliviar el estrés, aumentar los azúcares presentes en la sangre y evitar la inflamación.
Otra hormona importante que secretan es la aldosterona, que regula la presión sanguínea y, por tanto, el mecanismo de la sed y la expulsión de líquidos a través de la orina.
La secreción de estas hormonas está estrictamente controlada por las necesidades del propio organismo, pero en ciertos casos podría seguir “su propio camino”, causando un exceso o una carencia de hormonas.

La enfermedad de Cushing

La enfermedad de Cushing o hiperadrenocorticismo es la secreción excesiva de hormonas por parte de las glándulas suprarrenales. Generalmente, las causas deben buscarse en pequeñas neoplasias, tumores muy pequeños que no son visibles con las técnicas diagnósticas habituales (ecografías, radiografías); son problemas que afectan siempre a animales ancianos, de al menos seis años; son rarísimos los casos que afectan a animales más jóvenes.
Estas pueden localizarse directamente en la glándula suprarrenal o en una parte concreta del cerebro (llamada hipófisis) que regula las secreciones de las glándulas suprarrenales.
El exceso de cortisol y de aldosterona provoca síntomas muy característicos, que deberían llevarnos al veterinario para realizar análisis.
En primer lugar observamos que el animal bebe más de lo normal, porque el cortisol estimula la sed: en consecuencia también orinará más de lo normal para expulsar el exceso de agua.
También aumentará el hambre, porque cuando hay estrés (como bien sabemos también nosotros) el organismo exige ingerir alimentos para intentar hacer frente al problema. Sin embargo, además de inducir a ingerir comida, el cortisol tiende a consumir los propios músculos del animal, utilizándolos para producir energía. Por tanto, el animal empezará a adelgazar, se moverá de mala gana y (algo muy característico) los músculos del abdomen, los que se encuentran “debajo de la barriga”, empezarán a ceder. El abdomen tendrá forma de “barril” y se moverá de un lado a otro mientras el perro camina debido al peso de los órganos internos.
Otro signo frecuente es la pérdida de pelo, porque el exceso de cortisol la estimula. Veremos que el animal pierde pelo gradualmente sin rascarse nunca, sin picor, por lo que pueden descartarse las causas parasitarias.
El diagnóstico es bastante complejo y se realiza mediante pruebas de laboratorio, pero lo importante es detectar el problema lo antes posible.
Los sistemas de tratamiento son diversos y dependen de la localización del problema primario: si (es el caso más raro) se trata de una pequeña neoplasia en las glándulas suprarrenales, el problema se resuelve simplemente extirpando quirúrgicamente la parte enferma, y quedará solucionado. En el caso contrario, si el animal tiene una pequeña neoplasia en la hipófisis, un punto prácticamente inalcanzable quirúrgicamente (se encuentra en la parte inferior del cerebro, sobre las cavidades nasales), deberá instaurarse un tratamiento basado en fármacos que anulen la acción del exceso de cortisol circulante, tratamiento que deberá mantenerse durante toda la vida.

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La enfermedad de Addison

La enfermedad de Addison o hipoadrenocorticismo es la situación exactamente opuesta a la anterior: en este caso, por motivos relacionados con la glándula, que no consigue producir hormonas en cantidad suficiente, se crea una carencia de dichas hormonas.
En este caso el animal no se sentirá impulsado en absoluto a reaccionar ante los estímulos externos: estará letárgico, se moverá de mala gana y, por los efectos de la carencia de aldosterona, tenderá a deshidratarse cada vez más.
Afortunadamente, en este caso el tratamiento es bastante sencillo y consiste en administrar por cuenta propia, bajo prescripción veterinaria, la cortisona que le falta al animal. Nuestro amigo deberá ser controlado durante toda la vida, pero con un poco de atención se mantendrá sano durante muchos años a pesar de la enfermedad.