Parvovirus: ¿por qué la vacuna no siempre funciona?

Parvovirus: ¿por qué la vacuna no siempre funciona?

En el último período están circulando numerosos artículos y curiosidades sobre una infección tan común como peligrosa: la parvovirosis. Lo que más sorprende es que sigan produciéndose casos incluso en perros vacunados regularmente. Las razones de esta “reaparición” parecen atribuirse sobre todo a la presencia de una nueva cepa del virus. Sin embargo, es necesario aclarar un poco este tema tan debatido. Intentemos comprenderlo mejor.

¿Qué es la parvovirosis?

La parvovirosis es una enfermedad infecciosa muy contagiosa, causada por un virus, concretamente el parvovirus (CPV-2), responsable de una grave gastroenteritis hemorrágica en cachorros de 1-3 meses de edad.

Una característica importante del parvovirus es que, a diferencia de la mayoría de los demás virus, no posee los genes necesarios para replicarse, por lo que debe utilizar necesariamente los del animal. No es casualidad, de hecho, que los cachorros sean los más afectados, ya que sus células se multiplican continuamente para garantizar el desarrollo del cuerpo y de los órganos. En particular, el corazón es muy activo desde este punto de vista, mientras que el intestino produce continuamente células “de recambio” incluso en los adultos.

Esta breve introducción sirve para comprender las distintas formas clínicas observables en perros de diferentes edades. En los cachorros, de hecho, la parvovirosis puede ser a menudo mortal, porque puede afectar al corazón durante las primeras 3-4 semanas de vida (aunque es bastante raro, dado que los cachorros tan pequeños casi siempre están protegidos por los anticuerpos maternos), pero sobre todo porque destruye una parte del intestino fundamental para regenerar nuevas células. De este modo, el daño no puede repararse y aparecen síntomas muy graves, como:

  • Diarrea, a menudo hemorrágica

  • Vómitos incontrolables

  • Anorexia

  • Postración

  • Fiebre

  • Anemia

En los adultos o en los cachorros protegidos por los anticuerpos maternos, en cambio, suelen predominar las formas asintomáticas, como máximo con diarrea leve y febrícula.

¿Existe realmente una nueva cepa?

parvovirus cane cpv 2Causó gran revuelo la noticia de la aparición de una epidemia de parvovirosis en Roma, publicada en 2012 por Repubblica (aquí el artículo completo). Se llevaron a consulta perros vacunados regularmente con diarrea, deshidratación y debilidad. Los análisis de laboratorio habían confirmado la presencia del parvovirus, en particular de una “nueva” cepa. Pero ¿era realmente tan nueva? Para responder, primero debemos conocer la historia de este virus. 

El parvovirus fue aislado por primera vez en los años setenta y posteriormente se propagó rápidamente por todo el mundo, afectando no solo a los cachorros, sino también a varios perros adultos. El nombre asignado a este virus es CPV-2 (parvovirus canino de tipo 2), para distinguirlo del CPV-1 (posteriormente rebautizado como CnMV o “virus diminuto del perro”), presente ya desde hacía varios años.

Con el paso del tiempo, como suele ocurrir, el CPV-2 sufrió varias mutaciones, que condujeron a la aparición de tres variantes o cepas:

  • CPV-2a: aislado a comienzos de los años ochenta, circula sobre todo en Bélgica y Europa del Este;

  • CPV-2b: aislado hacia mediados de los años ochenta, circula principalmente en el Reino Unido;

  • CPV-2c: es la cepa más reciente, aparecida solo en 2000 en perros del territorio de Bari, para después propagarse por todo el territorio italiano.

La presencia de estas variantes, sin duda más extendidas que la original, frente a la cual los perros conseguían desarrollar cierto grado de protección, condujo con el tiempo a la desaparición definitiva del CPV-2 original.

La cepa aislada en 2012 en Roma no era otra cosa que CPV-2c, por lo que la noticia en realidad no era tan extraordinaria, simplemente porque hablamos de una variante que circula en Italia desde 2000.

Entonces, ¿la vacuna no protege realmente?

vaccinoPara responder necesitamos añadir otras piezas a este rompecabezas. La mayoría de las vacunas que todavía se utilizan se prepara utilizando el CPV-2 original, aunque este haya desaparecido a todos los efectos. Las únicas dos empresas farmacéuticas que producen una vacuna que contiene la “nueva” cepa CPV-2b son Virbac y Fort Dodge. En cambio, todavía no existen vacunas preparadas con la cepa “barese” CPV-2c, la más extendida en Italia.

Aunque el CPV-2 original ya no circule, muchos veterinarios siguen administrando vacunas preparadas con esta cepa “antigua” simplemente porque las mutaciones producidas a lo largo de los años no han transformado por completo el virus, que sigue siendo bastante similar al inicial. Sin embargo, está claro que las diferencias entre el CPV-2 y sus tres variantes son sin duda mayores que las que puede haber entre el CPV-2b y el CPV-2c. Por este motivo, es más adecuada una vacuna preparada con CPV-2b (aunque no sea la más extendida en Italia) que la “clásica”.

¿Pero por qué el virus sigue circulando?

Las razones pueden ser muchas. Analicemos las principales:

  • Resistencia en el ambiente: el virus es extremadamente resistente, incluso al calor y a los detergentes habituales utilizados para limpiar los ambientes, mientras que es sensible a algunos desinfectantes, como la lejía. El problema es especialmente evidente en criaderos o perreras, que no por casualidad son los lugares más afectados por la parvovirosis, ya que a menudo las operaciones normales de limpieza no consiguen eliminar completamente el virus, que se esconde en las juntas entre las baldosas, protegido por pequeños restos de heces. Así, en cuanto se introducen cachorros o animales no vacunados, pueden infectarse;

  • Vacunas no perfectamente protectoras: acabamos de describir en detalle esta “limitación” de las vacunas, que no incluyen la cepa italiana CPV-2c. Por tanto, la protección conferida por las vacunas preparadas con CPV-2 o CPV-2b nunca será total, aunque CPV-2b sea sin duda la mejor, pero no la más utilizada;vaccino cucciolo cane

  • Administración incorrecta de las vacunas: este es un punto muy delicado, porque por desgracia todavía son muchos los veterinarios que no comprenden la importancia de seguir un protocolo de vacunación impecable frente a un virus tan crítico. La limitación de las vacunas en los cachorros, en general, está relacionada con la llamada “interferencia con los anticuerpos maternos”. Intentemos simplificar el concepto. En la leche materna están presentes muchos anticuerpos, producidos por el sistema inmunitario tras vacunaciones o infecciones. Su función es “recordar” a los enemigos con los que se han encontrado y circular por el organismo como centinelas, preparados para intervenir si regresan. Gracias a la lactancia, muchos de estos anticuerpos llegan al cachorro y lo protegen. El problema, sin embargo, es que no duran para siempre, sino que tienden a disminuir cada vez más a medida que pasan las semanas, por lo que después de 5-6 semanas del nacimiento, el cachorro puede quedar expuesto a los virus y bacterias que circulan en el ambiente. En este punto uno pensaría: “perfecto, entonces vacunemos al cachorro a las 5 semanas”. Por desgracia, no es tan sencillo, porque existe un período en el que los anticuerpos maternos son insuficientes para proteger al cachorro de las infecciones, pero aun así pueden “bloquear” el virus contenido en la vacuna, que pierde eficacia. Al mismo tiempo, si vacunáramos demasiado tarde, el cachorro podría contraer el virus que circula en el ambiente. Este intervalo se denomina “brecha inmunológica” y se sitúa aproximadamente entre la 5.ª y la 8.ª semana de edad del cachorro. Por tanto, en principio se debería poder vacunar alrededor de la 8.ª semana. Sin embargo, el intervalo no es fijo, sino que depende de varios factores, por ejemplo, de cuánta leche haya tomado el cachorro y de cuántos anticuerpos estuvieran presentes en la leche materna. Por ello, algunos cachorros podrían estar preparados para la vacunación antes de la 8.ª semana y otros más tarde. El veterinario, que conoce perfectamente este problema, puede realizar al mes de edad un sencillo examen, la titulación de los anticuerpos maternos, que proporciona una idea de dónde situar la “brecha inmunológica”, previendo cuándo estará preparado el cachorro para la vacunación.

A la luz de toda esta información, podemos comprender cómo la “nueva” cepa no es en realidad una amenaza reciente, sino probablemente solo el resultado de una información y una gestión deficientes de un problema como la parvovirosis.