La leptospirosis en el perro: qué es y cómo se previene

La leptospirosis en el perro: qué es y cómo se previene

Una de las enfermedades infecciosas más conocidas del perro, pero también una de las más peligrosas, es la leptospirosis. En realidad no es una enfermedad que afecte solo a los perros, porque también puede afectarnos a los seres humanos, pero los perros, por sus hábitos, están más expuestos al contagio.

Afortunadamente existen vacunas contra esta enfermedad y, de hecho, la leptospirosis forma parte de las llamadas “vacunaciones obligatorias” para el perro, que se administran sistemáticamente a todos los cachorros.

Para algunos perros, sin embargo, esto no es suficiente y se requieren refuerzos anuales. Pero veamos con más detalle qué es la leptospirosis y cómo se transmite.

Qué es

La leptospirosis es una enfermedad causada por bacterias del género Leptospira, aunque puede haber muchas especies. Se trata de microorganismos con una forma un tanto particular: son alargados, tienen forma de “signo de interrogación” (?) y viven principalmente en el agua.

Cuando digo que viven en el agua, no penséis que solo se encuentran en algún lugar remoto del mundo entre residuos radiactivos. Italia está llena de leptospiras.

Ríos como el Tíber, el Arno o el Po están literalmente plagados de leptospiras. No nos bañamos en ellos porque son ríos muy sucios, pero si entráramos aunque solo fuera con los pies en el agua en Florencia o en Roma y tuviéramos un pequeño corte debajo del pulgar, tendríamos muchas posibilidades de contraer leptospirosis.

Estas bacterias pueden adquirirse mediante el contacto directo con la sangre, por lo que los pequeños cortes o abrasiones en la piel son una excelente vía de entrada.

Pero difícilmente nuestro perro entra en el Arno y, de hecho, el río no es el problema: lo son las ratas.

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Estos animales viven en todas partes, en la ciudad y en el campo. Y la leptospirosis, a ellos (que no tienen reparos en beber agua de los ríos), no les causa absolutamente nada: se instala en sus riñones sin causar problemas, por lo que las ratas la dejan prácticamente en todas partes con la orina.

La situación típica es la siguiente: la rata recorre las calles de la ciudad, saliendo de las alcantarillas, en una noche de lluvia. Deja también pequeñas gotas de orina en la calle y las leptospiras sobreviven en los charcos; al día siguiente damos un paseo con el perro, que tiene un pequeño corte en la almohadilla, del que no nos hemos dado cuenta. Sin querer, mete la pata en el agua.

Y ahí llega la leptospira.

Los perros de caza o truferos, que pasan mucho tiempo en el bosque, están aún más expuestos porque hay muchas ratas y el agua tiende a estancarse. Además, el terreno accidentado favorece la aparición de pequeñas heridas.

Qué provoca

En un perro no vacunado, esta enfermedad puede ser mortal.

Los órganos que afecta son los riñones y el hígado, según la especie de leptospira contraída, y las consecuencias pueden ser gravísimas (muerte en un par de días sin ninguna posibilidad de tratamiento), graves (fiebre muy alta, pérdidas de sangre, dificultad respiratoria, deshidratación) o más leves, aunque también pueden causar daños irreversibles en los riñones.

En estos casos, para intentar salvar al perro debemos correr al veterinario y asegurarnos de que el tratamiento antibiótico, además del tratamiento de apoyo (rehidratación, estimulantes renales), se administre lo antes posible.

Cómo se previene

En lo que respecta a la leptospirosis, lo más importante es sin duda la prevención, porque los tratamientos son poco eficaces; no porque sea una enfermedad incurable (se conoce desde hace siglos), sino por la rapidez con la que las bacterias dañan el organismo de nuestro perro y sus órganos, especialmente los vitales.

La vacunación debe administrarse obligatoriamente durante los primeros meses de vida, y después pueden aplicarse refuerzos. Estos dependen de la zona donde se vive y de los hábitos del perro: si vivimos en el campo y quizá el perro es de caza, conviene repetir cada año la vacunación.

Si vivimos en la ciudad, será el veterinario quien nos aconseje cómo debemos actuar, según lo extendida que esté la enfermedad en nuestra zona y, por supuesto, según los hábitos de nuestro perro.

La vacuna no es un medicamento, sino una forma de prevención, por eso debe administrarse antes de que aparezca la enfermedad. En la práctica, se inyecta en la sangre del perro una leptospira muerta, para que no pueda causar ningún tipo de daño.

Sin embargo, al ver un intruso, el sistema inmunitario lo combatirá y “preparará las armas” por si ese intruso vuelve. Así, si nuestro perro contrajera leptospirosis, el organismo ya sabría cómo combatirla y, salvo dos días de malestar, no tendría ninguna consecuencia. Ni siquiera necesitaría al veterinario.

Los refuerzos, más o menos frecuentes, sirven para decirle al organismo “recuerda esta bacteria, que es peligrosa”, para que el sistema inmunitario no se “olvide” de ella, ya que podría entrar en el organismo incluso diez años después de la primera vacuna.

Como propietarios, no subestiméis la leptospirosis. Administrad siempre las primeras vacunas y los refuerzos según el consejo del veterinario: no los olvidéis, tampoco a largo plazo, porque no proteger a nuestro perro podría resultar muy peligroso.