Los ojos del perro y del gato pueden sufrir con bastante frecuencia algunos problemas y enfermedades. En la mayoría de los casos, estos se manifiestan mediante una serie de síntomas fácilmente reconocibles incluso para una mirada poco experta. En algunos casos, de hecho, el propietario puede sospechar que su amigo de cuatro patas no ve bien, quizá al darse cuenta solo después de repetidos «accidentes» domésticos. Por eso es importante saber detectar las primeras señales de los problemas de visión de nuestros animales.
Las señales
Los sentidos de los animales están tan desarrollados que pueden compensar perfectamente posibles trastornos o carencias de uno de ellos. Por eso, un gato nacido con visión reducida o ciego podrá correr y saltar libremente, precisamente porque los demás sentidos serán capaces de suplir una visión reducida o ausente.
Sin embargo, este aspecto tan ventajoso para el perro y el gato puede confundir a los propietarios, que a menudo creen que la visión de su amigo de cuatro patas es perfecta, cuando en realidad no es así.
Por lo general, los animales que presentan problemas de visión desde el nacimiento habrán puesto en práctica pronto sus capacidades de adaptación, por lo que, a menos que se trate de un animal visiblemente ciego, al propietario podría resultarle más difícil darse cuenta.
Distinto es el caso de los perros y gatos que, en un momento determinado de su vida, comienzan a manifestar deficiencias visuales, ya que tendrán mayores dificultades para adaptarse a su nueva condición.
Sin embargo, muchos trastornos y patologías oculares que pueden conducir a la ceguera pueden ralentizarse en su evolución o curarse gracias a un diagnóstico precoz. Por este motivo es muy importante que el propietario consiga detectar las señales de los problemas de visión en el perro y el gato.
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Choca a menudo contra los muebles;
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Tiende a moverse menos;
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Se niega a jugar;
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Parece no reconocernos fácilmente;
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No consigue saltar desde cierta altura;
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Camina estirando el cuello hacia delante;
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Tiende a asustarse o a agredirnos cuando nos acercamos.
Para saber si la visión de nuestro amigo de cuatro patas sigue siendo buena, podemos intentar realizar por nuestra cuenta algunas de las pruebas que utilizan los veterinarios.
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Dejemos caer un algodón dentro de su campo visual. ¿Sigue el movimiento con la mirada?
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Coloquemos unos obstáculos en una habitación y hagámoslo caminar por el recorrido. ¿Los evita o tropieza?
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Agitemos rápidamente una mano delante de sus ojos, sin acercarnos demasiado para evitar que pueda captar nuestros movimientos con las vibrisas. ¿Cierra los ojos y se aparta?
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Encendamos una luz bastante intensa y dirijámosla hacia su cara. ¿Parece molestarle?
Si el resultado de estas pruebas es siempre negativo, probablemente la visión de nuestro animal esté reducida.
Las causas de los problemas de visión
Si nos damos cuenta de que nuestro amigo de cuatro patas ya no ve bien, debemos acudir inmediatamente a nuestro veterinario. Mediante una exploración minuciosa, podrá comprobar si nuestras sospechas están fundadas o no.
Entre las principales causas que pueden provocar problemas de visión encontramos:
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Edad: al igual que ocurre con las personas, también en los animales mayores la visión puede reducirse con el paso del tiempo;
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Cataratas: es un problema muy frecuente, sobre todo en el perro y el gato ancianos. El ojo se vuelve opaco y la visión del animal se reduce. Está causado por la opacificación del cristalino, una parte importante del ojo necesaria para enfocar las imágenes. Casi siempre requiere una intervención quirúrgica, tras la cual la visión puede recuperarse;

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Diabetes: esta enfermedad puede provocar graves problemas de visión en el animal. De hecho, los sujetos diabéticos no consiguen utilizar adecuadamente la glucosa, por lo que esta se acumula en el interior de los vasos sanguíneos, sobre todo en los más pequeños, como los capilares del ojo, dañándolo;
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Glaucoma: es una enfermedad ocular que se produce cuando aumenta la presión en su interior. Si se trata a tiempo, puede no provocar ceguera;
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Uveítis: es una fuerte inflamación del ojo, especialmente de la parte blanca, donde se encuentran principalmente los vasos sanguíneos. Si no se trata puede provocar ceguera;
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Problemas de la retina: la retina es una estructura fundamental para la visión, porque está atravesada por los nervios. Su desprendimiento o un daño en ella son casi siempre irreversibles e incurables;
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Neoplasias: también el ojo y las estructuras circundantes pueden verse afectados por tumores;
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Infecciones: algunos virus, como el de la peritonitis infecciosa felina (FIP) en el gato o el virus del moquillo en el perro, pueden causar graves daños en los ojos;
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Accidente cerebrovascular: los animales que han sufrido problemas en los vasos sanguíneos del cerebro, como un ictus, pueden padecer graves consecuencias, entre ellas ceguera o reducción de la visión;
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Traumatismos: este término se refiere a numerosos accidentes que pueden ocurrirles a nuestros animales, desde arañazos y lesiones oculares hasta malos tratos y accidentes de tráfico. Todas estas situaciones pueden dañar el ojo o las partes del cerebro necesarias para una buena visión.
Estas son solo algunas de las causas que pueden provocar problemas de visión en los animales. Acudamos siempre al veterinario para recibir un diagnóstico adecuado, indispensable para intervenir a tiempo.

