Las vías urinarias de los gatos son extremadamente sensibles. Una de las situaciones más frecuentes a las que deben enfrentarse los propietarios es la obstrucción urinaria, es decir, la incapacidad del gato para «hacer pis». Sin embargo, no todo el mundo sabe que se trata de una afección bastante común, pero absolutamente peligrosa, que requiere una intervención rápida antes de que la salud de los riñones se vea comprometida de forma irreversible. Veamos cuáles son las causas de este problema y cómo podemos actuar.
Cómo se manifiesta la obstrucción urinaria
Es difícil que el propietario no se dé cuenta de una situación así, ya que el gato suele manifestar un sufrimiento bastante evidente. Sin embargo, generalmente, en los días u horas previos a la obstrucción propiamente dicha pueden aparecer algunas alteraciones, como:
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Maúlla y se queja
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Permanece quieto durante mucho tiempo antes de conseguir hacer pis
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Se lame los genitales
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Produce poca orina, a menudo solo gotas, pero con mayor frecuencia
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Puede haber rastros de sangre en la orina
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Está nervioso o agresivo
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Tiende a orinar fuera del arenero
Cuando, en cambio, la obstrucción ya es completa, por mucho que el gato se esfuerce por orinar, no consigue expulsar ni una gota de pis. Mantiene la postura incluso durante varios minutos, contrayendo rítmicamente los músculos abdominales, pero sin resultado alguno. Si no se interviene con rapidez, el cuadro empeora de forma bastante rápida: el gato vomita, está muy débil, el abdomen está contraído y pueden aparecer síntomas neurológicos.
FLUTD: el verdadero responsable
Como ya hemos explicado en el artículo dedicado íntegramente a los problemas de las vías urinarias del gato, la FLUTD (Feline Lower Urinary Tract Disease) es el término utilizado para englobar todas las posibles afecciones que afectan a las vías urinarias bajas de los felinos, es decir, la vejiga y la uretra. Antes de analizarla en detalle, debemos hacer un pequeño repaso de anatomía: la orina se produce en los riñones, pasa a través de los dos uréteres hasta la vejiga y desde allí se elimina al exterior a través de un conducto estrecho, que es la uretra.
En el gato, estas dos estructuras pueden sufrir fácilmente distintos tipos de problemas. Entre los más frecuentes encontramos:
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Cálculos en la vejiga: al igual que ocurre en el ser humano, el gato también puede sufrir este problema, que aparece cuando en el interior de la vejiga se acumulan y se agrupan dos posibles sustancias, estruvita y oxalatos. Se trata de cristales de distintos tamaños que pueden permanecer dentro de la vejiga, arañando sus paredes y provocando así inflamaciones. En la mayoría de los casos, la razón de este problema es de tipo alimentario, por ejemplo, cuando el gato bebe poco o su dieta contiene un exceso de magnesio (principal componente de los cálculos de estruvita). Además, el pH de la orina desempeña un papel fundamental en la aparición de cálculos: cuando la orina es bastante ácida (en el gato debería mantenerse entre un valor de 6-6.5), los posibles depósitos de estruvita se disuelven fácilmente, algo que no ocurre cuando, por el contrario, es más alcalina. Normalmente, los cálculos se forman en la vejiga, donde pueden arañar las paredes y generar inflamaciones. Un caso aún más grave se produce cuando el cálculo llega a quedarse atascado en la uretra, impidiendo así que el pis fluya normalmente hacia el exterior;

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Tapón uretral: sin duda, se trata de la afección más frecuente, especialmente en los gatos machos, cuya uretra es más estrecha. Las células que recubren las paredes de la vejiga se desprenden periódicamente, lo que sirve para eliminar el tejido antiguo, que será sustituido por tejido nuevo. Sin embargo, puede ocurrir que este desprendimiento aumente considerablemente y que se añadan otros residuos, como sustancias proteicas, células sanguíneas y otros tipos de células producidas por los riñones y la vejiga, que pueden mezclarse o no con posibles cristales de estruvita u oxalatos presentes en las vías urinarias. Todo este material se compacta y puede atascarse en la uretra, impidiendo la salida de la orina. Esta situación puede producirse como consecuencia de diversos factores, como el estrés, una dieta desequilibrada, la presencia de infecciones o tumores;
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Cistitis idiopática obstructiva (FIC): el término «idiopático» se utiliza en medicina para todos aquellos trastornos que se confirman clínicamente, pero cuya causa no se logra identificar o para los que solo existen hipótesis todavía en estudio. En el caso de la cistitis idiopática felina, no hay bacterias ni lesiones en la base de la inflamación de la vejiga, sino otros factores, a menudo de naturaleza neurológica. En particular, parece que el estrés puede estimular al cerebro del gato para enviar señales a la vejiga, que responde produciendo numerosas sustancias que estimulan la inflamación. Según otra hipótesis, en cambio, la FIC estaría causada por una reducción de la cantidad de glucosaminoglucanos (GAG), sustancias que normalmente recubren las paredes de la vejiga para protegerla del ataque de las bacterias. Generalmente, la cistitis idiopática no es de naturaleza obstructiva, pero en algunas circunstancias puede provocar oclusiones que impiden la salida de la orina;
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Malformaciones de la uretra: algunos gatos pueden presentar, desde el nacimiento, defectos en el desarrollo de las vías urinarias. En particular, si la uretra es demasiado estrecha o presenta pequeños estrechamientos en algunos tramos (estenosis), los residuos que pueda haber en la orina pueden crear obstrucciones con mayor facilidad.
Todos los trastornos incluidos en la FLUTD aparecen sobre todo en presencia de determinadas situaciones, como:
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Estrés: los gatos se estresan con facilidad y esto repercute especialmente en la salud de las vías urinarias. Entre las situaciones más frecuentes que refieren los propietarios encontramos: mudanzas, convivencia con otros gatos o perros, llegada de invitados o de un bebé;
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Arenero: puede parecer extraño, pero a menudo los gatos no aceptan que se cambie de lugar el arenero o que se sustituya su arena habitual. En estos casos pueden estresarse, negarse a hacer sus necesidades en el arenero o bloquearse por completo;
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Edad y sexo: la obstrucción urinaria es más frecuente en gatos machos jóvenes o adultos;
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Estilo de vida: el sedentarismo, el aburrimiento y la obesidad se encuentran entre los factores predisponentes;
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Alimentación: una dieta desequilibrada, que no tenga en cuenta las necesidades nutricionales específicas de las distintas situaciones (gato esterilizado, sedentario, con sobrepeso, etc.) puede favorecer la aparición de cálculos.
Cómo se interviene
Aclaremos un concepto fundamental: la obstrucción urinaria es un problema muy grave y debe tratarse con rapidez, porque puede causar graves
consecuencias, incluso la muerte. Lo que ocurre, de hecho, es que los riñones siguen produciendo orina, que se acumula constantemente en la vejiga sin ser eliminada. De este modo, la vejiga se dilata cada vez más, hasta perder la capacidad de contraerse para expulsar la orina, y con el paso de las horas incluso puede reventar o pueden producirse graves daños renales. Además, todas las sustancias que normalmente se eliminan con la orina —sobre todo el nitrógeno— se acumularán en la sangre y provocarán la muerte del gato. Todo esto no ocurre en cuestión de días o semanas, sino en 24-48 horas, por lo que hay que llevar inmediatamente al gato a la clínica más cercana sin perder demasiado tiempo.
El protocolo previsto en estas circunstancias se basa, ante todo, en la exploración clínica; después se realiza una radiografía para localizar posibles cálculos u otras afecciones. Por lo general, se seda al gato para proceder a la desobstrucción mediante cateterización: se introduce un tubo fino en la uretra para empujar hacia la vejiga los posibles tapones presentes en la uretra, favoreciendo así la salida de la orina. El veterinario podrá realizar entonces lavados vesicales para estimular de nuevo a la vejiga a expulsar la orina. Si la situación no se resolviera, habría que recurrir a la cirugía para eliminar la causa de la obstrucción.
Todo el procedimiento se realiza bajo sedación, asociada a analgésicos, por lo que el animal no sentirá ningún dolor durante la maniobra de desobstrucción.
También es muy importante recoger una muestra de orina para analizarla, que servirá al veterinario para identificar el origen del problema (presencia de cristales de estruvita u oxalatos, bacterias) y asociar el tratamiento más preciso.
Una vez desobstruido, el gato deberá permanecer en observación durante 48-72 horas, para controlar la producción de orina y una posible alteración de la función renal. En cualquier caso, el veterinario proporcionará más detalles sobre el tratamiento que se administrará en casa y sobre la dieta más adecuada para prevenir nuevos episodios. En particular, la dieta específica para los trastornos de las vías urinarias puede representar un auténtico salvavidas para los gatos que tienden a producir orina rica en cristales o cálculos de estruvita. De hecho, estos alimentos tienen una composición diseñada para aumentar la sensación de sed del gato y hacer que la orina sea más ácida, con el fin de disolver los cristales de estruvita. En ocasiones puede ser necesario mantener estas dietas durante largos periodos, incluso de por vida.
Por último, si se identificara el estrés entre las causas del problema, el veterinario podría proponer una consulta con un especialista en comportamiento, que podrá analizar todos los aspectos potencialmente estresantes de la vida del gato.

