Este tema es bastante delicado para los propietarios de perros, que preferirían evitar que su animal llevara bozal en cualquier circunstancia. Afortunadamente, los lugares en los que existe la obligación de llevar bozal son realmente pocos, aunque puede ser limitante no visitarlos con nuestro amigo de cuatro patas solo porque no sabemos cómo ponérselo o nos horrorizamos ante la simple idea de tener que utilizarlo. Intentemos, por tanto, aclarar un poco las cosas para entender qué tipo usar, cómo colocarlo y cuándo es obligatorio.
Qué tipo de bozal elegir
Cuando hablamos de bozales, inevitablemente muchos pensamos inmediatamente en los aparatos de antaño, más parecidos a un instrumento de tortura que a un accesorio para animales. En realidad, con el paso de los años los bozales se han rediseñado y fabricado para que sean más fáciles de colocar y aceptables para el perro.
En el mercado se venden muchos tipos de bozal, para todas las necesidades y gustos.
El principal es el bozal de plástico, diseñado para crear una rejilla alrededor del hocico del animal. El mismo tipo también puede comprarse de hierro, sin duda menos agradable estéticamente, pero igualmente funcional.
El bozal de rejilla es sin duda el más indicado, porque puede impedir posibles agresiones y, al mismo tiempo, permite al animal respirar correctamente abriendo la boca. Desafortunadamente, sin embargo, estos bozales no son especialmente seguros en cuanto a mordeduras, porque su comodidad hace que el perro pueda quitárselos fácilmente con un golpe de pata. Por eso es muy importante elegir la talla adecuada, para asegurarse de que se ajusten lo máximo posible al hocico del animal.
Otro bozal bastante extendido es el de nailon. Su forma es claramente diferente de la de tipo jaula, ya que está compuesto por una especie de funda con abertura delantera y trasera que aprieta el hocico del perro. Desde el punto de vista estético es sin duda más bonito y ofrece una excelente protección frente a posibles agresiones. Sin embargo, no es el mejor para el bienestar del animal, ya que impide completamente abrir la boca.
Esto inevitablemente se traduce en mayores dificultades para respirar, teniendo en cuenta que los perros respiran sobre todo por la boca. Además, en ambientes calurosos o después de la actividad física, la temperatura corporal del animal podría aumentar considerablemente, porque el exceso de calor se elimina principalmente respirando con la boca abierta.
También existen bozales de cuero especialmente resistentes, diseñados expresamente para perros con mayor tendencia a morder. Se trata de un sistema de hebillas y tiras de cuero, con o sin abertura delantera, fabricado para poder envolver también la parte superior de la cabeza del animal, proporcionando una mayor sujeción.
Por último, encontramos uno de los bozales más recientes y discutidos, el de pico de pato. Se trata de una solución bastante práctica para el perro, fabricada con materiales semirrígidos similares a la silicona, con una abertura delantera más amplia. Estéticamente no son lo máximo, pero pueden utilizarse sobre todo con perros de tamaño pequeño y mediano que no sean especialmente agresivos.
Si, por el contrario, no consiguen aceptar la idea del bozal y su perro nunca ha mostrado signos particulares de agresividad, cuando sea necesario podrían optar por un sistema de tiras de tela suave, que envuelve una parte mínima del hocico del animal y le permite respirar libremente.
Cómo acostumbrar al perro a llevar bozal
Esta operación debería realizarse desde los primeros meses de edad del cachorro, periodo que ofrece una mayor capacidad de adaptación y aprendizaje. En cualquier caso, si nunca lo han hecho antes o han adoptado un perro adulto, siempre podrán empezar a acostumbrarlo siguiendo algunos consejos.
El bozal, de cualquier tipo y material, inevitablemente molestará a un perro que no esté acostumbrado a llevarlo. Sin embargo, con un poco de práctica puede llegar a acostumbrarse. Intentemos, por tanto, hacerlo interesante a sus ojos, pero sobre todo a su olfato.
Las primeras veces seguramente será más sencillo y cómodo para el animal utilizar el bozal de jaula, que, como hemos explicado antes, no impide abrir la boca ni respirar correctamente.
Un buen consejo es conseguir uno, quizá algo viejo, y cortar la parte delantera. De este modo será más fácil realizar los pasos siguientes. Coloquemos un premio delante de la abertura que hemos hecho en el bozal y pongámoslo delante del perro. Hagamos que, para obtener el premio, introduzca el hocico dentro del bozal, sin cerrarlo.
Continuemos así varias veces, hasta que el perro se haya acostumbrado. Solo entonces podemos intentar cerrar el bozal detrás de la cabeza del animal, dándole otros premios. Mantengámoslo puesto solo unos segundos y repitamos estos pasos varias veces.
Como alternativa, podemos utilizar el bozal como si fuera un cuenco para la comida. Llenémoslo de galletas, premios o trozos de pollo o queso y dejemos que el perro coma sacándolos directamente del bozal.
Intentemos repetir esta operación durante varios días, hasta que el perro se acostumbre completamente a asociar el bozal con la comida. Solo entonces podemos intentar colocárselo en el hocico, dejando dentro la comida.
En ambos casos, llegado un momento el perro será capaz de relacionar la presencia del bozal con algo agradable, representado precisamente por la comida, por lo que podrá aceptarlo más fácilmente. Para facilitar el proceso, siempre es recomendable utilizar un bozal de jaula y llevar quizá durante los paseos uno de nailon, menos voluminoso.
Por último, otro consejo es evitar ponerle el bozal al perro solo en ocasiones excepcionales. Más bien, aunque sea durante pocos segundos al día, intentemos que lo lleve utilizando el método de los premios, para evitar que deje de acostumbrarse a usarlo.

