Habéis pasado gran parte de vuestra vida juntos, tú y tu querido perro, pero por fin has encontrado el amor “humano” y has decidido dar el gran paso de iros a vivir juntos. Sin embargo, el idilio que siempre habías soñado se desvanece cuando el querido y dulce Fido, que hasta entonces nunca había gruñido ni siquiera jugando con su peluche, se muestra amenazante con tu pareja y ni siquiera le permite acercarse a la cama. Si el perro siente celos de su dueño, debemos resolver el problema antes de que se arraigue cada vez más. Veamos cómo hacerlo.
¿Por qué el perro se vuelve celoso?
Sin duda, no es solo una cuestión de gran afecto, sino que debemos preguntarnos qué relación hemos establecido con nuestro perro. Muchos propietarios tienden a crear un vínculo casi exclusivo con su amigo de cuatro patas, que inevitablemente se sentirá amenazado por la llegada de un bebé, un novio, un marido, un extraño o cualquier otra persona que invada nuestro espacio personal.
Estas pueden ser las causas, indicando al posible enemigo como B:
-
Fido es tranquilo, quizá también algo mayor, mientras que B es demasiado exuberante y altera la tranquilidad del hogar;
-
B invade repetidamente el espacio de Fido mientras come o duerme;
-
La dueña está embarazada y Fido no permite que nadie se acerque a ella;
-
Fido siempre ha dormido en la cama con su dueño.
El problema de base de muchas actitudes de este tipo está relacionado con un instinto de protección que el perro siente que debe poner en práctica frente a cualquiera que se acerque a su dueño. El caso típico es precisamente el del perro que no permite que el marido se acerque a la cama.
Sin embargo, algunos perros también pueden mostrarse celosos de ambos dueños, aunque de forma alterna. Por ejemplo, si estamos sentados en el sofá con el perro, podría no querer que se acerque la esposa, y viceversa.
La razón por la que esto puede ocurrir está relacionada con el hecho de que el perro se siente amenazado de algún modo y siente la necesidad de manifestar su malestar gruñendo.
Hay quienes sostienen la teoría de la dominancia y quienes prefieren utilizar términos diferentes, como “acreditación”, pero en esencia el concepto es que el perro se siente a merced de sus necesidades e instintos, como un niño que crece sin normas. El resultado siempre se traduce en una gran inseguridad, que lo llevará a ver amenazas incluso donde no las hay.
Qué hacer para ayudar al perro a aceptar a los demás
Evitemos por completo regañar o pegar al perro. Estos métodos ya no se utilizan ni se aceptan, porque atentan contra el respeto al animal y además son contraproducentes. Queremos que nuestro perro nos respete, no que nos tema.
Ante todo, preguntémonos cómo es nuestra relación con el perro. ¿Siempre hemos dormido con él en la cama? ¿Hemos sido siempre los únicos en darle comida, caricias y atención? ¿Lo sacamos siempre nosotros solos a pasear? ¿Lo defendemos contra todo y contra todos, incluso cuando hace alguna travesura? ¿Lo protegemos hasta encerrarlo bajo una metafórica campana de cristal?
Todas estas actitudes son perjudiciales para el equilibrio del perro, que debe vernos como su guía, pero no como el único ser humano digno de confianza que existe en el mundo.
No hay nada malo en dormir con el perro en la cama, siempre que nuestro amigo de cuatro patas se comporte de manera “normal”.
Si empieza a mostrarse agresivo contra cualquiera que se acerque a nosotros y a nuestra cama, quitémosle inmediatamente este hábito y regalémosle una cómoda camita para usar en un lugar tranquilo de la casa.
En cuanto al marido, el niño, el hijo o el extraño, debemos seguir algunos consejos:
-
Cuando Fido intente gruñir, ignorémoslo sin dignarnos siquiera a mirarlo o hablarle. No le peguemos ni le regañemos, pero sobre todo no intentemos acariciarlo o abrazarlo para tranquilizarlo, porque asimilaría el mensaje “si gruño, obtengo algo”;
-
Hagamos que el perro pase más tiempo con B, pero de forma constructiva, por ejemplo con un buen paseo lleno de diversión al menos una vez al día, claramente sin nosotros;
-
Dejemos que B se encargue del momento de la comida, llenando los cuencos del perro y dándole alguna golosina directamente de la mano;
-
Mostremos a B cómo interactuar correctamente con nuestro perro, evitando molestarlo mientras duerme o come, pasar ruidosamente frente a él o incitarlo continuamente a jugar o pedirle atención;
-
Enseñemos a B a leer el lenguaje no verbal de Fido, para poder empezar a comunicarse de la manera correcta;
-
Creemos un rincón de la casa adaptado al perro, donde Fido pueda refugiarse cada vez que no quiera tener extraños alrededor, pero sin que se esconda hasta dejar de dejarse ver. Esto supondría un refuerzo adicional para su miedo, que en cambio debe afrontar;
-
Por divertido que pueda parecer, evitemos las escenas en las que fingimos pegar a nuestra pareja para demostrar a los amigos que nuestro perro está dispuesto a defendernos. Memorizaría el falso ataque como un hecho real, enemistándose aún más con B.
En cualquier caso, un problema de este tipo suele requerir la ayuda de un especialista en comportamiento o un educador, que podrán comprender y resolver la situación antes de que alguien resulte herido.

