La diabetes insípida es una enfermedad que puede afectar tanto a perros como a gatos. Es un problema bastante raro y muy diferente de la diabetes «normal» (la diabetes mellitus, causada por una carencia de insulina, a la que dedicamos una ficha específica).
Los síntomas son escasos y a menudo no nos damos cuenta de que existe un problema si no prestamos atención. Sin embargo, es necesario identificar las causas de esta enfermedad, ya que, debido al mecanismo de aparición de la diabetes insípida, con mucha frecuencia puede deberse a la presencia de un tumor situado en un punto en el que sería muy difícil descubrirlo si no se realizan análisis específicos.
Qué es
La palabra «diabetes» deriva del griego y significa «fluir hacia abajo». Esto hace referencia a dos de los síntomas de la diabetes: la poliuria, es decir, una micción muy abundante, y la polidipsia, es decir, una sed mucho mayor de lo habitual. Parece casi que el animal bebe mucho para después eliminar toda el agua en la orina, como si esta «fluyera» dentro de su cuerpo.
Existe una diferencia importante entre la diabetes mellitus y la diabetes insípida: en esta última, de hecho, la glucemia (cantidad de azúcares en la sangre) es absolutamente normal, al igual que no hay azúcar en la orina, que por tanto no es dulce.
Esta enfermedad se debe, en la práctica, a la incapacidad de concentrar la orina. En los riñones pasa la sangre, que se filtra y de la que se elimina el agua con las sustancias de desecho. Sin embargo, parte del agua se reabsorbe porque sería inútil desperdiciar demasiada, especialmente cuando hay escasez, como en los días especialmente calurosos.
La reabsorción se produce por el estímulo de una hormona llamada ADH u hormona antidiurética. Esta hormona estimula la reabsorción del agua en el riñón, agua que vuelve a la sangre haciendo que la orina esté más concentrada y minimizando el desperdicio.
La ADH se produce en una zona bastante protegida del cerebro: se llama hipotálamo y está en la parte inferior del órgano, debajo de la cual se encuentra una gruesa capa de hueso con una cavidad. La cavidad aloja la hipófisis, una glándula diminuta con forma de gota que produce la mayoría de las hormonas del organismo (y a la que llega la ADH para ser liberada en la sangre).
La diabetes insípida puede deberse a dos causas: la primera es que se produzca menos hormona y, por tanto, se reabsorba menos agua y la orina esté menos concentrada (como consecuencia, el animal bebe más para compensar la pérdida de agua); la segunda es que el riñón se vuelva menos sensible a la hormona, que sin embargo se produce normalmente, y el resultado es el mismo.

Síntomas y consecuencias
En la práctica, los síntomas de esta enfermedad no existen. Los únicos son los que ya hemos descrito: una gran cantidad de orina producida y una sed enorme en condiciones atmosféricas normales.
Una prueba que puede hacerse en casa, solo para valorar las diferencias, es la siguiente: cuando el perro se encuentre bien, ponemos agua por la mañana en un recipiente graduado y por la noche observamos cuánto ha bebido. Repetimos esta operación durante varios días para obtener una media, cuando el perro sea obviamente adulto y no esté creciendo.
Podremos tomar estos valores como referencia cuando queramos saber si el consumo de agua aumenta mucho y comunicárselos al veterinario si se presenta el problema.
Pero ¿por qué hacer todo esto si la enfermedad en sí no provoca prácticamente nada? Para responder debemos hacernos otra pregunta: ¿por qué ha dejado de funcionar de repente la hormona?
Fundamentalmente hay dos causas: la primera es que exista un pequeño tumor en la zona donde se produce la hormona (una zona difícilmente visible «por casualidad»), mientras que la segunda es una causa accidental que ha «alterado» la producción en el cerebro o la respuesta renal. En cualquier caso, es una situación que no debe subestimarse, por lo que conviene hablar con el veterinario para intentar comprender cuál es la causa de la enfermedad y actuar en consecuencia (sobre todo en el caso del pequeño tumor oculto que podría crecer).
El veterinario podrá actuar intentando primero averiguar dónde está el problema, si en los riñones o en el cerebro (administrará hormona sintética y evaluará la orina: si los riñones responden, el problema estará en el cerebro, que no la produce; en caso contrario, estará en el riñón, que es insensible).
En este punto será posible realizar análisis exhaustivos para comprender de dónde procede la enfermedad. Lo importante, como ya se ha dicho, es no subestimar la situación desde el punto de vista del propietario, ya que las consecuencias podrían ser muy, muy graves.

