Cualquiera que tenga un animal doméstico sabe bien lo importante que es desplazarse y moverse llevándolo consigo. Con los gatos, a decir verdad, esto importa mucho menos porque son más sedentarios, especialmente si están castrados, pero con los perros las cosas son más complejas.
En esta página nos ocupamos de los pequeños desplazamientos y de las normativas que los regulan. No hablamos de viajes a países extranjeros, sino de paseos por lugares cercanos a casa. Dividimos la página en tres secciones, útiles tanto para quien quiere desplazarse a pie como para quien desea llevar al perro en su propio automóvil o utilizar el transporte público para llegar al lugar al que quiere ir.
Desplazarse a pie
En «desplazarse a pie» también se incluye el pequeño paseo cerca de casa que los propietarios de perros hacen todos los días. Evidentemente, es más fácil tener dificultades con las autoridades (sobre todo con la policía municipal, pero también con las fuerzas del orden) si estamos lejos de casa que si estamos cerca y hemos dejado en la vivienda la cartilla sanitaria, que en ese caso podemos subir a recoger.
- Lo primero que debemos llevar siempre con nosotros es el certificado de inscripción en el registro canino: lo habrá expedido el veterinario privado o la ASL que colocó el microchip al animal, y es una fotocopia que se recomienda doblar y guardar en la cartilla sanitaria, que deberíamos llevar siempre con nosotros en caso de necesidad.
- Después debemos llevar al perro con correa, que no debe medir más de 1,5 m (aunque ahora nos encontramos en una fase de «transición» legislativa. La correa es obligatoria salvo en las áreas para perros designadas por los distintos municipios, donde podemos quitársela.
- El bozal no es siempre obligatorio en la vía pública, pero es obligatorio llevarlo siempre con nosotros, para mostrarlo y colocarlo si las autoridades lo solicitan para hacer frente a situaciones potencialmente peligrosas.
- Por último, las heces sólidas del perro deben ser recogidas por el propietario. Además, cuando llevamos al perro debemos tener siempre con nosotros los medios adecuados para recogerlas, es decir, una bolsa de plástico o una palita. Si no los llevamos, podemos recibir una sanción aunque el perro no haya defecado en presencia de las autoridades.
Desplazarse en automóvil
Desplazarse en automóvil en compañía de nuestro amigo de cuatro patas también tiene sus reglas.
Además de estar siempre en compañía del perro y, por tanto, tener que seguir todas las reglas aplicables a los desplazamientos a pie, debemos transportar a los animales en condiciones particulares.
En el automóvil solo se pueden transportar animales domésticos, no otros tipos de animales. Podemos elegir transportar perros y gatos (o conejos, hurones y demás) en jaulas específicas que se colocan en el maletero del automóvil, o dejar al perro suelto en el asiento trasero siempre que no obstaculice la conducción. Para hacerlo posible es necesario instalar el separador específico en la mitad del automóvil, aunque la instalación fija debe ser autorizada por la Dirección General de Tráfico de nuestra provincia de residencia.

Desplazarse en autobús
La última posibilidad que consideramos al hablar de pequeños desplazamientos es viajar en autobús.
Actualmente solo existen directrices generales para las distintas empresas de transporte público, por lo que antes de realizar el primer viaje conviene visitar el sitio web de la empresa que gestiona el transporte público en nuestra provincia y leer el reglamento. Allí también encontraremos una sección relativa al transporte de animales.
Los perros pueden subir al autobús, en general, si llevan correa y bozal, y deben pagar el billete correspondiente igual que las personas; además, no puede viajar más de uno por persona (una persona, como máximo un perro; dos personas, como máximo dos, y así sucesivamente). Se excluyen los perros guía para personas ciegas, que pueden viajar en autobús sin pagar.
Además, no pueden sentarse en los asientos, salvo que sean muy pequeños y el dueño los lleve en brazos. Si los demás pasajeros presentan alguna objeción, el conductor tiene la posibilidad de pedir al propietario que baje del autobús en la parada más cercana, aunque haya pagado el billete correctamente.
Viajar con nuestro perro implica seguir unas reglas que todos debemos respetar para una convivencia civilizada y, sobre todo, para evitar las distintas sanciones previstas por la ley para los infractores.

