Todos los perros, especialmente cuando son cachorros, atraviesan la típica etapa en la que nos quitan zapatillas, zapatos y calcetines, negándose categóricamente a devolvérnoslos. Un comportamiento así puede deberse a muchos motivos, que analizaremos en este artículo, tratando de comprender cuáles son las soluciones que debemos poner en práctica para evitarlo.
El perro tiene una tendencia innata a buscar y capturar pequeñas presas que encuentra cerca. Si partimos de esta premisa, podremos comprender más fácilmente qué puede impulsarlo a apropiarse de nuestros objetos personales.
En general, mientras se trate de objetos de poca importancia, como zapatos viejos o calcetines agujereados, estos pequeños “robos” no deberían causar grandes problemas. El problema aparece, en cambio, cuando el perro empieza a “robar” zapatillas –todo un clásico–, calzado y prendas nuevas, quizá incluso caras. ¡Admitámoslo, cualquiera de nosotros perdería la paciencia al ver nuestro par de zapatos favorito completamente destruido por los dientes de Fido!
También debemos tener en cuenta que algunos perros tienden a apropiarse de objetos que incluso podrían poner en peligro su salud. Medias, calcetines, objetos pequeños y dispositivos electrónicos -como mandos a distancia y teléfonos móviles-, de hecho, pueden ser ingeridos fácilmente por el perro, que podría sufrir así las peligrosas consecuencias relacionadas con la ingestión de cuerpos extraños.
Pero ¿cuáles pueden ser las razones que llevan al perro a robar estos objetos?
Un punto fundamental que debemos aclarar es que, al contrario de lo que muchos creen, no se trata en absoluto de travesuras que Fido realiza porque quiere “castigarnos” por algo que hemos hecho. Los motivos reales que pueden estar detrás, en cambio, incluyen:
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Tranquilidad: nuestras prendas, sobre todo si las toma del cesto de la ropa sucia, resultan muy interesantes para el perro, precisamente porque están impregnadas de nuestro olor. Esta es la razón por la que la mayoría de los cachorros llevan zapatos y calcetines a su cama para dormir plácidamente con ellos, especialmente cuando no estamos en casa. Es una forma de sentirse seguros y percibir menos la soledad. Lo mismo puede aplicarse a los perros adultos, tanto si adquirieron este hábito de pequeños como si lo aprendieron con el tiempo. Otra situación relacionada con esta explicación es la mucho más difícil ansiedad por separación, para la cual, no por casualidad, uno de los remedios más eficaces consiste en “regalarle” al perro una prenda usada nuestra, para que sienta menos el peso de la soledad;
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Estrés y aburrimiento: estos dos elementos pueden generar una fuerte sensación de frustración en el perro, que puede empezar a desarrollar comportamientos que quizá nunca había mostrado, como robar nuestros objetos. Esto es típico de los perros que salen rara vez y no dedican suficiente tiempo al juego, acumulando así energías reprimidas que pueden desembocar en actitudes “incorrectas” o incluso en trastornos compulsivos;
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Posesividad: algunos perros pueden alcanzar un nivel de territorialidad tan elevado que consideran propio e intocable todo aquello de lo que deciden apoderarse. En estos casos, la señal característica es la tendencia a esconder el “botín”, defendiéndolo incluso con los dientes, en el sentido literal de la palabra;
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Búsqueda de atención: un perro que se siente desatendido suele actuar de forma inapropiada, sabiendo que, si tiene suerte, empezaremos a perseguirlo para recuperar lo que nos ha robado, dando inicio a una persecución divertidísima. En el peor de los casos recibirá una buena reprimenda, que, en cualquier caso, siempre equivale a una forma de atención hacia él, algo que siempre agradece;
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Dentición: los cachorros tienden a mordisquear todo lo que encuentran cerca, especialmente cuando están cambiando los dientes. Generalmente, si destruyen nuestros zapatos –pero también sillas y mesas– solo durante esta etapa y dejan de hacerlo al crecer, podría tratarse únicamente de un problema temporal, que, sin embargo, no debe descuidarse;
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Errores del propietario: ¿y si les dijéramos que la causa de este problema podemos ser precisamente nosotros, los propietarios? A menudo, de hecho, tendemos a darle al perro zapatos viejos y calcetines usados como juguetes, pretendiendo después que Fido consiga entender que solo podrá jugar con esos y no con los demás que hay en casa, que a sus ojos son idénticos.
Qué hacer y qué no hacer
En primer lugar, lo que no debemos hacer bajo ningún concepto es:
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Reñirle: si lo que busca es atención, incluso la reprimenda podría representar una victoria para el perro, reforzando todavía más el comportamiento;
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Perseguirlo: empezar a perseguir al perro con el intento de recuperar nuestros objetos es un error, por la razón que acabamos de ver;
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Dejar que juegue con nuestros objetos: sobre todo si hablamos de un cachorro, enseñarle que es divertido –además de estar permitido– jugar con zapatos y calcetines inculcará en la mente del perro la idea de que también podrá utilizar otros objetos similares con el mismo fin.
En cambio, un recurso excelente a nuestra disposición es el intercambio. Ponerlo en práctica es muy sencillo. Ante todo, debemos conseguir snacks muy apetecibles o uno de sus juguetes favoritos. En cuanto veamos que el perro se ha apoderado del objeto “prohibido”, nos acercaremos con actitud amistosa, le ofreceremos la recompensa y dejaremos que nos devuelva lo que nos ha quitado. De este modo entenderá que, cada vez que le pidamos algo de vuelta, podrá recibir un premio mucho más interesante.
En cuanto al problema de la soledad o de la ansiedad por separación, un buen consejo puede ser ponerse durante unas horas un jersey viejo y después dejarlo en su cama, para que ya tenga algo con nuestro olor, sin necesidad de ir a buscarlo por toda la casa.

