La torsión de estómago es una de las enfermedades caninas que aparece y debe tratarse con mucha rapidez. Es una coincidencia de factores entre los que se encuentran la raza, la comida que damos al perro y la velocidad con la que la ingiere.
Los criadores de perros de raza conocen muy bien esta patología y ya en el momento de comprar el perro procuran aconsejar a los compradores o, en ciertos casos, aplican medidas preventivas; para quien no conozca la enfermedad, es importante saber reconocer sus síntomas y, sobre todo, saber cómo evitarla para no poner en peligro la vida del propio perro.
Qué es la torsión de estómago
La torsión de estómago es, como indica su propio nombre, el estómago que gira sobre sí mismo. El estómago del perro es un «saco» que tiene un tubo de entrada, el esófago, y un tubo de salida, el intestino. Si gira sobre sí mismo, las dos salidas se retuercen y los gases que se producen (que normalmente se eliminan mediante eructos o flatulencias) permanecen dentro y lo hinchan.
El primer factor que predispone a la enfermedad es la laxitud de los ligamentos: el estómago se mantiene en su sitio mediante unas «cuerdas», los ligamentos que lo sujetan. Si estas cuerdas son demasiado largas, tiende a moverse demasiado. Y si añadimos otro factor de predisposición, el tórax ancho típico de algunas razas como el gran danés y el San Bernardo, vemos que el estómago tiene cierta posibilidad de moverse dentro del abdomen.
Luego está la comida: igual que una bolsa de la compra gira mejor sobre sí misma cuanto más llena está, lo mismo hará el estómago. El pienso es, en este sentido, el alimento más peligroso porque está seco, pesa bastante y estimula la sed, lo que hace que el estómago pese aún más. Lo último son los saltos: si después de que el perro haya comido mucho se pone a jugar, quizá saltando, el estómago estará en movimiento continuo y será muy probable que gire sobre sí mismo.
Cuáles son los síntomas
Al principio el animal no siente dolor, pero transcurridos unos treinta minutos la hinchazón del estómago, debida a que los gases no pueden expulsarse, empezará a provocar arcadas. Sin embargo, son arcadas «secas»: el perro no vomitará porque, claramente, la comida está «atrapada» en el estómago.
El abdomen se hinchará cada vez más y también será visible desde el exterior: el perro empezará a agitarse e intentará ponerse de pie sin conseguirlo; de hecho, esta situación provoca problemas en la circulación sanguínea. Observaremos respiración agitada, salivación muy abundante y una frecuencia cardiaca altísima, hasta que las mucosas de la boca adquieran un color blanco azulado: el perro debe ser llevado inmediatamente al veterinario, preferiblemente a una clínica, quizá llamando cuando salgamos de casa para que, al llegar, el quirófano esté ya preparado. Si no lo hacemos, nuestro amigo corre el riesgo de morir por colapso cardiocirculatorio.

Cómo se trata y cómo se previene
Si vuestro perro ya está sufriendo una torsión, por desgracia, aparte de correr no hay mucho más que hacer. Solo un cirujano podrá resolver la situación, abriendo físicamente el abdomen y recolocando el estómago en su posición original, para que los gases puedan expulsarse. A partir de ahí será necesario un tratamiento de recuperación que indicará el propio cirujano.
En cuanto a lo que pueden hacer los propietarios, es sin duda evitar que este tipo de patología llegue a producirse.
Una solución es la gastropexia preventiva, es decir, someter al propio perro a una intervención con finalidad preventiva: el estómago se fijará a la pared abdominal y, de este modo, se reducirá al mínimo el riesgo de que pueda girar.
Si no queréis o no podéis realizar una intervención quirúrgica de este tipo, podéis seguir las sencillas reglas «clásicas»: no dar mucho alimento al perro una vez al día, sino darle menos cantidad repartida en 2-3 comidas a lo largo del día; si tenéis que darle mucho alimento, no le deis pienso, sino algo húmedo, que le incite a beber menos y sea más digestible.
Por último, una regla siempre válida: si el perro quiere jugar después de comer, ignoradlo y no le sigáis el juego. La comida favorece el descanso, y veréis que después de pocos minutos se tumbará y empezará a dormir.
Con algunas sencillas precauciones podemos prevenir, de hecho, una de las enfermedades más peligrosas para la vida de nuestro perro.

