Estás acariciando a tu amigo de cuatro patas cuando, de repente, te das cuenta de que en su piel ha aparecido un bulto que hasta hacía pocos días no estaba. Inevitablemente, tu mente empieza a pensar en las hipótesis más graves e irreparables, pero en la mayoría de los casos puede tratarse simplemente de una elevación de la piel, quizá relacionada con la edad. Por eso es importante entender cómo distinguir los distintos bultos en la piel del perro y del gato, y qué hacer en estos casos.
Elevaciones de la piel
Uno de los signos distintivos de la tercera edad en nuestros animales es precisamente la aparición de una o más elevaciones de la piel, similares a las típicas verrugas que aparecen en nuestra piel.
Aparecen como acumulaciones de piel redondeadas o ligeramente alargadas, con un diámetro de pocos milímetros. Generalmente tienen el mismo color que la piel circundante y no presentan anomalías particulares.
En su mayoría se trata de tumores benignos y, por tanto, inofensivos. Por este motivo, lo más probable es que el veterinario recomiende no extirparlos, salvo en circunstancias concretas.
De hecho, puede ocurrir que el perro o el gato se rasque con fuerza, arañando accidentalmente el bulto con las uñas, que puede sangrar o infectarse. En estos casos es importante acudir cuanto antes al veterinario, quien valorará si es necesario tratar la herida o extirpar completamente la elevación de la piel.
Quistes dermoides
La piel del perro y del gato también puede desarrollar los llamados quistes, es decir, acumulaciones subcutáneas de materiales de diversa naturaleza.
En las personas son especialmente frecuentes los quistes sebáceos, que se presentan como una o varias “bolitas”, duras al tacto, y se distinguen de las verrugas normales precisamente porque parece que hay un bulto bajo la piel.
En los animales, en cambio, son más comunes los quistes dermoides, especialmente en el perro. Son tumores benignos que contienen una mezcla de sustancias que forman parte de la piel y que normalmente se renuevan. Se trata principalmente de fragmentos de pelo, piel descamada, sebo y otros residuos, que se acumulan progresivamente bajo la piel y crecen cada vez más dentro de estas estructuras bien delimitadas respecto a las zonas circundantes.
La causa de este problema parece estar relacionada con un defecto congénito que el animal tiene desde su nacimiento. Los quistes dermoides crecen sobre todo en la espalda, la cola o la cabeza del animal.
Normalmente no son perjudiciales, pero pueden romperse y verter su contenido bajo la piel, que puede sufrir infecciones graves.
Mastocitoma cutáneo
El mastocitoma cutáneo es un tumor frecuente en el perro y raro en el gato. Se origina en unas células normalmente presentes en el organismo, llamadas mastocitos, que intervienen en las inflamaciones e incluso en las reacciones alérgicas.
Los mastocitomas cutáneos pueden aparecer en toda la piel del animal, especialmente en la espalda y las patas, pero el mismo tipo de tumor también puede manifestarse en algunos órganos internos, como los pulmones o el intestino. En el perro es más frecuente la forma cutánea, mientras que en el gato también puede presentarse simultáneamente la forma que afecta a los órganos internos.
Los animales con mayor riesgo parecen ser los adultos o ancianos y, en cuanto a la raza, los perros de raza Bóxer, Carlino, Bull Terrier, Shar-pei, Golden Retriever y Labrador están más predispuestos al mastocitoma cutáneo.
El mastocitoma cutáneo aparece de forma diferente según muchos factores. Puede presentarse como un nódulo o como un bulto, de forma redondeada o irregular, aislado o en grupos, voluminoso o aplanado, cubierto de pelo o no.
Para determinar el grado de peligrosidad del tumor es indispensable realizar todas las pruebas indicadas por el veterinario, pero generalmente los menos agresivos son aislados y crecen lentamente, a diferencia de los más peligrosos, que crecen rápidamente, a menudo en grupos, tienen formas irregulares y pueden sufrir hemorragias abundantes.
La peligrosidad de este tumor está relacionada sobre todo con la capacidad de producir metástasis, es decir, “copias” de las células tumorales en otras zonas del cuerpo, más o menos alejadas del lugar donde aparecieron por primera vez.
Papiloma cutáneo
El Papiloma cutáneo es un tumor benigno que puede aparecer sobre todo en perros jóvenes, pero también en gatos de edad avanzada o afectados por el virus de la leucemia felina (FeLV).
Está provocado por un virus que causa la formación de bultos variables. En el perro son muy similares a las verrugas, de color rosa claro, con forma de coliflor y una superficie áspera y granulosa. En el gato, en cambio, pueden ser tanto de este tipo como aplanados.
El papiloma puede manifestarse tanto en forma cutánea, en cualquier parte del cuerpo, como en forma oral u ocular.
El papiloma cutáneo es un tumor benigno, pero en algunos casos puede transformarse en un tumor maligno muy peligroso, como el carcinoma de células escamosas.
Carcinoma de células escamosas
Es un tumor maligno de la piel muy agresivo, que puede afectar tanto a perros como a gatos.
Parece que la causa del carcinoma de células escamosas son los rayos UV, hasta el punto de que las zonas más afectadas son precisamente las más expuestas a la radiación solar, como la nariz, las orejas y los párpados, y se manifiesta sobre todo en animales de pelo blanco y corto.
Existen dos variantes. La primera consiste en la aparición de heridas más o menos extensas en el cuerpo del animal, que tienden a sangrar cada vez más hasta formar verdaderas úlceras. La segunda forma, en cambio, se manifiesta con bultos irregulares.
Se trata de un tumor muy peligroso y potencialmente mortal, pero un diagnóstico temprano puede prolongar o incluso salvar la vida del animal.
Para prevenirlo, es importante evitar la exposición directa a los rayos solares, especialmente durante las horas más calurosas, recurriendo eventualmente a una buena protección solar para animales, que debe aplicarse abundantemente en las orejas, la nariz y las zonas más expuestas.
Recordemos que lo primero que debemos hacer cuando aparecen nódulos o bultos extraños en el cuerpo de nuestro amigo es, sin duda, no dejarse llevar por el pánico. No nos sirve de nada y también pone al animal en un estado de agitación.
En su lugar, acudamos lo antes posible a nuestro veterinario, quien podrá observar atentamente el bulto y recurrir también a las pruebas diagnósticas necesarias. La más frecuente es la aspiración con aguja fina, que permite al veterinario comprobar si hay células no deseadas u otro material sospechoso en la zona afectada.
Una vez comprobada la naturaleza del bulto, él sabrá qué recomendarnos y cómo proceder. Un diagnóstico temprano y un tratamiento adecuado son las únicas armas fundamentales de las que disponemos actualmente para luchar contra los tumores.

