Las enfermedades de la tiroides: qué son y cómo se previenen

Las enfermedades de la tiroides: qué son y cómo se previenen

La tiroides es una glándula muy importante del organismo humano y animal que se encuentra en el cuello. Su función es producir hormonas, llamadas hormonas tiroideas, cuya función a menudo se desconoce, a pesar de que se encuentran entre las sustancias más importantes para la regulación del metabolismo del perro y del gato.

Las disfunciones pueden deberse tanto a una actividad insuficiente como a una actividad excesiva, y dan lugar, respectivamente, a dos enfermedades: el hipotiroidismo y el hipertiroidismo. Es importante conocer estas enfermedades porque, a largo plazo, pueden causar daños; por eso hay que saber valorar el comportamiento de nuestros animales y, si es necesario, acudir a un veterinario.

Las hormonas tiroideas

Las hormonas tiroideas son la tiroxina y la triyodotironina. Tienen una acción similar entre sí, solo que la acción de la segunda es mucho más potente que la de la primera y, por eso, se produce en mucha menor cantidad; sin embargo, cuando tenemos problemas de funcionamiento, ambas aumentan o disminuyen en el organismo.

Estas hormonas tienen, en primer lugar, un efecto calorígeno: estimulan el metabolismo del cuerpo, que destruye las sustancias nutritivas para producir calor.

A este respecto, estimula la destrucción de las grasas y las proteínas del cuerpo para crear energía, y tiene un efecto hiperglucemiante: estimula al hígado a liberar en la sangre el azúcar almacenado, de modo que los distintos órganos (como los músculos) puedan utilizarlo.

También estimula el crecimiento en los animales jóvenes y el gasto cardíaco: cuando las hormonas lo estimulan, el corazón bombea más sangre.

Estas hormonas no se producen siempre de la misma manera, sino que se modulan según las necesidades del organismo.

Hipotiroidismo

El hipotiroidismo es una enfermedad en la que la tiroides pierde funcionalidad. Esto puede deberse a una infección de la glándula, a una atrofia que se produce en algunas razas, a quistes que ocupan espacio o a tumores que limitan su funcionamiento.

La causa no es tan importante para el propietario porque será el veterinario quien la determine mediante análisis de sangre muy avanzados; lo importante para el propietario es saber reconocer los síntomas y llevar su perro al médico.

Hablo del perro porque el hipotiroidismo afecta prácticamente solo a los perros, mientras que los gatos padecen más su equivalente, el hipertiroidismo.

Los síntomas dependen de los efectos de la propia hormona, efectos que desaparecen cuando hay menos hormonas circulando.

Por ejemplo, las hormonas estimulan el crecimiento del pelo: en caso de enfermedad, el pelo comenzará a caerse, aparecerán grandes zonas alopécicas y el pelo que quede estará apagado, lleno de caspa, y también caerá cuando acariciemos al perro muy suavemente.

El perro no tendrá picor, pero si se lame la piel esta comenzará a inflamarse y se volverá muy enrojecida.

Además, puesto que no se estimula el metabolismo de las sustancias nutritivas, el perro estará cansado y se moverá de mala gana, del mismo modo que comerá de mala gana porque las sustancias nutritivas permanecen en la sangre y no se utilizan. Es muy característica la búsqueda del calor, e incluso cuando no hace especialmente frío, el perro se acercará a los radiadores o a la chimenea, ya que es incapaz de producir calor por sí mismo.

El ritmo cardíaco será muy lento y, si el perro no está castrado, no tendrá estímulo para la actividad reproductiva ni celos.

El tratamiento consiste en administrar durante largos periodos la hormona sintética que sustituye a la hormona «real», pero solo se aplica después de haber verificado el diagnóstico. En cualquier caso, es una enfermedad que aparece muy lentamente y empeora cada vez más.

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Hipertiroidismo

El hipertiroidismo es la situación diametralmente opuesta.

Afecta sobre todo a los gatos, muy poco a los perros, normalmente de edad muy avanzada (unos 13 años), y parece deberse a una alimentación especialmente rica que se ha proporcionado durante toda la vida y que, a largo plazo, estimula la tiroides para que aumente de tamaño y pueda consumir las numerosas sustancias nutritivas presentes en el organismo.

El síntoma más frecuente es la polifagia asociada a pérdida de peso: el gato come más de lo normal, pero pierde peso, debido al mayor consumo de las sustancias ingeridas estimulado por la glándula.

El pelo tiende a aumentar y a volverse más largo y abundante, pero, puesto que la hormona también estimula la producción de calor, el gato tendrá mucho calor y tenderá a lamerse intensamente hasta arrancarse el pelo; por tanto, podrían aparecer zonas sin pelo. Además, este exceso de calor estimula la sed y, en consecuencia, una micción mayor de lo normal.

Los músculos también funcionan más de lo normal y, externamente, el animal parece hiperactivo y, a veces, se vuelve incluso agresivo; internamente, como los músculos del estómago y del intestino funcionan más, estimulan la expulsión de las sustancias, por lo que se producen más vómitos y diarrea de lo normal.

El diagnóstico por parte del veterinario no es sencillo y requiere pruebas muy exhaustivas. Una vez establecido que ese es el problema, siguiendo el consejo veterinario podrá aplicarse una terapia farmacológica, con medicamentos que limitan la acción de la tiroides (muy costosa), o una terapia quirúrgica, es decir, extirpar quirúrgicamente una parte de la tiroides para que se produzcan menos hormonas.

En cualquier caso, las enfermedades tiroideas provocan lentamente un empeoramiento de la calidad de vida del perro o del gato; por eso es importante detectar su presencia desde los primeros síntomas, para que el tratamiento pueda ser más sencillo si la enfermedad se identifica antes de que haya causado demasiados daños.