Se denominan de muchas maneras diferentes, juegos de inteligencia, interactivos o de activación mental, pero el concepto en el que se basan estos ejercicios es siempre el mismo: estimular al perro para que se concentre y desarrolle sus habilidades intelectuales. Pero ¿cuáles son los juegos de activación mental y cómo se utilizan?
Para qué sirven
Los juegos de activación mental, como su nombre indica, tienen precisamente el objetivo de estimular la inteligencia natural del perro. Todos los perros, de hecho, están dotados de un cerebro especialmente intuitivo, un factor que les permite aprender las órdenes de su dueño, convirtiéndose a todos los efectos en los mejores amigos del hombre.
Sin embargo, esta habilidad debe cultivarse de la manera adecuada; de lo contrario, corre el riesgo de transformarse en un arma inutilizada. Dicho de forma más sencilla, si no vamos al gimnasio, difícilmente nuestros bíceps se volverán tonificados y definidos. Lo mismo ocurre con nuestro cerebro y el del perro, que necesita un entrenamiento constante para funcionar al máximo de sus capacidades.
Para ello intervienen, por un lado, la educación, que puede compararse con la formación escolar de los niños, y por otro, los juegos de inteligencia, que desarrollan las habilidades mentales del perro y le permiten divertirse, exactamente como los numerosos juguetes infantiles que se encuentran en las tiendas.
En concreto, el objetivo de los juegos de activación mental es:
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Ayudar al perro a encontrar de forma autónoma la solución a los problemas (problem solving), recibiendo a cambio una recompensa (un elogio del dueño o un snack escondido en el juego);
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Ayudar al perro a aceptar más fácilmente los momentos en los que se queda solo en casa, previniendo problemas como la ansiedad por separación;
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Encontrar un pasatiempo exigente para los perros hiperactivos o con trastornos compulsivos;
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Aumentar su autoestima y la seguridad en sí mismo;
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Mantener bajo control el estrés, el aburrimiento y la depresión;
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Potenciar la capacidad de razonamiento autónomo.
Además, siempre habría que tener presente que el ejercicio físico activa el cuerpo y la mente del perro, provocando un estado de excitación que necesariamente deberá volver a la calma una vez terminado el juego o cuando el animal se ponga demasiado eufórico. Traducido a términos más sencillos, cuando jugamos al tira y afloja con el perro, el hecho de simular una cacería lo excitará inmediatamente. Para evitar que se sobreexcite, fatigando la mente y el cuerpo, deberíamos alternar el juego más físico con otro más mental, deteniéndonos para pedirle una orden (como “pata” o “tumbado”) o escondiendo el juguete para que lo busque, pero también introduciendo un juego de activación mental.
Los principales juegos de inteligencia
Los juegos de activación mental pueden comprarse en tiendas de animales o por internet, pero también podemos decidir hacerlos nosotros mismos. Estas son las principales tipologías:
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Juguetes masticables: hablamos de un término medio entre un simple pasatiempo y un juego de inteligencia. Estos juguetes pueden rellenarse con comida, por lo que el perro tendrá que entender cómo desenroscar el tapón o mover el objeto para hacer salir el contenido. El ejercicio no será muy ingenioso, pero puede ser excelente sobre todo para los cachorros o para los perros que tienden a ladrar o destruir la casa cuando se quedan solos. Además, este tipo de juego tiene otras dos ventajas. La primera es que favorece la salud dental, porque el perro podrá masticarlos con total seguridad. La segunda está relacionada con otro problema común, el de los perros que comen demasiado rápido, ya que con estos juegos tendrán que esforzarse durante mucho tiempo para poder ingerir toda la comida que contienen;
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Tableros interactivos: son pequeñas tablas que presentan distintas trampas, debajo de las cuales puede esconderse la comida. Por ejemplo, podemos encontrar pequeños conos que se levantan o botones que hay que pulsar, conectados a pequeños cajones situados debajo, donde se introduce la comida;
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Puzles: sí, también existen puzles para perros. Son tableros de madera o plástico que presentan una serie de piezas móviles que el perro puede deslizar horizontal o verticalmente con la pata y el hocico, descubriendo pequeños trozos de comida escondidos debajo de algunas piezas;
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Juegos caseros: hay muchísimas ideas, empezando por un simple vaso de plástico transparente debajo del cual pondremos comida. El perro tendrá que entender cómo volcar el vaso para liberar los snacks. Consulta los numerosos tutoriales disponibles en internet para obtener más ideas, incluso más complejas.
Cómo utilizarlos
El primer aspecto, y muy importante, que hay que comprender sobre los juegos de activación mental es que se trata de algo que el perro debe resolver por sí solo. Se llama “problem solving” precisamente porque el animal debe ser capaz de afrontar el problema con total autonomía, encontrando una solución para obtener su recompensa en forma de comida. Por eso es fundamental que el dueño permanezca en su sitio, animando al perro si es necesario, pero sin mostrarle nunca la solución. ¿Creéis que confía más en sus capacidades un niño al que sus padres han guiado para hacer los deberes o uno al que simplemente se los ha hecho su madre?
Otro factor importante está relacionado con el hecho de que debemos ofrecer al animal un juego adecuado a sus gustos y a sus capacidades. Si nuestro amigo se aburre con los juguetes masticables rellenos de comida, podríamos ofrecerle como alternativa un puzle. Lo mismo ocurre con las capacidades intelectuales del perro. Si presentamos a un perro que no está acostumbrado a este tipo de cosas un tablero interactivo complejo, nunca entenderá cómo alcanzar la comida y, en lugar de sentirse más seguro de sí mismo, se sentirá aún más frustrado.
Además, teniendo en cuenta que se trata de juegos que el perro debe realizar solo, deberíamos limitar nuestras interacciones con él, como haríamos, por ejemplo, con el tira y afloja. Por tanto no debemos anunciar el inicio del juego con un “¡ya!”, sino simplemente mostrarle que ese podrá ser su pasatiempo durante los próximos minutos.
Y si el perro, al no conseguir resolverlo, nos pidiera ayuda, debemos animarlo con una actitud positiva, mostrándole que estamos a su lado, pero que no podemos revelarle la solución. Más bien, permanezcamos en silencio para no distraerlo.
Si transcurren más de 15-20 minutos y el perro no parece encontrar ninguna solución, evitemos continuar, porque podría sentirse frustrado. Podemos, por ejemplo, ofrecerle un juego más sencillo que quizá ya conozca.
Por último, recordemos siempre que, una vez resuelto el juego, el perro ya habrá obtenido su recompensa, que consiste en la comida y en el hecho mismo de haber encontrado una solución por sí solo; por tanto, mantengámonos neutrales, sin llenarlo de elogios, acariciarlo ni darle más comida.

