Las patologías que pueden afectar a nuestros animales domésticos no son todas iguales: algunas son poco graves, quizá molestas, pero no ponen en peligro su vida, mientras que otras son bastante urgentes y debemos actuar cuanto antes.
A menudo los propietarios no saben reconocer la diferencia, y en este artículo hablamos de la ascitis: es una situación que todo dueño debe conocer y reconocer si el animal la presenta, para llevarlo cuanto antes al veterinario. Porque la ascitis, y la enfermedad que la provoca, puede ser muy grave.
Qué es la ascitis
La ascitis es un derrame abdominal, es decir, la presencia de líquido en el abdomen. En la barriga.
Los órganos que se encuentran en el abdomen (hígado, estómago, intestino, vejiga) normalmente están en contacto entre sí; se tocan, en definitiva. Sin embargo, hay situaciones en las que empieza a aparecer un líquido, de distinta naturaleza, en el abdomen, que les quita espacio y hace que la barriga del perro o del gato se “hinche” de forma muy intensa; es imposible no verlo, aunque el animal no parezca encontrarse mal.
El líquido puede ser de distinta naturaleza: puede ser sangre, si se ha roto algún órgano interno, o puede ser orina, si se ha roto la vejiga. Estas situaciones son muy graves, consecuencia de accidentes muy violentos, y enseguida nos daremos cuenta de que el perro o el gato corre peligro de muerte.
Mucho más engañosa es la situación en la que el derrame es una sustancia muy parecida al agua, transparente, llamada exudado o trasudado según el caso. Esta sustancia aparece lentamente en el abdomen, pero si no se elimina (y si no se trata la causa de su aparición) puede llegar a ser muy peligrosa.
Las causas de la ascitis
Las causas de la aparición de este líquido pueden ser diversas: puede deberse a algunos venenos, como los venenos para ratas; también puede estar causada (raramente) por algunos tumores o determinadas enfermedades infecciosas. Sin embargo, las causas más comunes son tres: las enfermedades cardíacas, las enfermedades hepáticas y las enfermedades renales, todas ellas muy graves.
La ascitis cardiogénica se debe a que el corazón ya no bombea bien la sangre. Así, la sangre se “estanca” en las venas y, con el tiempo, se acumula tanta (la vena más grande, la vena cava inferior, se encuentra en el abdomen) que un poco de líquido empieza a exudar de los vasos, los atraviesa y pasa al abdomen, acumulándose cada vez más.
La ascitis hepatógena está causada por problemas graves en el hígado, como la cirrosis: cuando funciona, el hígado produce una proteína llamada albúmina; entre sus funciones está retener el agua en los vasos sanguíneos, evitando que atraviese sus paredes y salga. Si el hígado no funciona, no hay albúmina y nadie retiene el agua, que queda libre para salir hacia el abdomen.
La ascitis nefrogénica es similar a la anterior. La albúmina, al circular con la sangre y pasar por los riñones, se filtra y sale de la circulación. El riñón debe reabsorberla y devolverla a la sangre; pero si el riñón no funciona, la sangre no la reabsorbe y la proteína se elimina con la orina. Así, hay menos proteína en la sangre y, como antes, el agua puede salir libremente.
Cómo se trata
La ascitis representa un problema grave tanto por sí misma, como enfermedad peligrosa, como porque es una importante señal de alarma del mal funcionamiento de los tres órganos de los que acabamos de hablar.
Nos damos cuenta de que nuestro animal la padece si le vemos la barriga hinchada. Pero no hinchada de forma armoniosa, como la de un “perro/gato gordo”, bien distribuida, sino como si fuera una bolsa llena de agua. Intentemos apretarla con delicadeza: ¿tenemos la impresión de tocar una bolsa de agua caliente o nuestra barriga? Si la respuesta es la primera, acudamos al veterinario cuanto antes.

El médico, después de comprobar la presencia de líquido mediante una ecografía, primero lo extraerá, introduciendo una jeringa en el abdomen y aspirándolo. Esto proporciona alivio al animal, que ya no tendrá el agua impidiendo la expansión de los pulmones, por lo que respirará mejor de inmediato. Puede ser necesario volver varias veces al veterinario para realizar esta maniobra.
A continuación, el médico se encargará de averiguar cuál es la causa de la ascitis y de establecer un tratamiento adecuado para resolverla.
En todo esto, sin embargo, el animal no parece encontrarse especialmente mal: come, se mueve y, aparte de un poco de dificultad para respirar, está bien. Pero no es así, porque un órgano importante que no funciona puede hacer que su estado de salud empeore en muy pocos días.
Por tanto, no esperemos: acudamos al veterinario lo antes posible en cuanto nos demos cuenta de estos síntomas.

