Las fracturas del perro y del gato: cómo debemos comportarnos

Las fracturas del perro y del gato: cómo debemos comportarnos

La mayoría de las enfermedades, o en cualquier caso de los problemas, que afectan a perros y gatos pueden evitarse mediante un sistema de prevención. Podemos evitar que nuestro perro lama el suelo, que los gatos se peleen, que los insectos piquen, y podemos proporcionarles una alimentación adecuada.

Sin embargo, hay situaciones en las que podemos hacer muy poco, con todo el amor que podamos sentir por nuestros animales. Las fracturas son una de ellas, y pueden producirse por motivos triviales, como que un animal apoye mal una pata, que caiga mal después de un salto o que, inadvertidamente, sea golpeado por el coche mientras damos marcha atrás en el camino de entrada de casa.

Son cosas que pueden suceder y contra las que podemos hacer poco, pero es importante saber cómo comportarnos en ciertas situaciones.

Qué son las fracturas

Definir una fractura no es difícil: es la rotura de un hueso. Todos los huesos pueden fracturarse, pero los que lo hacen con más frecuencia son los de las extremidades, los huesos largos, es decir, los que forman las patas (húmero, radio, cúbito, fémur y tibia).

Podemos tener dos tipos de fractura: la fractura compuesta, en la que el hueso se rompe solo por una parte y no por la otra (¿recordáis cuando dobláis un plátano y este se rompe por un lado, mientras que por el otro los dos fragmentos permanecen unidos? Pues esa es una fractura compuesta) y la fractura desplazada, donde los dos fragmentos óseos están completamente separados. Entre estas últimas, las fracturas pueden ser no expuestas cuando los huesos permanecen dentro de la extremidad, o expuestas cuando vemos el hueso desde fuera, a simple vista, que son las peores.

Por supuesto, si un perro o un gato se fractura una pata hay que llevarlo al veterinario cuanto antes, porque la fractura puede empeorar (de compuesta a desplazada, de no expuesta a expuesta, de expuesta a infectada), pero hay algunas precauciones que debemos tomar antes de salir, especialmente si no tenemos una consulta o una clínica cerca de casa.

Cómo comportarnos con un animal fracturado

Fundamentalmente, nuestra tarea como propietarios es impedir que la situación empeore. Solo una radiografía realizada por los veterinarios podrá aclarar cuál es realmente el problema y si es necesaria una intervención quirúrgica para resolver la situación.

En el caso de fracturas más particulares, de los huesos del cráneo o de las costillas, podemos hacer muy poco, porque en este caso también será necesaria una intervención.

En el caso de las extremidades, notamos que el animal tiene un problema en una pata porque, básicamente, cojea. Intentamos tocar la extremidad afectada: si el animal no siente dolor, generalmente se puede descartar una fractura (puede tratarse de una distensión muscular); si gruñe o sisea y no quiere que toquemos ese punto, las cosas empiezan a ser más serias.

En el caso de fracturas desplazadas, las consecuencias se ven claramente: la parte de la extremidad más cercana al suelo se balancea y se mueve por separado del resto de la pata, señal de que el hueso está completamente roto.

Debemos mantenerlo lo más quieto posible mientras esperamos llegar al veterinario.

Tomamos entonces una caja de cartón, que todos tenemos en casa, y cortamos un lado para obtener un panel de cartón de una longitud aproximada a la de la pata del perro o del gato.

Tomamos después al animal y apoyamos sobre el cartón la pata contralateral (si está rota una pata delantera, apoyamos la otra pata delantera, la sana) y, con un bolígrafo o un lápiz, trazamos su contorno. Cortamos entonces con las tijeras  la forma que hemos dibujado.

Así tendremos una pata de cartón del tamaño de la pata de nuestro animal.

La apoyamos sobre la pata fracturada y después la atamos con gasa, muy apretada, enrollándola para fijar la pata al cartón. Así hemos realizado una “férula” casera.

fra2

Una vez comprobado que, gracias a nuestra intervención, la pata fracturada no puede moverse, podemos acudir al veterinario, que realizará una radiografía y colocará la pata en la posición más adecuada.

La recuperación de las fracturas

Según la situación de la fractura original, puede bastar con una férula rígida o una escayola para que se cure (en el caso de fracturas compuestas), o será necesaria una intervención quirúrgica en la que se implanta un soporte metálico para unir los dos fragmentos y evitar que se muevan (en el caso de fracturas desplazadas).

El hueso es un tejido que tiende a curarse y, sobre todo, se cura completamente a diferencia de otros, como la piel (donde, en cambio, queda la cicatriz, señal de una curación que nunca se completará del todo).

Naturalmente, se necesita tiempo, que varía según la gravedad de la propia fractura y la edad del animal (un animal anciano tardará más que uno joven).

Hay dos reglas fundamentales para favorecer al máximo la recuperación: la primera es actuar rápidamente, como hemos dicho antes, cuando se produce la fractura; si no lo hacemos, los dos fragmentos podrían empezar a unirse espontáneamente en una posición antinatural, lo que podría significar que el animal no pudiera volver a caminar correctamente.

La segunda es, después de la intervención veterinaria, mantener la pata en funcionamiento. Si el perro o el gato intenta dar algunos pasos, no debemos detenerlo porque le duela, sino dejarlo hacerlo. Por supuesto, sentirá dolor, pero la presión del cuerpo sobre el suelo estimula la curación de los huesos, que será así más rápida y se producirá correctamente.

Con estos sencillos consejos, nuestro animal podrá volver a caminar correctamente, como todos los demás, y como si nunca hubiera tenido este problema.

La mayoría de las enfermedades, o en cualquier caso de los problemas, que afectan a perros y gatos pueden evitarse mediante un sistema de prevención. Podemos evitar que nuestro perro lama el suelo, que los gatos se peleen, que los insectos piquen, y podemos proporcionarles una alimentación adecuada.

Sin embargo, hay situaciones en las que podemos hacer muy poco, con todo el amor que podamos sentir por nuestros animales. Las fracturas son una de ellas, y pueden producirse por motivos triviales, como que un animal apoye mal una pata, que caiga mal después de un salto o que, inadvertidamente, sea golpeado por el coche mientras damos marcha atrás en el camino de entrada de casa.

Son cosas que pueden suceder y contra las que podemos hacer poco, pero es importante saber cómo comportarnos en ciertas situaciones.

Qué son las fracturas

Definir una fractura no es difícil: es la rotura de un hueso. Todos los huesos pueden fracturarse, pero los que lo hacen con más frecuencia son los de las extremidades, los huesos largos, es decir, los que forman las patas (húmero, radio, cúbito, fémur y tibia).

Podemos tener dos tipos de fractura: la fractura compuesta, en la que el hueso se rompe solo por una parte y no por la otra (¿recordáis cuando dobláis un plátano y este se rompe por un lado, mientras que por el otro los dos fragmentos permanecen unidos? Pues esa es una fractura compuesta) y la fractura desplazada, donde los dos fragmentos óseos están completamente separados. Entre estas últimas, las fracturas pueden ser no expuestas cuando los huesos permanecen dentro de la extremidad, o expuestas cuando vemos el hueso desde fuera, a simple vista, que son las peores.

Por supuesto, si un perro o un gato se fractura una pata hay que llevarlo al veterinario cuanto antes, porque la fractura puede empeorar (de compuesta a desplazada, de no expuesta a expuesta, de expuesta a infectada), pero hay algunas precauciones que debemos tomar antes de salir, especialmente si no tenemos una consulta o una clínica cerca de casa.

Cómo comportarnos con un animal fracturado

Fundamentalmente, nuestra tarea como propietarios es impedir que la situación empeore. Solo una radiografía realizada por los veterinarios podrá aclarar cuál es realmente el problema y si es necesaria una intervención quirúrgica para resolver la situación.

En el caso de fracturas más particulares, de los huesos del cráneo o de las costillas, podemos hacer muy poco, porque en este caso también será necesaria una intervención.

En el caso de las extremidades, notamos que el animal tiene un problema en una pata porque, básicamente, cojea. Intentamos tocar la extremidad afectada: si el animal no siente dolor, generalmente se puede descartar una fractura (puede tratarse de una distensión muscular); si gruñe o sisea y no quiere que toquemos ese punto, las cosas empiezan a ser más serias.

En el caso de fracturas desplazadas, las consecuencias se ven claramente: la parte de la extremidad más cercana al suelo se balancea y se mueve por separado del resto de la pata, señal de que el hueso está completamente roto.

Debemos mantenerlo lo más quieto posible mientras esperamos llegar al veterinario.

Tomamos entonces una caja de cartón, que todos tenemos en casa, y cortamos un lado para obtener un panel de cartón de una longitud aproximada a la de la pata del perro o del gato.

Tomamos después al animal y apoyamos sobre el cartón la pata contralateral (si está rota una pata delantera, apoyamos la otra pata delantera, la sana) y, con un bolígrafo o un lápiz, trazamos su contorno. Cortamos entonces con las tijeras  la forma que hemos dibujado.

Así tendremos una pata de cartón del tamaño de la pata de nuestro animal.

La apoyamos sobre la pata fracturada y después la atamos con gasa, muy apretada, enrollándola para fijar la pata al cartón. Así hemos realizado una “férula” casera.

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Una vez comprobado que, gracias a nuestra intervención, la pata fracturada no puede moverse, podemos acudir al veterinario, que realizará una radiografía y colocará la pata en la posición más adecuada.

La recuperación de las fracturas

Según la situación de la fractura original, puede bastar con una férula rígida o una escayola para que se cure (en el caso de fracturas compuestas), o será necesaria una intervención quirúrgica en la que se implanta un soporte metálico para unir los dos fragmentos y evitar que se muevan (en el caso de fracturas desplazadas).

El hueso es un tejido que tiende a curarse y, sobre todo, se cura completamente a diferencia de otros, como la piel (donde, en cambio, queda la cicatriz, señal de una curación que nunca se completará del todo).

Naturalmente, se necesita tiempo, que varía según la gravedad de la propia fractura y la edad del animal (un animal anciano tardará más que uno joven).

Hay dos reglas fundamentales para favorecer al máximo la recuperación: la primera es actuar rápidamente, como hemos dicho antes, cuando se produce la fractura; si no lo hacemos, los dos fragmentos podrían empezar a unirse espontáneamente en una posición antinatural, lo que podría significar que el animal no pudiera volver a caminar correctamente.

La segunda es, después de la intervención veterinaria, mantener la pata en funcionamiento. Si el perro o el gato intenta dar algunos pasos, no debemos detenerlo porque le duela, sino dejarlo hacerlo. Por supuesto, sentirá dolor, pero la presión del cuerpo sobre el suelo estimula la curación de los huesos, que será así más rápida y se producirá correctamente.

Con estos sencillos consejos, nuestro animal podrá volver a caminar correctamente, como todos los demás, y como si nunca hubiera tenido este problema.

La mayoría de las enfermedades, o en cualquier caso de los problemas, que afectan a perros y gatos pueden evitarse mediante un sistema de prevención. Podemos evitar que nuestro perro lama el suelo, que los gatos se peleen, que los insectos piquen, y podemos proporcionarles una alimentación adecuada.

Sin embargo, hay situaciones en las que podemos hacer muy poco, con todo el amor que podamos sentir por nuestros animales. Las fracturas son una de ellas, y pueden producirse por motivos triviales, como que un animal apoye mal una pata, que caiga mal después de un salto o que, inadvertidamente, sea golpeado por el coche mientras damos marcha atrás en el camino de entrada de casa.

Son cosas que pueden suceder y contra las que podemos hacer poco, pero es importante saber cómo comportarnos en ciertas situaciones.

Qué son las fracturas

Definir una fractura no es difícil: es la rotura de un hueso. Todos los huesos pueden fracturarse, pero los que lo hacen con más frecuencia son los de las extremidades, los huesos largos, es decir, los que forman las patas (húmero, radio, cúbito, fémur y tibia).

Podemos tener dos tipos de fractura: la fractura compuesta, en la que el hueso se rompe solo por una parte y no por la otra (¿recordáis cuando dobláis un plátano y este se rompe por un lado, mientras que por el otro los dos fragmentos permanecen unidos? Pues esa es una fractura compuesta) y la fractura desplazada, donde los dos fragmentos óseos están completamente separados. Entre estas últimas, las fracturas pueden ser no expuestas cuando los huesos permanecen dentro de la extremidad, o expuestas cuando vemos el hueso desde fuera, a simple vista, que son las peores.

Por supuesto, si un perro o un gato se fractura una pata hay que llevarlo al veterinario cuanto antes, porque la fractura puede empeorar (de compuesta a desplazada, de no expuesta a expuesta, de expuesta a infectada), pero hay algunas precauciones que debemos tomar antes de salir, especialmente si no tenemos una consulta o una clínica cerca de casa.

Cómo comportarnos con un animal fracturado

Fundamentalmente, nuestra tarea como propietarios es impedir que la situación empeore. Solo una radiografía realizada por los veterinarios podrá aclarar cuál es realmente el problema y si es necesaria una intervención quirúrgica para resolver la situación.

En el caso de fracturas más particulares, de los huesos del cráneo o de las costillas, podemos hacer muy poco, porque en este caso también será necesaria una intervención.

En el caso de las extremidades, notamos que el animal tiene un problema en una pata porque, básicamente, cojea. Intentamos tocar la extremidad afectada: si el animal no siente dolor, generalmente se puede descartar una fractura (puede tratarse de una distensión muscular); si gruñe o sisea y no quiere que toquemos ese punto, las cosas empiezan a ser más serias.

En el caso de fracturas desplazadas, las consecuencias se ven claramente: la parte de la extremidad más cercana al suelo se balancea y se mueve por separado del resto de la pata, señal de que el hueso está completamente roto.

Debemos mantenerlo lo más quieto posible mientras esperamos llegar al veterinario.

Tomamos entonces una caja de cartón, que todos tenemos en casa, y cortamos un lado para obtener un panel de cartón de una longitud aproximada a la de la pata del perro o del gato.

Tomamos después al animal y apoyamos sobre el cartón la pata contralateral (si está rota una pata delantera, apoyamos la otra pata delantera, la sana) y, con un bolígrafo o un lápiz, trazamos su contorno. Cortamos entonces con las tijeras  la forma que hemos dibujado.

Así tendremos una pata de cartón del tamaño de la pata de nuestro animal.

La apoyamos sobre la pata fracturada y después la atamos con gasa, muy apretada, enrollándola para fijar la pata al cartón. Así hemos realizado una “férula” casera.

fra2

Una vez comprobado que, gracias a nuestra intervención, la pata fracturada no puede moverse, podemos acudir al veterinario, que realizará una radiografía y colocará la pata en la posición más adecuada.

La recuperación de las fracturas

Según la situación de la fractura original, puede bastar con una férula rígida o una escayola para que se cure (en el caso de fracturas compuestas), o será necesaria una intervención quirúrgica en la que se implanta un soporte metálico para unir los dos fragmentos y evitar que se muevan (en el caso de fracturas desplazadas).

El hueso es un tejido que tiende a curarse y, sobre todo, se cura completamente a diferencia de otros, como la piel (donde, en cambio, queda la cicatriz, señal de una curación que nunca se completará del todo).

Naturalmente, se necesita tiempo, que varía según la gravedad de la propia fractura y la edad del animal (un animal anciano tardará más que uno joven).

Hay dos reglas fundamentales para favorecer al máximo la recuperación: la primera es actuar rápidamente, como hemos dicho antes, cuando se produce la fractura; si no lo hacemos, los dos fragmentos podrían empezar a unirse espontáneamente en una posición antinatural, lo que podría significar que el animal no pudiera volver a caminar correctamente.

La segunda es, después de la intervención veterinaria, mantener la pata en funcionamiento. Si el perro o el gato intenta dar algunos pasos, no debemos detenerlo porque le duela, sino dejarlo hacerlo. Por supuesto, sentirá dolor, pero la presión del cuerpo sobre el suelo estimula la curación de los huesos, que será así más rápida y se producirá correctamente.

Con estos sencillos consejos, nuestro animal podrá volver a caminar correctamente, como todos los demás, y como si nunca hubiera tenido este problema.

La mayoría de las enfermedades, o en cualquier caso de los problemas, que afectan a perros y gatos pueden evitarse mediante un sistema de prevención. Podemos evitar que nuestro perro lama el suelo, que los gatos se peleen, que los insectos piquen, y podemos proporcionarles una alimentación adecuada.

Sin embargo, hay situaciones en las que podemos hacer muy poco, con todo el amor que podamos sentir por nuestros animales. Las fracturas son una de ellas, y pueden producirse por motivos triviales, como que un animal apoye mal una pata, que caiga mal después de un salto o que, inadvertidamente, sea golpeado por el coche mientras damos marcha atrás en el camino de entrada de casa.

Son cosas que pueden suceder y contra las que podemos hacer poco, pero es importante saber cómo comportarnos en ciertas situaciones.

Qué son las fracturas

Definir una fractura no es difícil: es la rotura de un hueso. Todos los huesos pueden fracturarse, pero los que lo hacen con más frecuencia son los de las extremidades, los huesos largos, es decir, los que forman las patas (húmero, radio, cúbito, fémur y tibia).

Podemos tener dos tipos de fractura: la fractura compuesta, en la que el hueso se rompe solo por una parte y no por la otra (¿recordáis cuando dobláis un plátano y este se rompe por un lado, mientras que por el otro los dos fragmentos permanecen unidos? Pues esa es una fractura compuesta) y la fractura desplazada, donde los dos fragmentos óseos están completamente separados. Entre estas últimas, las fracturas pueden ser no expuestas cuando los huesos permanecen dentro de la extremidad, o expuestas cuando vemos el hueso desde fuera, a simple vista, que son las peores.

Por supuesto, si un perro o un gato se fractura una pata hay que llevarlo al veterinario cuanto antes, porque la fractura puede empeorar (de compuesta a desplazada, de no expuesta a expuesta, de expuesta a infectada), pero hay algunas precauciones que debemos tomar antes de salir, especialmente si no tenemos una consulta o una clínica cerca de casa.

Cómo comportarnos con un animal fracturado

Fundamentalmente, nuestra tarea como propietarios es impedir que la situación empeore. Solo una radiografía realizada por los veterinarios podrá aclarar cuál es realmente el problema y si es necesaria una intervención quirúrgica para resolver la situación.

En el caso de fracturas más particulares, de los huesos del cráneo o de las costillas, podemos hacer muy poco, porque en este caso también será necesaria una intervención.

En el caso de las extremidades, notamos que el animal tiene un problema en una pata porque, básicamente, cojea. Intentamos tocar la extremidad afectada: si el animal no siente dolor, generalmente se puede descartar una fractura (puede tratarse de una distensión muscular); si gruñe o sisea y no quiere que toquemos ese punto, las cosas empiezan a ser más serias.

En el caso de fracturas desplazadas, las consecuencias se ven claramente: la parte de la extremidad más cercana al suelo se balancea y se mueve por separado del resto de la pata, señal de que el hueso está completamente roto.

Debemos mantenerlo lo más quieto posible mientras esperamos llegar al veterinario.

Tomamos entonces una caja de cartón, que todos tenemos en casa, y cortamos un lado para obtener un panel de cartón de una longitud aproximada a la de la pata del perro o del gato.

Tomamos después al animal y apoyamos sobre el cartón la pata contralateral (si está rota una pata delantera, apoyamos la otra pata delantera, la sana) y, con un bolígrafo o un lápiz, trazamos su contorno. Cortamos entonces con las tijeras  la forma que hemos dibujado.

Así tendremos una pata de cartón del tamaño de la pata de nuestro animal.

La apoyamos sobre la pata fracturada y después la atamos con gasa, muy apretada, enrollándola para fijar la pata al cartón. Así hemos realizado una “férula” casera.

fra2

Una vez comprobado que, gracias a nuestra intervención, la pata fracturada no puede moverse, podemos acudir al veterinario, que realizará una radiografía y colocará la pata en la posición más adecuada.

La recuperación de las fracturas

Según la situación de la fractura original, puede bastar con una férula rígida o una escayola para que se cure (en el caso de fracturas compuestas), o será necesaria una intervención quirúrgica en la que se implanta un soporte metálico para unir los dos fragmentos y evitar que se muevan (en el caso de fracturas desplazadas).

El hueso es un tejido que tiende a curarse y, sobre todo, se cura completamente a diferencia de otros, como la piel (donde, en cambio, queda la cicatriz, señal de una curación que nunca se completará del todo).

Naturalmente, se necesita tiempo, que varía según la gravedad de la propia fractura y la edad del animal (un animal anciano tardará más que uno joven).

Hay dos reglas fundamentales para favorecer al máximo la recuperación: la primera es actuar rápidamente, como hemos dicho antes, cuando se produce la fractura; si no lo hacemos, los dos fragmentos podrían empezar a unirse espontáneamente en una posición antinatural, lo que podría significar que el animal no pudiera volver a caminar correctamente.

La segunda es, después de la intervención veterinaria, mantener la pata en funcionamiento. Si el perro o el gato intenta dar algunos pasos, no debemos detenerlo porque le duela, sino dejarlo hacerlo. Por supuesto, sentirá dolor, pero la presión del cuerpo sobre el suelo estimula la curación de los huesos, que será así más rápida y se producirá correctamente.

Con estos sencillos consejos, nuestro animal podrá volver a caminar correctamente, como todos los demás, y como si nunca hubiera tenido este problema.