Al igual que ocurre con las personas, también llega para nuestros animales el periodo de la tercera edad, con todos los problemas que conlleva. En el caso del gato, generalmente se considera anciano a partir de los 12-13 años. En el perro la cuestión es más compleja, porque la edad media puede variar según la raza y el tamaño del animal. Por eso el perro entra en la vejez a partir de los 11 años en las razas muy pequeñas, 10 años en las medianas, 8-9 años en las grandes y aproximadamente 7 en las gigantes.
La tercera edad conlleva inevitablemente una serie de cambios en el carácter y en el organismo del animal, al igual que ocurre con nosotros. Los principales aspectos que empiezan a cambiar pueden incluir:
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Se vuelve más sedentario y menos activo;

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Su estado de ánimo cambia y pueden aparecer comportamientos inusuales, como ansiedad, fobias, agresividad y depresión;
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Tiende a comer menos;
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Las articulaciones se debilitan y el animal tiene dificultades para correr o incluso caminar;
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Aparecen las primeras canas en el hocico;
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El pelaje se vuelve más áspero y seco;
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Puede disminuir la vista y/o el oído;
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Siente más el frío;
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El sistema inmunitario se debilita, exponiendo al animal a las infecciones;
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Puede formarse sarro en los dientes, con un aliento especialmente desagradable;
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La digestión es más lenta y difícil;
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El tránsito intestinal se vuelve lento, por lo que puede aparecer estreñimiento;
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Puede perder el control de la vejiga o del intestino, con problemas de incontinencia;
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Pueden aparecer patologías pulmonares, cardíacas o renales.
Si no se tratan de la mejor manera, todos estos aspectos pueden influir negativamente en la vida de nuestro animal y dar lugar a problemas más difíciles de resolver. De hecho, los perros y gatos ancianos son más sensibles también a la depresión, precisamente porque pierden el estímulo para jugar con su propietario y ya no pueden dar largos paseos al aire libre como antes.
Consejos para afrontar la tercera edad
Para hacer de la tercera edad de nuestros animales un periodo sereno, deberíamos seguir varios consejos para ayudarlos a aceptar los inevitables cambios en su estilo de vida. Veamos los principales:
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Regular la alimentación: el animal anciano tiene necesidades nutricionales diferentes a las del joven. Sus necesidades alimentarias, es decir, la cantidad de comida necesaria para afrontar mejor el día, son menores. Él mismo comerá menos, pero depende de nosotros ofrecerle un alimento adecuado. Los problemas dentales y de encías, así como las dificultades gastrointestinales, requieren un alimento específico para animales ancianos, muy digestible y fácil de masticar;
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Mejorar el estado de ánimo: no permitan que su perro o su gato se encierre en sí mismo. Pasen siempre tiempo con él, estimulando el juego y la interacción;

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Acondicionar su cama: intenten hacerla más cómoda y más cálida, quizá con un cojín acolchado y una manta. El perro o gato anciano con problemas articulares puede tener más dificultades para levantarse si la cama no es suficientemente cómoda, y en cualquier caso será útil mantenerlo más abrigado;
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Mantener el entorno seguro: si la vista de su amigo empieza a empeorar, asegúrense de que siempre pueda moverse por la casa sin riesgo de tropezar con objetos o chocar contra muebles desplazados;
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Cepillarlo: el pelo del animal anciano puede volverse más seco, por lo que requiere un aseo más cuidadoso. Intenten cepillarlo todos los días y manténganlo limpio e hidratado con productos específicos;
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Reforzar el organismo: pidan a su veterinario que les recomiende suplementos específicos para los distintos problemas de su amigo, desde los destinados a los problemas articulares hasta los de órganos concretos;
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Actuar ante la incontinencia: con el avance de la edad, su animal podría empezar a hacer sus necesidades por la casa. Saquen al perro con más frecuencia o coloquen areneros más bajos y de fácil acceso para el gato. Una idea podría ser colocar un empapador higiénico desechable en un rincón de la casa, para cuando ya no pueda aguantar más;
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No dejarlo en lugares demasiado fríos o demasiado calurosos: procuren que su amigo no pase frío, pero tampoco que permanezca en zonas demasiado expuestas al sol. Si tienen la posibilidad, permitan que el perro anciano permanezca en casa durante los días más fríos o acondicionen una zona del jardín especialmente para él;
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Cuidar la higiene dental: el sarro es uno de los problemas típicos del envejecimiento. Intenten lavarle los dientes al perro con regularidad o utilicen dentífricos en spray, muy útiles para los animales que no están acostumbrados al cepillo;
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Vigilar las uñas: los animales ancianos caminan menos, por lo que deberán prestar más atención a cortarles las uñas con regularidad, ya que pueden crecer más rápidamente e encarnarse;
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Programar revisiones periódicas: la salud del perro y del gato anciano debe controlarse con mayor frecuencia que la de los animales jóvenes. Por eso intenten programar visitas periódicas y lleven inmediatamente a su amigo al veterinario si observan alguna anomalía.
Conocer todos los aspectos que pueden cambiar durante la tercera edad, aceptarlos y afrontarlos es un gran gesto de amor que debemos hacer por quien nos ha acompañado durante toda su vida.

