Cómo acostumbrar al gato a entrar en el transportín

Cómo acostumbrar al gato a entrar en el transportín

A lo largo de la vida de nuestro gato, casi con toda seguridad habrá ocasiones en las que tendremos que convencer a Fuffi para que entre en su transportín, quizá para una revisión veterinaria o para un desplazamiento más o menos largo. Sin embargo, como muchos propietarios de gatos saben bien, esta operación puede resultar realmente complicada, sobre todo si el minino no está acostumbrado al transportín, por lo que reaccionará arañando, aferrándose con las uñas a todo lo que encuentre o llorando desesperadamente. Esto es lo que hay que hacer para evitar que ocurra.

¿Por qué el transportín?

La razón es una sola, pero esencial. El transportín es la solución más fácil, práctica y, sobre todo, segura. Para quienes no lo sepan, el transportín no es más que una sencilla jaula de plástico, equipada con dos elementos fundamentales: una puerta y orificios de ventilación.

gatto dorme nel trasportino cucciaEs una solución sencilla, porque en realidad los problemas no están relacionados con el transportín en sí, sino con una cuestión de hábito por parte del gato. Si hemos seguido las indicaciones correctas, que veremos más adelante, desde los primeros meses de vida, Fuffi se acostumbrará a la idea del transportín sin grandes tragedias.

Práctica, por muchos motivos. En primer lugar, el transportín de plástico —el único que merece la pena comprar— puede desmontarse rápidamente para limpiarlo y desinfectarlo sin ninguna dificultad, lo que resulta aún más útil si nuestro gato tiende a “hacerse sus necesidades” cuando está asustado. Además, cada modelo cuenta con una puerta frontal, que nos permite meter y sacar a Fuffi, aunque los modelos más cómodos también presentan una segunda apertura superior, muy útil sobre todo para el veterinario, que podría examinar al animal sin sacarlo, dejándolo tranquilo en su refugio.

Seguro, porque es el único instrumento a nuestra disposición para “retener” a nuestro gato mientras estamos en la calle o en el coche. Contra un gato enfadado no hay cajas, cestas ni otros medios capaces de evitar que se escape, mientras que un buen transportín puede resistir incluso al minino más hiperactivo.

Qué transportín elegir

En el mercado hay transportines para todos los gustos y necesidades, desde los modelos más sencillos y económicos hasta los que se parecen cada vez más a una nave espacial.gatto nel trasportino

Digamos que no hay reglas especiales, pero conviene evitar los transportines poco resistentes, como los de nailon o tela, cuya única función es pasear a un perro de raza toy.

Por el contrario, elijamos un producto que tenga estos requisitos:

  • Adecuado al tamaño de nuestro gato, es decir, ni demasiado grande ni demasiado pequeño;

  • Fabricado completamente en metal o con el cuerpo de plástico y la puerta de metal;

  • Desmontable en toda la parte superior mediante robustos ganchos laterales;

  • Provisto de orificios que permitan el paso del aire;

  • Que también pueda abrirse por arriba, aunque esta sea una opción adicional.

Si tenemos que utilizar el transportín de inmediato, por ejemplo para llevar a Fuffi al veterinario, puede ser necesario colocar un empapador en el fondo, para evitar que el minino, asustado, se ensucie con sus necesidades accidentales.

Cómo acostumbrar al gato al transportín

La regla principal es actuar desde los primeros meses de edad de nuestro gato. Probablemente, incluso antes de llegar a nuestra casa, lo primero que verá Fuffi será precisamente el transportín, esencial para llevarlo desde el refugio, la calle o el criadero a su nuevo hogar.

Como vimos en el artículo dedicado a la llegada del gatito a casa, el consejo más importante es colocar el transportín en una habitación aislada, abrir la puerta y alejarse, dando al minino todo el tiempo necesario para comprender la situación.far entrare il gatto nel trasportino

Durante los primeros días, e incluso durante toda su permanencia en nuestra familia, puede ser una excelente idea dejar siempre el transportín a su disposición, como si fuera una caseta. A los gatos suelen gustarles los lugares protegidos, por lo que Fuffi podría encontrar muy reconfortante la idea de tener un techo sobre la cabeza.

Intenten “amueblarlo” con muchos objetos cómodos y acogedores, como una manta caliente para el invierno, sus juguetes favoritos y quizá también algunas croquetas esparcidas aquí y allá para satisfacer los pequeños ataques de hambre nocturnos.

Otro consejo es conseguir que el gato asocie el transportín también con experiencias no traumáticas y no solo con el terror de una visita al veterinario. Por eso, al menos una vez a la semana, metámoslo en el transportín y demos un breve paseo en coche, enriqueciendo esta experiencia con muchos estímulos agradables, como algunas croquetas, palabras amables y una caricia, sin abrir la puerta, naturalmente, para no poner en peligro nuestra seguridad en el coche.

Si Fuffi sigue estando tenso ante la idea de entrar en el transportín, podemos probar con las feromonas sintéticas. Como podrán leer detalladamente en el artículo sobre el uso de feromonas sintéticas, estas actúan relajando al gato y haciéndole creer que el entorno en el que se encuentra es agradable y conocido. Las feromonas más adecuadas para este fin son las de spray, que deben aplicarse al menos 20-30 minutos antes de salir.

El último consejo, que se parece más bien a un truco del oficio, se refiere al momento de introducirlo en el transportín, sobre todo en el caso de los gatos que no lo toleran en absoluto.

Es muy importante no forzar al gato, empujándolo con todas nuestras fuerzas para hacerlo pasar por la abertura del transportín. Con los gatos todo esto es inútil, porque simplemente adoptarán las posturas más improbables con tal de resultar incompatibles con el tamaño de la puerta.

Al contrario, intentemos siempre hacer entrar a Fuffi en sentido contrario, es decir, pasando primero las patas traseras y después las delanteras. Una sugerencia útil puede ser inclinar el transportín, de modo que la abertura quede un poco más alta y la gravedad nos ayude a evitar que el gato salga disparado en muy poco tiempo. Recordemos evitar una entrada brusca, porque el gato podría hacerse daño. Es preferible dejarlo deslizarse lentamente por la abertura, manteniendo juntas las patas traseras con una mano y cerrando inmediatamente después la puerta.