Uno de los comportamientos más insólitos de nuestros perros es, sin duda, comer sus propias heces o las de otros animales. Esta actitud se llama coprofagia y es típica sobre todo de los cachorros, que ingieren todo lo que encuentran al alcance de sus dientes, incluidas sus propias deposiciones. Pero ¿cuáles son las causas y qué se puede hacer para evitar que el perro coma heces?
Las causas
Las razones que pueden impulsar al perro a adoptar un comportamiento de este tipo son diversas. Por lo general, se pueden distinguir algunas motivaciones principales:
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Exploración del entorno: los cachorros son un poco como los niños, por lo que tienen una necesidad extrema de tocar, oler y morder todo lo que es nuevo para ellos. Entre los “objetos” que más despiertan su curiosidad encontramos sobre todo las heces. Este puede ser uno de los motivos que impulsa a los cachorros a ingerirlas, especialmente si el comportamiento se produce raramente y tiende a desaparecer con el tiempo;
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Trastorno del comportamiento: en algunos casos, tanto los cachorros como los perros adultos pueden comer sus propias heces en un intento de ocultárselas al propietario. Esta actitud se caracteriza por la ingestión inmediata justo después de la eliminación y suele producirse cada vez que el perro hace sus necesidades. La razón de un comportamiento así debe buscarse sobre todo en cómo hemos gestionado el momento crítico de las “necesidades” en casa. Todos los cachorros necesitan tiempo para aprender a no hacer caca ni pis dentro de casa. Si, después de sorprenderlos, los hemos castigado sin ofrecerles una alternativa válida, probablemente hayan desarrollado miedo al castigo, asociado al hecho mismo de hacer sus necesidades, sin importar dónde. Por este motivo, cada vez que nuestro perro tenga ganas, intentará ocultarlas para no ser castigado;
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Búsqueda de atención: los cachorros y los perros adultos que no reciben suficiente atención por parte del propietario pueden practicar la coprofagia precisamente para recibir la atención que tanto desean, aunque se arriesguen a recibir una buena reprimenda;
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Aburrimiento: algunos perros pueden ingerir sus propias heces porque no tienen nada mejor que hacer, por lo que intentan pasar el tiempo de maneras no precisamente elegantes;
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Ansiedad y trastornos obsesivo-compulsivos: los perros especialmente ansiosos y estresados pueden ingerir sus propias heces para exteriorizar sus estados de ánimo negativos. Si la situación se prolonga durante muchos meses, puede transformarse en un verdadero trastorno obsesivo-compulsivo;
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Carencias nutricionales: en algunos casos, las heces pueden contener sustancias nutritivas no digeridas por completo. El olfato del perro es muy superior al nuestro, por lo que puede percibir que en sus propias heces o en las de otros animales todavía queda algo comestible y aprovechable. No es casualidad que una de las situaciones más frecuentes sea la de los perros que viven en centros ecuestres o explotaciones ganaderas, que a menudo ingieren las heces de caballos y bovinos, ricas en sustancias nutritivas;
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Problemas de salud: el perro también puede comer sus propias heces cuando existen problemas de salud, especialmente del páncreas, el estómago y el intestino. En estos casos, los alimentos no se digieren correctamente, por lo que muchas sustancias nutritivas se eliminan intactas junto con las heces, que así se vuelven apetecibles y útiles desde el punto de vista alimentario;
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Conducta materna: la madre ingiere siempre las heces de sus pequeños, tanto durante la limpieza y el aseo de los cachorros como para hacer desaparecer sus huellas ante posibles depredadores.
Qué hacer
En primer lugar, es fundamental no regañar nunca al perro cuando esté comiendo sus propias heces o las de otros animales. Podría reaccionar reforzando este comportamiento, sobre todo si se trata de un perro que se siente desatendido. Nuestra reprimenda sería considerada, en cualquier caso, como atención, algo que siempre resulta agradable para un perro.
Además, como ya hemos explicado, castigar al perro cada vez que hace sus necesidades dentro de casa no haría más que estimularlo aún más a comer sus propias heces. En su lugar, pongamos en práctica todos los consejos para enseñarle que las necesidades deben hacerse fuera de casa.
Evitemos que nuestro amigo de cuatro patas se aburra. Proporcionémosle siempre sus juguetes preferidos, sobre todo cuando salgamos. Son especialmente buenos los juegos de inteligencia, el remedio ideal para combatir el aburrimiento, porque mantienen la mente del perro ocupada durante mucho tiempo y suelen ser especialmente apreciados. También servirá un juguete especial que pueda rellenarse con comida apetitosa.
Otro consejo importante es prestar atención a la alimentación del perro. Una dieta desequilibrada o insuficiente para sus necesidades diarias podría ser la causa de la coprofagia. Los piensos o las dietas caseras no equilibradas no se digieren por completo, por lo que las heces del perro podrían contener todavía residuos “útiles”, haciéndolas apetecibles.
Escojamos, por el contrario, un alimento completo, de excelente calidad y altamente digestible, siguiendo las raciones indicadas en el envase o por el veterinario, según la edad, el peso y el tamaño del animal.

