Para los gatos que viven en casa es muy importante tener la posibilidad de afilarse y acortarse las uñas. En la naturaleza, de hecho, los felinos consiguen mantener la longitud adecuada de sus garras simplemente corriendo sobre superficies rugosas y trepando a los árboles. Solo así podrán defenderse de posibles ataques de otros animales y, sobre todo, serán capaces de cazar presas con unas garras bien afiladas.
Está claro que no todos los gatos domésticos tienen la posibilidad de corretear libremente por el jardín. ¿Y qué puede hacer un gato para recrear en casa un entorno estimulante? Naturalmente, se aprovechará de vuestros muebles.
Quien tiene un gato sabe bien de qué hablamos. Sofás arañados, tapicería agujereada, cestas de mimbre destruidas: este es el escenario típico de una casa habitada por al menos un gato. Y si aumenta el número de inquilinos de cuatro patas, la situación probablemente será aún más evidente. De hecho, los gatos también se “hacen las uñas” para marcar su territorio.
Para resolver este problema bastante molesto, bastará con poner en práctica algunas sencillas medidas.
En primer lugar, será necesario dar un “recortecito” a las uñas de vuestro gato. Durante las visitas rutinarias de control al veterinario, pedidle que lo haga y observad atentamente todo el procedimiento. Los más atrevidos podrán repetir la operación solos en casa, una vez que las uñas hayan vuelto a crecer.
Pero ¿cómo se cortan las uñas al gato?
El gato es un animal poco colaborador, sobre todo si no está acostumbrado a ciertos gestos. Por eso, si acabáis de adoptar un gatito, este es precisamente el momento adecuado para empezar a acostumbrarlo al corte de uñas.
Cuando el gato esté relajado, acercaos con cautela y enseñadle el cortaúñas. Dejad que lo huela, lo examine y entienda qué clase de artilugio diabólico es. Del mismo modo, será importante manipular con frecuencia las patas del gatito. Durante la sesión habitual de mimos, acariciadle también las patas, presionando las almohadillas hasta que la uña quede visible.
Solo así el gato no saldrá corriendo asustado en cuanto os vea con un aparato extraño en la mano y una expresión de película de terror.
Si vuestro gato ya es adulto y queréis probar por primera vez a cortarle las uñas, probablemente necesitaréis algunos intentos más.
Al menos las primeras veces, buscad a alguien que sujete al gato mientras vosotros procedéis al corte. Recordad que el gato no soporta en absoluto sentirse retenido, por lo que deberéis sujetarlo con firmeza, sin exagerar. En la práctica, el gato debe tener la sensación de que intervendréis en cuanto intente moverse, pero sin sentir la presión de vuestras manos sobre el cuerpo.
Si vuestro amigo se niega rotundamente a quedarse quieto e intenta varias veces morderos o arañaros, coged una sábana y envolved con ella el cuerpo del animal, incluyendo naturalmente una de las dos patas. De este modo podréis actuar sobre las uñas de una pata sin que saque las garras de la otra.
Una vez que vuestro gato se haya tranquilizado, sujetadle una pata a la altura de las almohadillas. Si todavía no veis las uñas, no hagáis suposiciones extrañas. Las garras del gato son retráctiles, lo que significa que normalmente están ocultas entre una almohadilla y otra y salen cuando es necesario.
Para conseguir que saque las uñas, presionad ligeramente la almohadilla y mantened esta posición hasta terminar.
En el mercado existen varios tipos de cortaúñas. El mejor debe garantizar un corte rápido y preciso, permitiendo al propietario detenerse a tiempo si el animal siente dolor. Como alternativa, también podéis utilizar un alicate común para pedicura y manicura.
Mirad la uña de lado para poder entender dónde cortar. Examinadla bien a la luz e identificad todas sus características importantes.
La uña se considera larga si termina en un pequeño gancho. Desde la base, podréis observar una pequeña zona central en forma de cono, de color rosa claro. Bien, esa es precisamente el área que debéis evitar por completo, porque está llena de vasos sanguíneos y nervios. Si cortaseis accidentalmente la uña en ese punto, provocaríais un fuerte dolor y una hemorragia abundante.
Lo que debe cortarse es solo la parte blanca de la uña, como haríamos con nuestra manicura. El cortaúñas debe colocarse ligeramente en diagonal respecto a la pata, y el corte debe realizarse de abajo hacia arriba, para que la uña no se astille.
Si vuestro gato no tiene forma de acortarse las uñas por sí solo, el mayor riesgo es que estas crezcan hasta quedar clavadas en la almohadilla inferior. La uña encarnada no solo provoca dolor cada vez que el gato apoya la pata en el suelo, sino que también puede infectarse.
En estos casos, difícilmente el gato se dejará manipular y a menudo la uña está tan engrosada que no sabríais por dónde empezar a cortarla.
Por eso será necesario que intervenga vuestro veterinario, quien podrá actuar rápidamente para detener cualquier posible sangrado.
Qué hacer si el gato “se hace las uñas” en los muebles
Antes de enfadaros con él o de empezar a plantearos la idea de darlo en adopción, pensadlo bien.
El gato, en efecto, necesita enormemente “hacerse las uñas” y, si no tiene ningún otro medio a su disposición, no podrá hacer otra cosa que utilizar lo que encuentre en casa.
Por este motivo, siempre debéis amueblar vuestras casas con objetos específicos para el cuidado de las garras de Fuffi, que podrá destruir sin problemas. Comprad un “rascador” o fabricad uno vosotros mismos con cuerda o cartón.
Si el gato sigue sin hacer caso, podríais probar con sprays repelentes para rociar sobre los muebles que más atraen a vuestro gato o, por el contrario, con sprays atrayentes que hagan más interesantes los “rascadores”.
Recordad que a menudo los pequeños daños que nuestros amigos de cuatro patas causan en casa pueden resolverse fácilmente con medidas sencillas y fáciles de poner en práctica.

