Áreas de esparcimiento para perros: guía de uso

Áreas de esparcimiento para perros: guía de uso

Actualmente son muy pocos los municipios que no cuentan con un área específica para perros, también llamada “área de esparcimiento” o «zona canina». Sin embargo, a menudo el reglamento que debería garantizar la plena seguridad de nuestro perro y de los demás animales presentes resulta poco claro. Además, a veces son los propios propietarios quienes no respetan, de forma voluntaria o inconsciente, las reglas indispensables para una convivencia tranquila. Por ello, con este artículo intentaremos aclarar qué se debe hacer y qué no en las áreas de esparcimiento.

¿Para qué sirven las áreas para perros?cane gioca area sgambamento

Las áreas de esparcimiento son una solución práctica que permite también a nuestros amigos de cuatro patas correr y jugar libres, solos o en compañía de otros perros, en un espacio vallado y dedicado exclusivamente a ellos. Lo que ocurre con bastante frecuencia es que las normas y el urbanismo de los centros urbanos no permiten a los propietarios de perros soltar a su animal, que de este modo se ve obligado a permanecer atado. La actividad física, en cambio, es extremadamente importante también para el perro, tanto para el cuerpo como para la mente. Solo así puede mantenerse en forma y liberar el exceso de energía, previniendo problemas como el estrés, la ansiedad y la depresión.

La alternativa pueden ser las grandes zonas rurales, donde, sin embargo, no siempre es posible prever o evitar posibles peligros, como la presencia de perros callejeros, cebos envenenados y, naturalmente, el riesgo de los automóviles en circulación. Por tanto, el objetivo de las áreas de esparcimiento es precisamente ofrecer al perro la posibilidad de hacer ejercicio, jugar y socializar con otros animales, aspectos extremadamente importantes en la vida de nuestros amigos de cuatro patas. Todo ello sin generar ansiedad ni preocupaciones en el propietario.

Por desgracia, no siempre se respeta el reglamento, del mismo modo que puede ocurrir que algunos propietarios no sepan cómo prevenir o cómo actuar ante determinadas situaciones “de riesgo”.

Qué hacer

Antes de dejar que nuestro perro entre en el área de esparcimiento, debemos ante todo comprobar que no haya ya otros perros. En ese caso, acerquémonos a los propietarios e informémonos sobre el carácter de sus fieles amigos. ¿Son sociables? ¿Aceptan de buen grado la presencia de otros perros? ¿Han mostrado anteriormente episodios de agresividad? Basándonos en estas sencillas preguntas, podremos entender si conviene entrar o si, por el contrario, debemos esperar nuestro turno.

Una vez que nos hayamos asegurado de que podemos entrar sin problemas, soltemos la correa. Un área de esparcimiento está hecha para divertirse y moverse sin límites, por lo que la correa no debe utilizarse en absoluto. En este sentido, también debemos precisar que, en presencia de otros perros, nuestro amigo podría sentirse atrapado, sin ninguna vía de escape. Esta sensación facilita la aparición de “escaramuzas” y tensiones.

Dicho esto, podemos empezar a divertirnos con nuestro amigo de cuatro patas. Un aspecto que los propietarios olvidan a menudo es que para Fido no hay nada divertido en quedarse solo sin hacer nada. Si no hay otros perros con los que jugar, tendremos que intervenir nosotros, armándonos con todos sus juguetes favoritos -pelotas, frisbis, cuerdas- y estimulándolo para que la experiencia sea realmente divertida. Lanzar sin ganas una pelota a varios metros de distancia, esperando a que el perro la devuelva, no es nada divertido. Al contrario, debemos animar al perro a jugar con entusiasmo, acostumbrándolo a “traerla”, quizá con premios a base de snacks apetitosos. Si hay otros perros dentro del área, debemos prestar atención durante el juego, ya que podríamos desencadenar una reacción posesiva entre los presentes, aunque durante los primeros minutos la “convivencia” parezca funcionar.

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A propósito de convivencia, si el nuestro es un cachorro o un perro de pequeño tamaño y en el área hay otros perros -sobre todo de mayor tamaño-, evitemos cogerlo en brazos. Este comportamiento puede convertir a nuestro pequeño amigo en un blanco viviente para los perros con un instinto depredador más fuerte, que además lo alcanzarían fácilmente incluso a cierta altura. Aunque ante posibles peligros nos resulte espontáneo proteger a Fido entre nuestros brazos, evitemos hacerlo. Además, en la mayoría de los casos, al cogerlo en brazos no hacemos más que regalarle una pizca de descaro que quizá no tendría una vez en el suelo. Estos son los típicos perros que provocan a los demás ladrando sin parar cuando están fuera de su alcance, pero cuando se acercan corren a esconderse. Al tenerlos en brazos, no haríamos más que animarlos a provocar, desencadenando peleas absolutamente evitables.

Puede ocurrir que algún propietario no se dé cuenta de que la perra está en celo o no comprenda lo que podría desencadenar su presencia en un área de esparcimiento. Además de exponerla al riesgo de embarazos no deseados, también se correría el riesgo de generar agresividad por parte de los machos presentes y hasta de los que lleguen en las horas siguientes, que percibirían igualmente los olores dejados por nuestra perra. Por tanto, durante “esos días”, sería conveniente limitarse a simples paseos por el barrio.

Otra consideración importante se refiere a la supervisión: soltar a Fido en el área de esparcimiento para después quedarse absortos mirando el smartphone o alejarnos a charlar no tiene ningún sentido.

El último punto, aunque decididamente no menos importante, es la limpieza. Llevemos siempre una pala y bolsas y recojamos las “necesidades” que nuestro perro deje en el área de esparcimiento.

Una vez que hayamos prestado atención a estos puntos fundamentales, solo nos quedará divertirnos junto a nuestro querido Fido.