A algunos de nosotros probablemente se nos escape una risa al observar a Fido dando vueltas frenéticamente sobre sí mismo, en el desesperado intento de atrapar su propia cola. Sin embargo, este comportamiento, bastante frecuente sobre todo en los cachorros, si persiste también en la edad adulta y tiende a manifestarse con cierta frecuencia, puede ser síntoma de un problema de conducta llamado «trastorno compulsivo».
Los trastornos compulsivos
Hemos dedicado un artículo entero a este problema, explicando en qué consiste exactamente y de qué formas puede aparecer. No obstante, intentemos resumir la información más importante, aplicándola específicamente a la situación del perro que persigue su cola.
Los trastornos compulsivos no son otra cosa que el equivalente animal de los trastornos obsesivo-compulsivos humanos. En esencia, hablamos de animales que manifiestan ciertas conductas particulares incluso muchas veces a lo largo del día, sobre todo cuando se sienten aburridos, estresados o asustados. 
Entre los ejemplos clásicos encontramos al perro o al gato que lame el suelo o los cristales, ingiere objetos, ataca una parte de su propio cuerpo —como la cola o una pata— o persigue los reflejos de luz. Muchas de estas conductas, en realidad, también pueden considerarse normales a primera vista. El factor que nos permite hablar de trastorno compulsivo está relacionado precisamente con el hecho de que el animal pone en práctica estos comportamientos de forma repetida y urgente. En pocas palabras, si se le mete en la cabeza morderse la cola, nadie podrá impedírselo en ese momento.
Estas conductas se definen como «compulsivas» precisamente porque el animal siente la necesidad de alejar su malestar interno —aburrimiento, estrés, frustración, miedo, ansiedad— trasladándolo a una acción imperiosa, que representa su válvula de escape.
En el ser humano, en cambio, se habla de trastornos obsesivo-compulsivos porque la acción surge de un pensamiento fijo, constante, casi maniático, que genera la necesidad de poner en práctica la conducta compulsiva. Por ejemplo, un hombre que se siente «sucio», debido a diversos malestares o traumas psicológicos, estará obsesionado con la idea de que todo está cubierto de bacterias —pensamiento obsesivo— y, por tanto, intentará lavarse las manos todo lo posible —conducta compulsiva.
En el perro y el gato no podemos saber si existen pensamientos obsesivos, precisamente porque todavía no somos capaces de entender en qué piensan, por lo que de momento nos limitamos a hablar únicamente de la conducta compulsiva.
Cómo saber si se trata de un problema de conducta
La primera medida que debemos considerar, sin duda, es acudir a nuestro veterinario, quien podrá analizar la situación para entender cuáles pueden ser las causas del problema. Naturalmente, en estos casos será importante proporcionar al veterinario toda la información que pueda ayudarle a alcanzar un diagnóstico más fundamentado, así que no nos queda más remedio que observar a nuestro perro a lo largo del día.
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¿Cuándo aparece la conducta compulsiva? ¿Por la mañana, por la tarde, por la noche, siempre?
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¿Hay ocasiones concretas después de las cuales persigue su cola? Por ejemplo, ¿cuando un miembro de la familia sale de casa o cuando oye ruidos procedentes del exterior?
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¿Cómo reaccionamos nosotros cuando el perro persigue su cola? ¿Nos reímos, lo acariciamos, lo cogemos en brazos, lo regañamos, lo ignoramos?
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¿Ha habido cambios en la familia o en casa durante el último periodo?
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¿Ha tenido el perro problemas de salud recientemente?
Todas estas preguntas pueden aportar piezas fundamentales para obtener el cuadro completo de la situación. Algunas incluso pueden pareceros insólitas, pero nada debe darse por sentado. Por ejemplo, el veterinario querrá saber cómo os comportáis cuando el perro persigue su cola porque podría no tratarse de un trastorno compulsivo, sino de una simple petición de atención. Si cuando lo hace lo acariciáis o os reís, se sentirá en el centro de la atención —algo muy agradable para él— y continuará haciéndolo cada vez que se sienta desatendido.
Al mismo tiempo, si tiene una dermatitis que le provoca un fuerte picor en la base de la cola, hará todo lo posible por rascarse, girando sobre sí mismo hasta encontrar la manera de hacerlo. Por tanto, tampoco en este caso se trataría de un problema de conducta, sino de salud.
Qué hacer para evitar que persiga su cola
Una vez que el veterinario haya conseguido identificar la causa del problema, podrá proporcionaros una serie de indicaciones para interrumpir el mecanismo que origina el trastorno de conducta. Esto significa que será necesario investigar a fondo para entender cuál es la fuente de estrés, aburrimiento, ansiedad o miedo que genera la conducta compulsiva en el perro.
No es una tarea sencilla, así que dejad de lado el bricolaje y confiad en un buen especialista en el sector. Desconfiad también de algunos educadores o veterinarios que no poseen las competencias necesarias para afrontar un problema de conducta.
También debéis tener en cuenta que este tipo de trastornos tiende a empeorar con el paso del tiempo si no se interviene de la manera adecuada. Por eso, evitad ignorar el problema, ya que podría volverse cada vez más frecuente o podríais acabar enfrentándoos a muchas más conductas compulsivas adicionales, que se sumarían a la original.
El principio en el que se basa la «terapia» para los trastornos compulsivos contempla, ante todo, alejar la fuente del malestar, siempre que sea posible. En este caso será el veterinario quien determine la causa del problema y os aconseje una manera adecuada de atenuarla o eliminarla.
Al mismo tiempo, es muy importante que el perro interrumpa la conducta de la manera correcta. Regañarlo o cogerlo en brazos mientras se muerde la cola no es en absoluto una buena solución, sino todo lo contrario. En el primer caso aumentaríamos su malestar psicológico, desencadenando un deseo aún más fuerte de perseguir su cola. En el segundo, se sentiría premiado por lo que ha hecho, sin conseguir, sin embargo, apartar de su mente la necesidad de repetirlo.
Por tanto, el único consejo útil que se debe seguir es conseguir que la mente del perro se concentre en actividades positivas, que le permitan, en pocas palabras, emplear el tiempo de forma productiva. Estos son los métodos más eficaces:
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Comprar un juego de activación mental o de inteligencia, como los tableros interactivos, los rompecabezas y también los numerosos juegos caseros que podréis consultar en el artículo específico. El objetivo de estas actividades es permitir que el perro se concentre para localizar el premio escondido dentro del juguete, obteniendo una recompensa en forma de comida y satisfacción personal;
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Utilizar órdenes —como «pata» o «tumbado»— para conseguir que se concentre en nosotros y en el premio que recibirá al final del ejercicio;
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Inscribirse en un curso de agility, para enseñar al perro a canalizar su energía en un deporte muy gratificante desde el punto de vista de la autoestima;
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Salir más a menudo juntos al aire libre, dejando que el perro corra libremente por el campo para liberar las tensiones acumuladas durante su permanencia en casa.
Todos estos consejos tienen en común precisamente la posibilidad de ayudar a Fido a no pensar demasiado en sus malestares. Recordemos, sin embargo, que el estrés, el aburrimiento y todos los demás problemas que están en la base de los trastornos de conducta nunca deben descuidarse, porque a largo plazo pueden perjudicar la salud de nuestro perro.

