Las alergias en perros y gatos: ¿qué son y cómo prevenirlas?

Las alergias en perros y gatos: ¿qué son y cómo prevenirlas?

Al igual que nosotros, los seres humanos, nuestros amigos de cuatro patas pueden desarrollar alergias a lo largo de su vida. Pero ¿cómo funcionan exactamente estas patologías y cómo es posible evitarlas?

Qué son

Las alergias son reacciones exageradas de nuestro organismo contra productos normalmente presentes en el entorno que no son absolutamente perjudiciales.

El organismo, por predisposición genética o por una exposición excesiva a estas sustancias, empieza a creer que son dañinas aunque no lo sean en absoluto. Alimentos comunes como el pollo o la leche, así como sustancias normalmente presentes en el aire, como los ácaros o el polen de las plantas, estimulan, cuando entran en contacto con el organismo de un animal alérgico, una reacción similar a la que se produciría si hubiera algo mucho más peligroso. Una reacción completamente injustificada.

Así, la sustancia entra en contacto con el cuerpo por vía cutánea, respiratoria o digestiva, y este reacciona liberando una sustancia llamada histamina: la histamina, a su vez, estimula una reacción que provoca una gran dilatación de los vasos sanguíneos, que llevan sangre y células defensivas al punto donde se produjo el contacto. El cuerpo, en la práctica, se prepara para una guerra. Una guerra contra nadie.

Esta fuerte inflamación puede provocar la aparición de síntomas que varían según la parte afectada. Una exposición cutánea puede causar picor y enrojecimiento de la piel, y en algunos casos también dolor. El contacto a través del aparato digestivo entre el cuerpo y un alimento ingerido causa irritación del aparato, que puede manifestarse mediante síntomas como vómitos y diarrea.

Sin embargo, el aparato que presenta las reacciones más graves es el respiratorio, porque generalmente la reacción se produce en la laringe, la “garganta”. Aquí se irritan las paredes, que en algunos casos provocan simplemente tos y estornudos, mientras que en los casos más graves pueden hincharse tanto que obstaculizan el paso del aire entre la boca y los pulmones, llegando incluso a causar asfixia.

Una de las consecuencias más graves de esta situación es el shock anafiláctico: se produce cuando el contacto con el alérgeno es tan intenso (generalmente si ha sido ingerido) que se atrae muchísima sangre al lugar donde se produce la reacción.

Si la sangre se concentra toda en ese punto, no quedará suficiente para que funcionen órganos vitales como los pulmones, el corazón o el cerebro, y si no se actúa rápidamente esta situación puede provocar la muerte en muy poco tiempo.

Cómo tratar y prevenir las alergias

Por desgracia, actualmente no existe una cura propiamente dicha para las alergias.

Sin embargo, existen medicamentos que calman la reacción alérgica: son los antihistamínicos, fármacos que contrarrestan la acción de la sustancia que inicia toda la reacción, la histamina de la que hemos hablado antes.

Si sabemos que nuestro perro o gato es alérgico a algo, debemos tener siempre estos medicamentos a mano y administrárselos nosotros mismos si se produce una reacción, porque el tiempo necesario para acudir a un veterinario podría ser excesivo. Por supuesto, es el veterinario quien debe recetar estos medicamentos.

Si, en cambio, no sabemos si el perro o el gato es alérgico a algo, observemos si presenta síntomas particulares como diarrea persistente, enrojecimientos cutáneos y alguna dificultad respiratoria, no continua, sino que “explota” en determinados momentos concretos.

Con los consejos del veterinario, tendremos que intentar comprender qué provoca la alergia y procurar alejar al animal o evitar por completo el contacto.

En el caso de los alimentos, eliminemos uno a uno, alternativamente, todos los alimentos que come y observemos cuándo se calma la diarrea. Si, por ejemplo, durante una semana no le damos pollo y el animal se encuentra bien, podría ser alérgico precisamente al pollo.

Para las reacciones cutáneas debemos prestar atención a los hábitos del perro y a aquello con lo que entra en contacto, incluidas las plantas. Si las reacciones aparecen en la parte superior de la espalda, el alérgeno será algo situado por encima del perro; si aparecen bajo el vientre, podría tratarse de una hierba concreta; si afectan únicamente a las patas, será algo que se encuentra en el suelo: razonemos en este sentido para intentar comprender cuál es el alérgeno y, cuando lo hayamos identificado, evitemos el contacto.

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Por último, en cuanto a las reacciones respiratorias, debemos prestar atención a todo aquello que pueda estar en el aire: polen (la alergia aparecerá según la estación), heno (aparecerá cuando el animal entre en el pajar, si lo tenemos) o pelo de algún animal (de gato, por ejemplo, si se trata de un perro). Evidentemente, debemos evitar en la medida de lo posible que el animal se exponga al alérgeno.

De hecho, las alergias no pueden curarse, pero sí pueden prevenirse las reacciones alérgicas: hace falta paciencia y atención, pero podemos garantizar a nuestro perro o gato una vida prácticamente normal.