¿Cuántas veces nuestros padres nos han insistido en la importancia de las verduras? Pues bien, lo mismo se aplica también a nuestros amigos de cuatro patas. La fibra contenida en la fruta y la verdura, de hecho, desempeña funciones extremadamente beneficiosas para la salud del intestino y de todo el organismo.
Las fibras forman parte de la familia de los carbohidratos, conocidos también simplemente como azúcares. En particular, los carbohidratos pueden dividirse en dos grandes grupos:
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Carbohidratos no estructurales: se encuentran en el interior de las células vegetales, tanto como azúcares muy simples (glucosa, fructosa, lactosa, etc.), como en forma de moléculas más complejas, como los oligosacáridos y el almidón. Una vez ingeridos, después de ser eventualmente reducidos a moléculas muy pequeñas (como en el caso del almidón), pueden ser absorbidos por el intestino, constituyendo una importante fuente de energía para el organismo;
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Carbohidratos estructurales: también se denominan “fibras” e incluyen diversas sustancias (celulosa, pectina, lignina, FOS y MOS) que constituyen la pared de las plantas, proporcionándoles soporte y rigidez. Se diferencian de los carbohidratos no estructurales en que no pueden ser digeridos de ninguna manera ni por el ser humano ni por los animales, pero pueden ser utilizados por la flora microbiana intestinal para la salud y el buen funcionamiento del intestino.
Los carbohidratos estructurales no pueden ser digeridos por ningún organismo animal, por lo que atraviesan sin dificultad el estómago y el intestino delgado hasta llegar al intestino grueso. Aquí encuentran muchísimas bacterias, hongos y protozoos “buenos”, que forman parte de la flora microbiana intestinal. Estos microorganismos nunca deben faltar en nuestro aparato digestivo, ya que sirven tanto para evitar que las bacterias y los virus “malos” puedan imponerse como para mantener el intestino sano. Cuando las fibras entran en contacto con la flora microbiana, las bacterias “buenas” consiguen fermentarlas, produciendo muchas sustancias beneficiosas, sobre todo ácidos grasos volátiles (ácido acético, ácido propiónico, ácido butírico), que son absorbidos por las células que recubren el intestino grueso.
Estas células utilizan los ácidos grasos volátiles como fuente de nutrientes, esencial para poder reproducirse. Cuando el revestimiento del intestino está sano, consigue desempeñar correctamente su función de eliminar el exceso de agua del interior del intestino; esta acción ahorra líquidos útiles para el organismo y garantiza la consistencia adecuada de las heces. Todo ello resulta muy útil tanto en caso de estreñimiento como de diarrea. Además, puede representar una solución para permitir que el perro vacíe constantemente por sí solo las glándulas perianales, gracias al mayor volumen de las heces, previniendo así la inflamación de estas glándulas.
Al mismo tiempo, también se garantiza el suministro de nutrientes a las células del sistema inmunitario situadas bajo el revestimiento intestinal. De este modo, el organismo permanece siempre alerta y reactivo frente a posibles amenazas de bacterias y virus “malos”.
Además de estas importantes funciones, las fibras también son fundamentales para otros aspectos. Sin embargo, para comprenderlos, primero hay que distinguirlas en dos categorías:
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Fibras solubles (pectina, FOS y MOS)
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Fibras insolubles (celulosa)
Las fibras solubles comprenden sobre todo la pectina, los FOS y MOS. La pectina se encuentra en gran cantidad en las manzanas y en la fina piel blanca de los cítricos, pero también en muchísimos otros vegetales. Los FOS los
encontramos en las alcachofas, los espárragos, la cebolla, el ajo, las legumbres y los plátanos, mientras que los MOS constituyen la pared de las levaduras. Su característica más importante es que, al ser solubles, al entrar en contacto con el agua presente en el estómago y el intestino se hinchan, creando soluciones gelatinosas. Esta peculiaridad aporta varios beneficios:
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Aumentan la sensación de saciedad: son excelentes para perros y gatos con sobrepeso y obesidad, ya que esta sustancia que se hincha en el estómago hace que la sensación de saciedad aparezca antes y dure más tiempo;
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Reducen la absorción de nutrientes: al ralentizar el vaciado del estómago, los nutrientes presentes en los alimentos pasan más lentamente al intestino, por lo que serán absorbidos por la sangre de forma menos rápida. Esto es especialmente ventajoso para perros y gatos diabéticos, ya que la glucemia se mantiene constante incluso después de la comida.
Los FOS y los MOS, además de por estas características, son conocidos sobre todo por su función como prebióticos, es decir, sustancias que no se digieren, pero contribuyen a la salud del intestino y del organismo gracias a su acción beneficiosa sobre la flora microbiana intestinal, como hemos visto detalladamente en el artículo dedicado a los prebióticos.
Las fibras insolubles, en cambio, sobre todo la celulosa, son utilizadas muy bien por los herbívoros (bovinos, ovinos, caballos), que poseen una flora intestinal especializada, pero no por el perro y el gato. Sin embargo, se añade cierta cantidad de fibras insolubles (pulpa de remolacha) a la dieta para mejorar el tránsito intestinal. De hecho, estos carbohidratos no se digieren ni se fermentan en el perro y el gato, por lo que actúan como “lastre”, presionando las paredes y estimulando el tránsito. Este aspecto resulta útil en caso de estreñimiento.
Por este motivo, es importante proporcionar al perro y al gato la cantidad adecuada de fibra cada día. La mayoría de los alimentos comerciales ya presenta un buen aporte de fibra, pero es posible administrar suplementos específicos cuando sea necesario, siempre siguiendo el consejo del veterinario.

