Una de las sarnas más frecuentes en perros y gatos es la otodéctica, también conocida como “otoacariasis” o “ácaros de los oídos”. Descubramos en qué consiste, con qué síntomas se presenta y cómo se trata.
Qué es la sarna otodéctica
La otoacariasis o sarna otodéctica es una enfermedad de la piel causada por Otodectes cynotis, un ácaro que puede localizarse en el interior de los oídos del perro, del gato y también de los conejos. Es bastante pequeño (0,7-0,8 mm), con un cuerpo alargado, cuatro pares de extremidades largas y un aparato bucal bien desarrollado, adecuado para pinchar la piel. Se trata de un parásito perteneciente a los ácaros no excavadores, que, una vez que infestan a un huésped, viven sobre la superficie de la piel, donde se alimentan de detritos celulares, sangre, bacterias y cerumen, y se reproducen con bastante rapidez. 
Naturalmente, después de alimentarse, depositan sobre la piel del animal sus propias heces, que contienen sustancias particulares reconocidas y atacadas por el sistema inmunitario del animal, desencadenando así una respuesta inflamatoria bastante intensa, acompañada de:
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Enrojecimiento cutáneo
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Presencia de cerumen negro seco
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Picor muy intenso (el animal se rasca continuamente las orejas, mantiene la cabeza inclinada hacia un lado)
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Arañazos y heridas provocados por el propio animal al rascarse
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Pérdida de pelo debida al rascado
Los ácaros son capaces de desplazarse rápidamente de un oído al otro, hasta el punto de que se considera prácticamente normal encontrar síntomas en ambos pabellones auriculares. En algunos casos, sobre todo si no se trata adecuadamente, la otoacariasis también puede extenderse a las zonas circundantes, especialmente a la cara, la cabeza y el cuello. En el gato, una de las zonas “alternativas” más afectadas es la cola, precisamente porque tienden a enrollarla alrededor del cuerpo durante el sueño.
En los casos más graves, los ácaros pueden incluso alcanzar las partes más internas del oído, hasta llegar al tímpano, una membrana muy delicada que puede inflamarse o incluso perforarse.
La sarna otodéctica es muy contagiosa y puede transmitirse fácilmente incluso a animales de especies diferentes, por lo que no es difícil observarla simultáneamente tanto en perros como en gatos, en hogares donde conviven varios animales de compañía. La transmisión requiere un contacto directo entre el animal enfermo y el sano, ya que el parásito no puede sobrevivir mucho tiempo en el ambiente exterior. Por tanto, el contagio es más frecuente en refugios de gatos, perreras y criaderos, sobre todo en cachorros y gatitos, que a menudo “heredan” estos ácaros de la madre.
En cualquier caso, es importante destacar que la otoacariasis de los animales no puede transmitirse de ninguna manera al ser humano, a diferencia de la sarna sarcóptica.
Cómo se trata
Si observamos estos síntomas en nuestro perro o gato, ante todo debemos acudir al veterinario, que deberá realizar un diagnóstico correcto mediante:
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Observación del pabellón auricular: la presencia de los signos típicos es inconfundible, pero aun así hace falta confirmarla;

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Examen del oído con un otoscopio
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Observación del cerumen al microscopio: permite buscar directamente los ácaros
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Raspado cutáneo: sobre todo si el problema también afecta a la piel circundante de las orejas, es necesario tomar con la hoja del bisturí la parte más superficial de la piel, que se observará al microscopio para buscar los ácaros.
Si se confirma la sospecha de otoacariasis, el veterinario podrá prescribir el tratamiento más adecuado para el cuadro clínico de nuestro animal. Existen numerosas formulaciones acaricidas en forma de spot-on (selamectina, fipronil) que se aplican directamente en la zona entre los omóplatos – nunca directamente en los oídos si no aparece indicado en el prospecto del producto.
También existen productos muy eficaces para administrar en los oídos, a menudo a base de una combinación de acaricidas, antibióticos y antimicóticos, especialmente útiles cuando se sospecha una infección mixta – algo que no es tan raro. Al aplicar las gotas óticas debemos sujetar el pabellón y masajearlo, para evitar que el animal elimine el líquido sacudiendo la cabeza. En las formas más extendidas puede ser necesario recurrir a tratamientos sistémicos.
En estos casos está absolutamente prohibido tratarse por cuenta propia, porque algunos de estos productos pueden resultar perjudiciales si existen lesiones en el tímpano.
Al iniciar un tratamiento contra los ácaros de los oídos es necesario seguir escrupulosamente las indicaciones del veterinario sobre la forma y la duración del tratamiento, ya que debemos estar completamente seguros de que se han eliminado todas las formas del parásito. De hecho, si suspendiéramos el tratamiento demasiado pronto, probablemente en poco tiempo la población parasitaria volvería a su número original, con desagradables recaídas.
Para aliviar los síntomas y acelerar la recuperación, se recomienda limpiar cuidadosamente el pabellón auricular con productos específicos, ayudándonos con una gasa o un bastoncillo de algodón, para eliminar ya una cierta cantidad de ácaros atrapados en el cerumen.

