La ictericia no es propiamente una enfermedad. De hecho, puede definirse como un síntoma, como el vómito, la diarrea o la orina roja con sangre. Sin embargo, no se trata de algo tan evidente, sino de una situación bastante insidiosa, y para intentar comprender a qué se debe hemos decidido escribir esta ficha.
La ictericia es la presencia de una coloración amarillenta de las mucosas. Principalmente se vuelven amarillas la esclerótica («la parte blanca del ojo»), el interior del labio, la lengua y la piel, si es visible en zonas donde hay poco pelo. Y es una situación anormal, en la que conviene hacer algunas observaciones para comunicárselas al veterinario y comprender dónde está el problema.
Qué es la ictericia
La ictericia es la presencia anómala de hemoglobina en la sangre.
La hemoglobina es una sustancia coloreada que normalmente se encuentra en el interior de los glóbulos rojos, las células del cuerpo del animal cuya función es transportar oxígeno en la sangre. Los glóbulos rojos, cuando llegan aproximadamente a los 100 días de vida, se destruyen y esta sustancia es recogida por el hígado, que la convierte en bilis, una sustancia útil para la digestión de las grasas.
El problema aparece cuando el hígado no consigue «procesar» la bilirrubina (el nombre que recibe la hemoglobina cuando ya no está en el glóbulo rojo) o no logra enviarla al intestino. El síntoma será siempre el mismo, sea cual sea la causa, porque esta sustancia se acumula en las mucosas y las colorea.
Ictericia prehepática
Se habla de ictericia prehepática cuando el problema no se debe a que el hígado no consiga «procesar», sino a un problema situado antes. Este problema es la destrucción excesiva de los glóbulos rojos, que liberan demasiada hemoglobina y el hígado, por razones de cantidad, no consigue procesarla toda a la vez. La que procesa, puesto que el hígado funciona, acaba íntegramente en la bilis.
La destrucción de los glóbulos rojos no es algo que deba tomarse a la ligera, porque podría deberse a ciertos tipos de veneno, a algunos medicamentos o a determinadas enfermedades autoinmunes (el organismo atacándose a sí mismo) o infecciosas. En cualquier caso, el hígado está bien, y lo sabemos porque la orina es de color normal (amarillenta) y las heces también son normales.
Además, en estos casos el animal tendrá fiebre y estará abatido, y estos síntomas, junto con la ictericia, deberían ser una señal de alarma muy importante.
Ictericia hepática
Se habla de ictericia hepática cuando el problema depende directamente del hígado, que no consigue «procesar» la hemoglobina, que se acumula así en la sangre. La hemoglobina procesada puede volver también a la sangre (en lugar de ir a la bilis) porque el hígado funciona poco.
Si el problema es una enfermedad infecciosa del hígado, la ictericia aparecerá rápidamente; si, en cambio, se debe a una insuficiencia hepática (una enfermedad del hígado), la veremos de forma más lenta, y el primer órgano en ponerse amarillo será el ojo (la parte blanca).
Cuando hay ictericia hepática significa que existe un problema en el hígado, por lo que es necesaria una consulta; si la ictericia aparece rápidamente puede deberse a una enfermedad y tendremos síntomas como fiebre y abatimiento; si es lenta, podemos no observar otros síntomas (además de la ictericia), porque podría deberse a una fibrosis.
Observamos que la orina, en este caso, es más oscura de lo normal (la bilirrubina procesada que retrocede desde el hígado puede acabar en la orina), mientras que las heces son de color normal.
Ictericia poshepática
El último caso de ictericia se produce cuando el problema no está antes ni en el hígado, sino después: la bilis producida por el hígado no consigue llegar al intestino y, al no poder avanzar, retrocede.
El problema es una obstrucción de las vías biliares, que conectan el hígado con el intestino; puede haber cálculos, pequeñas piedras que bloquean el paso, o una infección grave o, incluso, tumores que crecen.
En cualquier caso, la bilirrubina procesada vuelve forzosamente a la sangre y la vemos en la orina, que es oscura; sin embargo, el cambio principal lo observamos en las heces que, en lugar de ser marrones, serán amarillentas, muy pálidas. La bilis es, de hecho, la sustancia que da principalmente a las heces su color típico y, si no está presente, tendrán un color muy diferente.
Por estas características y por la presencia de ictericia podemos comprender que el problema está después del hígado.
Observar estas características es útil para ayudar al veterinario a realizar un diagnóstico lo más rápido posible y salvar, en ciertos casos, la vida de nuestro amigo de cuatro patas.

