Cómo ayudar al perro y al gato a superar el miedo al veterinario

Cómo ayudar al perro y al gato a superar el miedo al veterinario

Admitámoslo, todavía hoy muchos de nosotros seguimos teniendo miedo con solo oír mencionar al dentista. Entonces, ¿por qué no debería aplicarse lo mismo a nuestros amigos de cuatro patas, que a menudo no están precisamente encantados con la idea de ir al veterinario? Que Fido y Fuffi se muestren intimidados ya al ver la puerta de entrada de la clínica es absolutamente normal, pero esto puede representar un problema si la aprensión se transforma en miedo o ansiedad.

Cuándo la situación se vuelve preocupante

Por mucho que un veterinario se esfuerce por parecer amable con los animales, a sus ojos siempre seguirá siendo una persona armada con jeringas y otros instrumentos muy molestos. El miedo al veterinario es un aspecto absolutamente normal y comprensible, pero dentro de ciertos límites. Mientras el problema se limite al intento de ronroneo o a la vocalización, podemos tratar de tolerarlo.

gatto paura terrore veterinarioDebemos empezar a preocuparnos, en cambio, cuando la tensión se vuelve tan fuerte que desemboca en ansiedad y verdaderos ataques de pánico, que se manifiestan con:

  • Respiración muy acelerada

  • Taquicardia

  • Agresividad

  • Maullidos y ladridos incesantes

  • Temblores muy fuertes

  • Respiración con la boca abierta en el gato

  • Aumento de la temperatura

  • Incontinencia urinaria y fecal

¿Qué podemos hacer para ayudar a nuestro amigo de cuatro patas?

Cuando incluso una simple visita al veterinario se convierte en una fuente de gran estrés para el perro y el gato, no nos queda más remedio que poner en práctica algunas estrategias para ayudarles a aliviar la tensión. Afortunadamente, las opciones a nuestra disposición son bastante numerosas:

  • Mantengamos la calma: este es el primer consejo fundamental. A los ojos de nuestro amigo somos una guía, por lo que si estamos agitados, automáticamente pensará que algo no va bien;

  • Hagamos agradable el transporte: ya hemos hablado del transporte del perro y del gato y de cómo hacer más agradable la idea de entrar en el transportín o en el coche. En resumen, deberíamos intentar favorecer la asociación del viaje en coche con un acontecimiento agradable, como un buen paseo en compañía. En cuanto al transportín, lo ideal es no utilizarlo solo para los desplazamientos, sino dejarlo siempre a disposición de nuestro amigo también en casa, quizá como cama alternativa;

  • Acostumbrémoslo a dejarse manipular: conviene empezar desde que son cachorros, acariciándolos delicadamente incluso en las zonas más difíciles de tocar, como el hocico, las orejas, los ojos, la barriga y las almohadillas. El placer de las caricias, unido quizá a algún bocado apetitoso, ayudará a nuestro amigo a ser menos desconfiado también ante el contacto de un extraño, como el veterinario. Además, este consejo puede resultarnos útil en caso de tratamientos que debamos administrar nosotros mismos o para las operaciones habituales de limpieza de las orejas o los dientes;

  • Pasemos a menudo por delante de la clínica veterinaria: cuando vayamos en coche o de paseo con nuestro perro, intentemos recorrer también el trayecto que conduce al veterinario, sin detenernos. De este modo no se alarmará inmediatamente cada vez que vea el camino. También podemos entrar en la sala de espera durante unos minutos, premiándolo o pidiendo al veterinario que lo salude amablemente y quizá le dé algún bocado, para después continuar nuestro paseo;cane paura veterinario

  • Permanezcamos a su lado el mayor tiempo posible: salvo que se trate de una intervención quirúrgica, evitemos dejar solo al perro o al gato en la sala de consulta. Nuestra presencia será reconfortante para nuestro amigo;

  • Démosle algún bocado mientras esperamos: los gatos difícilmente aceptan comida cuando están asustados, pero para los perros el apetito suele representar una excelente distracción. Utilicemos premios y caricias para evitar que siga pensando continuamente en lo que le espera;

  • Si no soporta la compañía de otros animales, salgamos de la sala de espera: la presencia de otros perros o gatos en la clínica, sobre todo si nuestro amigo no es especialmente sociable, puede aumentar los niveles de ansiedad y estrés. Para evitar este problema, pidamos al veterinario o a las personas presentes que nos avisen cuando llegue nuestro turno y esperemos fuera o en el coche;

  • Utilicemos feromonas sintéticas: hemos hablado de esta excelente solución en un artículo específico. Tanto para perros como para gatos existen en el mercado collares y sprays especialmente útiles para aliviar la tensión, sin recurrir a ningún medicamento. Podemos pedir consejo al veterinario sobre qué producto es más adecuado para nuestra situación;

  • Programemos una visita a domicilio: en los casos más extremos puede ser necesario recurrir a una visita a domicilio, por lo que podemos preguntar a nuestro veterinario si estaría dispuesto a hacerlo;

  • Pidamos al veterinario que administre un sedante: si los niveles de estrés se vuelven demasiado elevados, hasta desembocar en pánico, el veterinario podría verse obligado a administrar un sedante;

  • Recurramos a los remedios naturales: las Flores de Bach pueden representar una ayuda válida en situaciones de emergencia. Para saber cuál elegir, lean el artículo dedicado a este remedio natural.

Si ni siquiera con estos útiles consejos han conseguido calmar a su amigo de cuatro patas, quizá sea el momento de hablar con un veterinario especialista en comportamiento.