Admitámoslo. Incluso quienes no aceptan en absoluto la idea de comprar un animal de raza se quedan fascinados ante un gato de pelo largo. Ya sea un persa, un “moderado” gato de los bosques de Noruega o un Turkish Van, nadie puede poner en duda su belleza. Pero ¿cuánto puede costar a los propietarios, en términos económicos y de esfuerzo, un pelo tan perfecto y cuidado? Estos son nuestros consejos.
Que los gatos de pelo largo o semilargo necesiten más cuidados es un hecho. Compare, por ejemplo, el pelo de estos felinos con el de un gato europeo. Sin duda, este último no necesitará cepillados frecuentes ni lavados, porque es perfectamente capaz de hacerlo todo por sí solo.
Para el gato persa, en cambio, al igual que para sus otros “primos” de pelo largo, la situación es mucho más compleja. El manto es bastante denso y en algunos casos también suave y lanoso. Este aspecto, unido a la longitud del pelo, puede representar inevitablemente un obstáculo en las operaciones normales de aseo a las que todos los gatos se dedican durante el día.
Los propietarios de estos gatos seguramente habrán presenciado los intentos infructuosos de su amigo por lavarse el pelo de la espalda o del vientre. Lo que ocurre en la mayoría de los casos es que el pelo más largo bajo el cuello le impide alcanzar las demás partes del cuerpo, por lo que el animal tenderá a lavarse solo esa zona.
La consecuencia, además de la acumulación de suciedad e impurezas en el manto y la piel, está relacionada sobre todo con la formación de nudos, que en algunos casos pueden afectar como máximo al aspecto estético, pero en otros pueden causar molestias y dolor al gato. No es raro, de hecho, oír hablar de propietarios que se ven obligados a esquilar a sus animales, porque los nudos llegan a ser tan problemáticos que impiden al gato incluso caminar o comer, tirando de la piel en varios puntos.
¿Pero por qué ocurre esto? Sin duda no solo por una predisposición debida a la longitud del pelo. El factor más importante para garantizar un manto perfecto es precisamente el aseo por parte del propietario. Quien decide comprar o adoptar uno de estos maravillosos felinos deberá ser consciente de que necesitan cuidados constantes, sobre todo durante los periodos de muda.
Sin embargo, muchos propietarios tienden a descuidar este aspecto, por lo que cepillan al gato solo de vez en cuando. Además, otro problema típico que puede presentarse con los felinos es la agresividad o el rechazo del cepillo. En cuanto os acercáis con este extraño utensilio en la mano, el gato huye o se rebela con las garras. En estos casos, la situación empeora aún más.
Estos son algunos consejos para un aseo correcto de los gatos de pelo largo.
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Acostumbradlos desde los primeros meses de vida: un gato adulto que no conoce el cepillo difícilmente aceptará que lo uséis con él. Por eso, si acabáis de adoptar un gato, empezad a cepillarlo todos los días, enriqueciendo el momento del aseo con muchos estímulos positivos, como premios, juegos o caricias;
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Elegid un cepillo adecuado: en el mercado hay muchísimos tipos de cepillos y peines. Los más indicados para los gatos de pelo largo son sobre todo los peines metálicos con dientes no demasiado juntos o las cardas, muy útiles para el pelo más suave y lanoso;
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Comprad toallitas higienizantes: buscad en los estantes de cualquier tienda de animales y elegid las toallitas más adecuadas para vuestro gato entre una amplia variedad. Por ejemplo, son excelentes las higienizantes, desodorantes, desengrasantes e incluso con antiparasitarios naturales. Lo importante es que el gato las acepte; de lo contrario, podéis elegir unas sin perfume;

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Utilizad un producto específico para el aseo: pedid consejo al vendedor o al peluquero de confianza. Existen muchos productos que pueden ayudar a desenredar los pequeños nudos y facilitar el cepillado. Podéis utilizarlos como un acondicionador después del baño o en seco en cualquier momento;
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Proveeros de unas tijeras: si ya habéis localizado nudos bastante importantes y todos los demás métodos han fallado, no queda más remedio que cortarlos. Elegid unas tijeras de punta redondeada, pero que corten bien. Evitad manipular los nudos si están demasiado cerca de la piel y limitaos a cortar los más superficiales;
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Colocad juguetes que estimulen al gato a rascarse: podéis usar un simple cepillo para limpiar radiadores, fijándolo a la parte inferior de una silla vieja para crear un puente central por el que el gato pueda pasar, rascándose contra las cerdas;
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A grandes males, grandes remedios: si ya es demasiado tarde y vuestro gato está lleno de nudos, no queda más que llevarlo al peluquero de confianza. En algunos casos puede ser necesaria una sedación mínima por parte del veterinario, pero desconfiad absolutamente de los “profesionales” que os aconsejen anestesiar al gato sin una opinión médica.
Recordad siempre que la constancia es la primera solución para mantener el pelo del gato siempre bonito y limpio. Por eso, armaos de paciencia y empezad a cepillarlo todos los días.

