No siempre prestamos la debida atención a las orejas de nuestros animales. Muchos de nosotros, de hecho, nos limitamos a controlarlas solo cuando el perro o el gato tienden a rascarse o sacudir la cabeza, sin dedicar tiempo a la limpieza y a la higiene diaria. En algunos casos son precisamente nuestros animales quienes no toleran esta operación, porque no están acostumbrados o porque sienten una molestia o dolor reales. Sin embargo, la mayoría de las veces no lo hacemos porque simplemente no sabemos por dónde empezar. Veamos juntos cómo limpiar las orejas del perro y del gato de forma sencilla y segura.
Por qué es importante mantener las orejas limpias
Nuestras orejas y las de nuestros animales son muy delicadas. Las estructuras que se encuentran en profundidad, de hecho, son bastante frágiles e incluyen también una serie de nervios esenciales para la audición y el equilibrio. Por este motivo, bastaría un golpe fuerte o la presencia de un cuerpo extraño para provocar graves consecuencias.
Algunas razas de perros, con las orejas cortas y caídas, tienen ventaja en este sentido, porque las estructuras más internas rara vez están expuestas a amenazas externas. Otras, en cambio, con las orejas largas y colgantes, como los Basset Hound o los Cocker Spaniel, o con abundante pelo en el interior, son más propensas a acumular fácilmente impurezas y cuerpos extraños, que inevitablemente terminan dentro de la oreja. Entre las razas más propensas a los problemas auriculares también encontramos al Pastor Alemán, que por predisposición genética tiende a producir más cerumen, o aquellas con un pabellón estrecho, como el Bulldog y el Chow-Chow.
La primera defensa que el organismo pone a disposición para proteger las orejas está representada por el cerumen. Esta sustancia densa y oleosa se produce constantemente para “atrapar” todas las posibles amenazas, como polvo, bacterias, parásitos y pequeños cuerpos extraños, que así se eliminarán más fácilmente.
En algunos casos, sin embargo, el cerumen no consigue proteger completamente las orejas, que siguen expuestas a un gran número de posibles agentes dañinos. Además, puede ocurrir que el cerumen se produzca en cantidades excesivas, acumulándose cada vez más dentro de la oreja. Los microorganismos atrapados en el cerumen pueden así permanecer en contacto con la piel y las partes más internas, provocando fuertes irritaciones e infecciones.
Las inflamaciones del oído, conocidas en general como otitis, pueden provocar picor, enrojecimiento, abundante producción de cerumen y, en algunos casos, también pus. Con el tiempo, si la situación no se contiene, la inflamación puede llegar a ser tan intensa que también afecte a las estructuras más internas, con gravísimas consecuencias.
Cómo limpiar las orejas
Para limpiar las orejas de los animales se necesitan menos de 10 minutos y basta con que el perro o el gato se acostumbren a esta operación.
Lo que necesitamos es una gasa o una simple servilleta y una solución específica para limpiar las orejas de los animales. Elijamos la que más nos guste, prestando siempre atención a no comprar productos de uso humano.
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Tomemos la oreja con una mano y tiremos suavemente de ella hacia arriba, para tener más espacio y alcanzar la parte más escondida. El conducto auditivo, de hecho, tiene una forma característica que comienza recta y después se curva horizontalmente con respecto a la cabeza.

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Apoyemos el frasco con la loción limpiadora sobre la abertura de la oreja y vertamos una cantidad abundante. Durante este paso el animal podría sentir cierta molestia, debida simplemente a la acumulación de líquido dentro de la oreja. Por tanto, asegurémonos de sujetar firmemente la cabeza del animal, para evitar que empiece a sacudirla y esparza el líquido por todas partes.
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En este punto, mientras seguimos manteniendo la oreja levantada, masajeemos ambos lados con energía durante unos segundos, para facilitar el contacto del líquido con toda la superficie interna.
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Dejemos de mantener la oreja levantada y dejemos que el perro pueda sacudir la cabeza libremente. De este modo, parte del cerumen, mezclado con el líquido aplicado, podrá empezar a salir de la oreja.
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Esta operación no es suficiente para garantizar un secado perfecto. Tomemos, por tanto, una gasa estéril o una servilleta común y, con los dedos, pasémosla por el interior de la oreja. Este paso es fundamental, porque el estancamiento de líquidos puede favorecer la proliferación de hongos, como la temida Malassezia, responsable de algunas otitis.
Evitemos utilizar los clásicos bastoncillos de algodón, que nunca deberían utilizarse ni siquiera en nuestro caso. Su forma, de hecho, en lugar de capturar y extraer el cerumen, no hace más que empujarlo cada vez más profundamente en la oreja, aumentando el riesgo de otitis y lesiones.
En cuanto a la loción limpiadora que debemos utilizar, elijámosla siempre según nuestras necesidades. En el mercado hay muchísimas. Algunas se limitan a atrapar y eliminar el cerumen, mientras que otras contienen agentes desinfectantes específicos para las otitis causadas por bacterias, hongos o ácaros.
Una vez terminada la operación, observemos y olamos el cerumen que hemos extraído. Si nos parece muy oscuro, rojizo, especialmente maloliente y aparecen rastros de sangre, acudamos lo antes posible a nuestro veterinario, que podrá identificar el problema exacto.

