En comparación con hace muchos años, la esperanza de vida de nuestros amigos de cuatro patas ha aumentado considerablemente, hasta el punto de que ya no es tan raro oír hablar de perros y gatos centenarios (naturalmente, según la relación entre años humanos y años animales). Sin embargo, para garantizar una larga vida a nuestros animales no basta con cuidar solo su cuerpo, sino que también debemos prestar mucha atención a su mente. Un cerebro joven y bien estimulado es una característica imprescindible para una vejez óptima. Pero ¿cómo podemos conseguirlo?
¿Por qué es tan importante “entrenar” el cerebro?
La mayoría de las células presentes en nuestro cuerpo pueden crecer, multiplicarse y, en algunos casos, incluso reparar los daños sufridos. Sin embargo, esto no ocurre en el cerebro, que desde el momento en que nacemos crece y se modifica rápidamente para poder aprender todas las nuevas experiencias que vivimos.
Cada rostro nuevo que conocemos, cada palabra nueva que aprendemos y cada poema que memorizamos en la escuela implican un cierto gasto de energía y grandes capacidades mentales, que solo el cerebro reactivo de los más jóvenes puede soportar. Después crecemos, alcanzamos el apogeo de nuestras habilidades y, progresivamente, la edad adulta comienza a acercarse cada vez más a la vejez, con sus consecuencias.
Si nuestros abuelos empiezan a no oír tan bien lo que decimos y quizá también tienen dificultades para seguir razonamientos más complejos, es precisamente porque poco a poco se produce una ralentización de la actividad de las células individuales que componen nuestro cerebro, las neuronas, que por desgracia no pueden repararse ni multiplicarse.
Así, con el tiempo, mueren cada vez más células, mientras que las restantes deben compensar esta carencia, pero no tienen plena capacidad para hacerlo.
Esto no es necesariamente algo negativo, si tenemos en cuenta que forma parte del largo e inevitable proceso de envejecimiento que corresponde a cada uno de nosotros. En cambio, se convierte en un problema cuando el cerebro envejece de forma “extraña”, dando lugar a patologías como la demencia senil o la enfermedad de Alzheimer.
La clave para mantener el cerebro siempre joven está, ante todo, en un buen entrenamiento desde la más tierna edad, activando la memoria, la lógica, el razonamiento y todo aquello que pueda servir para “aumentar” cada vez más las funciones mentales. Sin embargo, al igual que cuando entrenamos en el gimnasio, no basta con haber conseguido unos abdominales de acero para mantenerlos durante el resto de nuestra vida, sino que debemos seguir esculpiéndolos día tras día.
Lo mismo ocurre con nuestro cerebro, para el que cuenta un concepto muy curioso, definido técnicamente como “use it or lose it”, es decir, si no lo usas, lo pierdes. Esto significa que quizá de niños muchos de nosotros éramos capaces de recitar de memoria poemas enteros de Pascoli, pero si no seguimos desarrollando esta habilidad en la edad adulta, probablemente ahora tendríamos dificultades incluso para recordar la trama de una película. En esencia, perdemos todas las habilidades que no cultivamos. Igual que los abdominales de acero.
El cerebro de nuestros amigos de cuatro patas funciona exactamente del mismo modo, pero debemos considerar algunas diferencias relacionadas sobre todo con el estilo de vida. Si nosotros podemos ir a la escuela para aprender a utilizar el cerebro, nuestros amigos de cuatro patas necesitan la guía de su propietario, que les enseñe algunos conceptos fundamentales, como las órdenes básicas “sentado” y “quieto”.
Es cierto, nosotros tenemos libros, ordenadores, crucigramas y todo tipo de pasatiempos para activar la mente, pero nuestros perros y gatos tienen sus juguetes, el escondite con su propietario, la caza y muchas otras formas de estimularse y alejarse de su cama.
Tampoco la capacidad de relacionarnos con los demás nos viene dada desde el nacimiento. Con nuestros padres, familiares, compañeros de escuela y amigos aprendemos poco a poco cómo comportarnos y cómo interactuar con personas diferentes de nosotros. Del mismo modo, el animal necesita socializar, conociendo el resto del mundo, empezando por las personas y otros perros, pero también ampliando sus relaciones a otras especies.
¿Qué podemos hacer para mantener activa su mente?
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Juegos de inteligencia: nunca se rechaza un bocado, así que podemos esconderlos en distintos lugares de la casa, dejando que encuentre la manera de alcanzarlos, o comprar juegos de inteligencia y presentárselos correctamente, como se indica en la guía. El juego de inteligencia debería utilizarse desde una edad temprana, porque representa una herramienta potente para la activación mental del animal;

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Paseos: el animal anciano difícilmente tendrá energía suficiente para afrontar largas caminatas, teniendo en cuenta además que a menudo aparecen problemas articulares, pero no olvidemos mantener activa su interacción con el mundo exterior;
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Interacción con el propietario o con otros animales: tengamos siempre presente que los perros y gatos ancianos suelen ser menos tolerantes con quienes quieren molestarlos y que también pueden sentir dolor, por lo que, si observamos que no aceptan las atenciones turbulentas de cachorros y niños, intentemos satisfacer su necesidad de tranquilidad;
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Suplementos y alimentos adecuados: en el mercado existen muchos productos que tienen en cuenta las necesidades nutricionales específicas del animal anciano, pero en lo que respecta a la mente del perro y del gato, una ayuda importante puede proceder de sustancias valiosas, como los ácidos grasos Omega-3, las sustancias antioxidantes que protegen las células nerviosas o el Ginkgo biloba, que mejora la microcirculación cerebral.

