Cuando llega un nuevo amigo de cuatro patas siempre es motivo de celebración, sobre todo por los preparativos que preceden a su llegada a la nueva familia. Entre ellos, sin duda, uno de los más emocionantes es elegir el nombre más adecuado para el perro o el gato. Sin embargo, no todo el mundo sabe que el nombre correcto debería seleccionarse teniendo en cuenta algunas características importantes, sobre todo si queremos que nuestro amigo consiga asociarlo.
El nombre más adecuado
En la mayoría de los casos, el nombre se elige una vez que el nuevo amigo ha llegado a nuestra casa. Muchos preferimos recurrir a la sencillez, aludiendo a algunas características estéticas del animal. Esta es la razón por la que la lista de Nerine, Neroni, Bianchine y Tigri sigue creciendo cada vez más.
Otros, en cambio, consideran más interesante el sonido del nombre, recurriendo a la historia, la cinematografía y la literatura para elegir el que prefieren, así como al mundo de la música o los cómics. Y así nacen también las actuales Lady Gaga en versión felina y los eternos Napoleones con aspecto canino.
Otros, por ejemplo, encuentran divertido y práctico dar a su amigo un nombre “humano”, dejándose llevar como prefieran entre los distintos Carlo el Carlino o Jack el Jack Russell.
Digamos que, independientemente del origen del nombre del recién llegado, existen en cualquier caso algunos criterios que deben tenerse en cuenta cuando decidimos embarcarnos en esta tarea. El nombre, de hecho, debería ser bastante sencillo y corto, para ayudar al animal a entender cuándo lo estamos llamando. Esto significa que los nombres clásicos como Fuffi y Fido no son en absoluto banales, sino que están pensados para evitar que el animal se confunda.
Claro que puede ocurrir decir “confío en Fido” y “le tengo miedo a Fuffi”, pero lo importante es que el nombre del animal no sea demasiado parecido a las palabras que le dirigiremos directamente. Para aclarar este concepto, pensemos en las órdenes principales, como “quieto”, “ven”, “siéntate”. Si el perro se llamara Cresta, le resultaría difícil entender si solo lo estamos llamando o le estamos pidiendo que ejecute la orden “quieto”.
Así que podemos dar rienda suelta a nuestra imaginación al elegir el nombre, siempre que respetemos estas pocas y sencillas indicaciones.
Cómo enseñar al perro y al gato su nombre
Algunos ni siquiera se preguntan si existe una forma de enseñar al animal su nombre o si hay animales que no consiguen entender cómo se llaman. Pues bien, ambas respuestas son afirmativas. Hay perros que, una vez adultos, todavía no entienden cuál es su nombre, por lo que es muy importante actuar correctamente desde que son cachorros si queremos evitar que esto ocurra.
El nombre, de hecho, es esencial para todos nosotros, también para nuestros amigos de cuatro patas. Si el perro o el gato se alejara, ¿cómo podríamos llamarlo sin un nombre con el que atraer su atención y hacerle entender que estamos hablando precisamente con él?
Veamos entonces cuáles son los métodos para conseguirlo.
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Asociar el nombre con algo positivo: ya sea una caricia, un elogio o un premio, demos al perro o al gato una recompensa cada vez que nos miren cuando pronunciamos su nombre. Llamémoslos con voz clara mientras están distraídos. Si se vuelven para mirarnos, podrán recibir un premio;

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Usar el nombre a menudo: cada vez que tengamos que dirigirnos a él, recordemos atraer primero su atención llamándolo por su nombre, sobre todo si queremos que ejecute alguna orden. Por tanto, no debemos limitarnos a decir “¡la comida!” o “¡ven!”, sino “¡Fuffi, la comida!” o “¡Fido, ven!”. Esto le ayudará a entender que nos dirigimos a él y que, si repetimos esa palabra tan a menudo, probablemente tenga algo que ver con él;
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Usar las órdenes junto con el nombre: las órdenes nunca deben usarse solas, sino siempre después del nombre. Al pronunciar el nombre del animal atraeremos su atención y le haremos entender que debe escucharnos, mientras que la orden es la acción que debe realizar. De lo contrario, generaríamos cierta confusión en el animal, que podría empezar a pensar que se llama “ven”;
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Apodos y diminutivos cariñosos: admitámoslo, nuestros amigos de cuatro patas tienen una larguísima lista de apodos, desde los sencillos “amor” y “cachorro” hasta “corazón-hermosísimo-de-mamá”. En este ámbito, los propietarios somos formidables. Por eso nadie podría prohibirnos utilizar apodos y diminutivos cariñosos, salvo en determinadas situaciones. El nombre “oficial” del animal debe ser uno solo y nos servirá para llamarlo y darle órdenes. Todas las posibles variaciones, en cambio, podrán reservarse para los momentos más íntimos, como las caricias o el juego;
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Acortar los nombres demasiado largos: los perros y gatos con nombres demasiado largos y pomposos, como los que aparecen en el Pedigree, podrían no reaccionar cuando los llamamos por completo. Además, también sería incómodo para nosotros pronunciar cada vez una fórmula fantochesca del tipo “Iván-el-terrible-trigésimo-segundo-¡ven!”. Por tanto, intentemos limitarnos al primer nombre o abreviar uno demasiado largo.
Una vez que hayáis seguido estos consejos, vuestro nuevo amigo de cuatro patas conseguirá entender su nombre en poco tiempo.

